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Principios latentes en la piedra

In Geometrías ocultas on 28 marzo, 2014 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez

Platón fue remiso a transmitir algunos de los conocimientos que obtuvo en Crotona, junto a Pitágoras y los pitagóricos, y que el buen observador podrá deducir de un análisis detallado y paciente de las estructuras de los templos de iniciación.

«Si se encuentra alguien para escribir un libro en que pretenda exponer mi doctrina sobre los puntos que más afectan a mi corazón y que crea haberlos aprendido de mí o de algún otro, o haber llegado a ellos por mí mismo, sabed que tal hombre no comprende nada del asunto. Porque no existe ningún escrito mío que trate de estos puntos y no existirá jamás. Porque este conocimiento no es susceptible de transmitirse como una serie de teoremas. Sólo después de largas meditaciones y de una íntima familiaridad con su objeto, es cuando brota la llama, como el incendio que produce el relámpago…, y su luz continúa sin que ya necesite de alimento exterior»

Muchos hechos están gobernados por pocas leyes. Este pequeño grupo de leyes estaría regido, a su vez, por siete principios o causas primeras de los hechos cotidianos. El mecanismo del universo, por tanto, funciona como una tríada formada por principios, leyes y hechos; cuyo símbolo es un triángulo equilátero femenino, cuyo vértice superior son los principios y, los vértices del lado de la base, las leyes y los hechos. Platón advertía de la simpleza de esta Verdad.

«El que ha captado una vez esta enseñanza, no corre peligro de olvidarla. Por lo demás, se trata de algunas fórmulas muy breves… Sólo unos pocos hombres las conocen»

Principio de mentalismo

Conservado en una máxima que actúa como regla mnemotécnica. Es muy conocida, aunque muy pocos escogidos conocen el modo como aplicarla a sus quehaceres cotidianos y, sobre todo, al trabajo interior. 

Todo es mente, el universo es mental

El mundo es una fantasía creada por nuestra mente. Sólo las ideas son reales. Los seres y objetos que nos rodean son meras entelequias, fantasmas que nuestra mente crea y mueve, meras apariencias… La Física, consciente de este hecho, ha desarrollado una teoría para conocer el estado de un sistema en su estado instantáneo, o cuántico; es decir, en el instante en que permanece quieto. De este modo, se podrá codificar la distribución de probabilidad de todas las propiedades medibles, u observables de la misma. Sin embargo, David Joseph Bohm, profesor de física teórica en la Birbeck College de Londres, creía que existen variables ocultas que no nos son accesibles. 

«Existen planos de realidad a los que únicamente podemos acceder mediante estados místicos, de éxtasis o estados modificados de conciencia»

El Templo no se habita, se vive; no se percibe, se siente en lo más profundo de nuestro ser. Como lugar de meditación, de recogimiento y trascendencia emocional, es el único medio de que dispone el ser humano inquieto para constatar con esta realidad interior, llegar a su verdadera esencia y avanzar en su reconocimiento. Muchos de los ritos y ceremonias que se desarrollan dentro del recinto van encaminadas a este despertar de las fuerzas y sentidos interiores. Nosotros lo llamamos iniciación pero es mucho más que ese drama psicológico, más que un mero cambio de nuestros puntos de vista.

Principio de vibración, de movimiento

El movimiento explicaría las diferencias entre lo que denominamos materia (como soporte inanimado), energía (fuerza o voluntad que impulsa el movimiento) o espíritu (resultado de la aplicación de la fuerza sobre la materia, el rastro del suceso, acción, fenómeno). De ahí que el principio rece así:

Nada está quieto, todo se mueve, todo vibra

Si todo es mental (por el principio anterior) y, además, son el producto de movimientos a niveles moleculares, el mundo es ahora más fantasía que nunca, al ser fenomenológico. 

La Creación se produjo mediante el Verbo, según el Génesis, pero, ¿cómo? La voz, la palabra, es la materialización inmediata y explosiva de un pensamiento-idea. Es inmediata porque los mecanismos mentales están acostumbrados a esta “traducción simultánea”, y es explosiva porque irrumpe en el aire como un choque y hace vibrar las partículas del mismo, en un simple cambio oscilatorio, que produce un torbellino que, después, el tímpano es capaz de recoger. Cuando la Voz divina irrumpió sobre la masa galáctica, plasma ionizado pre-gaseoso según los físicos, la nada informe del universo según los exégetas, produjo un cambio de presión, o densidad, tan increíble que hizo brotar de ella los planetas. Dios sólo tuvo que poner orden en el caos posterior, establecer el principio del orden mediante geometría. 

Todo conocimiento tiene un lado esotérico, oculto, que se rescata cuando los fieles reunidos rezan en alto, entonan cantos de una sonoridad increíble capaces de vibrar los cimientos del edificio, cuando el órgano entona los primeros compases y resuenan en la oquedad de un espacio destinado a potenciarlos, cuando el coro de voces angelicales entona el “Mea culpa” o alaba al altísimo con esos agudos tan altos que llegan hasta la superficie cóncava de la cúpula iluminada por el resplandor divino y vuelven numinosos a violentar nuestras almas. Transmitido por la voz, la energía vibratoria inunda todo el espacio del Templo y le llega a los fieles como un campo de fuerza que interpreta como el Verbo divino que recrea nuestro interior.

La sonoridad, el eco de sus muros, el sonido envolvente que se funde en la penumbra creadora de un espacio que no dominamos…; no necesitamos más pruebas que demuestren este principio.

Y, puesto que todo está en permanente cambio, en un devenir, el Templo es el recinto donde los cambios pueden y deben ser para mejorar el interior del ser humano. 

«Los verdaderamente sabios, conociendo la naturaleza del universo, usan la ley contra las leyes; lo superior contra lo inferior; y por el arte de la alquimia transmutan lo que es indeseable en lo que es apreciable, y así triunfan. La maestría no consiste en sueños anormales, visiones, e imaginaciones o vivencias fantásticas, sino en usar las fuerzas superiores contra las inferiores, escapando a los sufrimientos de los planos inferiores vibrando en los superiores. La transmutación, no la negación presuntuosa, es el arma del maestro.» El Kybalion

Principio de correspondencia

Es el más conocido y, quizás, el peor comprendido. Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba, todo está en todo

Que implicaría una correspondencia entre los diferentes planos de manifestación: Físico, mental y espiritual. Tres grados ascendentes que, partiendo del microcosmos, representado por el ser humano, acaba en el macrocosmos, el universo cósmico de los fenómenos elevados al que tiende.

En el Templo, estos tres planos están perfectamente delimitados: En el Nártex o vestíbulo, se realiza la preparación física y psicológica del neófito; y desde él, se baja a la cripta, donde se representará el drama de la muerte física. Los diferentes tramos de las naves del templo medieval, el Hekhal hebreo o la sala Hipóstila egipcia, lugar para el adiestramiento mental del iniciado. Los diferentes grados en la maestría se representaría obligando al candidato a permanecer en determinadas zonas, iniciales o finales, de este tránsito. Finalmente, el plano espiritual se localiza en el crucero o en el sagrario, como sanctasantórum. La muerte espiritual para resucitar en estado de gracia, se representará en la linterna, a la que hay que subir para acceder a la misma. Por tanto, el Templo está perfectamente equipado para que en él se den hasta tres tipos de iniciaciones: Trascendencia del plano físico, que se realiza superando las limitaciones de los sentidos externos y asumiendo el principio de mentalidad. La iniciación mental, permite desarrollar los sentidos internos; de ahí que en muchas disciplinas iniciáticas, el iniciado permanezca todo el tiempo con los ojos tapados o en recintos a oscuras, a fin de apagar los sentidos externos y potenciar los internos. La última iniciación, o Iniciación Mayor, es la espiritual, o Piedra Filosofal, a la que se llega a través de muertes sugeridas, y trances emocionales.

Principio de Polaridad

Expresado del siguiente modo: 

Todo es dual, tiene dos polos Todo tiene su opuesto. Los extremos se tocan. Todas las verdades son semi-verdades. Todas las paradojas pueden reconsiderarse, puesto que son grados de una misma verdad

El calor y el frío son relativos, se reducen a una cuestión de grados. El arriba o el abajo, o la izquierda y la derecha, dependen del punto de vista. 

En el Templo, este principio de polaridad se agudiza con la simetría axial acusada que manifiestan. Todos los objetos son dobles, tienen su simétrico, el eje, el medio, es el plano donde el principio se anula y la “realidad” se evidencia. Pasar de la luz a la sombra, del izquierdo al derecho, del odio al amor, no es un acto de transmutación, un cambio en la esencia; bastará variar el grado, la posición o el punto de vista.

Por otro lado, la dualidad polar de los templos explicaría la existencia de dos corrientes de pensamiento: El lado izquierdo, la del conocimiento racional, representados por los cainitas; el lado derecho, para los abelitas, los del rezo y la misericordia divina. Ambos, unidos por el pacto de Salomón, representante de los abelitas, con Hiram Abitt, descendiente cainita, para construir la morada de Dios.

Los masones reclaman como parte de su historia legendaria, algunos sucesos míticos que sucedieron, según se cree, durante la construcción del templo de Salomón. El Templo de Salomón, en este sentido, se alzaría como una alianza de estas dos corrientes, el pacto firmado de una cooperación iniciada entonces tendente a la búsqueda de la Verdad y su transmisión a la Humanidad. Los templos medievales confirmaron esta intención de alianza y potenciaron esta cooperación con la corriente espiritual de entonces: El cristianismo; aunque conservando las vías esotéricas de conocimiento, en vista de la persecución que inició la Iglesia, reacia a cualquier pacto.

• Principio de compensación, o de ritmo

Todo fluye afuera y adentro; todo tiene sus mareas; todas las cosas se elevan y caen; la oscilación del péndulo se manifiesta en todo; la medida de la oscilación hacia la derecha es la medida de la oscilación hacia la izquierda; el ritmo compensa

Fluir y refluir, avanzar y retroceder, ascender y descender; a cada acción le sigue una reacción, a la vida le sucede la muerte, y viceversa. Sin embargo, los sabios descubrieron que el principio de compensación cumplía su mismo principio. Comprobaron la existencia de dos planos mentales: Uno, inferior, inconsciente, donde imperaba la ley de compensación; otro, superior o consciente, regido por la ley de neutralización. El péndulo rítmico no afectaba a la conciencia. 

El iniciado, ubicado en el lugar idóneo del Templo, es capaz de escapar de las oscilaciones del péndulo rítmico, al elevar su conciencia hasta los planos emocionales y espirituales. En ese estado de gracia y felicidad infinita, el espacio y el tiempo se condensan en la bruma angelical donde son posibles los fenómenos trascendentes y el Macrocosmos se manifiesta como una inundación interior que lo desborda.

Principio de Concepción

Si el Templo representa, como hemos dicho, una alianza entre dos corrientes de pensamiento, cainita y abelita, no deja de ser representativo la manera como se manifiesta el género en estos recintos sagrados.

El género está en todo; es el principio activo (masculino) y pasivo (femenino)

Los gnósticos, una corriente de pensamiento más próxima a los cainitas, pensaban que ciertos atributos, como Sabiduría, Silencio, Verdad, Pensamiento, Fe, Gracia, eran femeninos y Dios los posee desde antes de la Creación. El primer Adán era andrógino porque fue creado a imagen y semejanza del Creador. La costilla de la que derivó Eva simboliza el atributo femenino extraído de Adán. 

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Geometría de algunos números

In Especulación on 21 marzo, 2014 by alvarengomez

© álvaro Rendón Gómez

Porcuna Digital 2.11.2013

[Puede leerse también en: • http://www.porcunadigital.comhttp://www.montemayordigital.comhttp://www.montalban-digital.comhttp://www.baenadigital.comhttp://www.montilladigital.comhttp://www.doshermanasdiariodigital.com]

La Geometría, como los números, posee la capacidad de expresar toda la complejidad de los símbolos, de transcribir gráficamente su quintaesencia y valores abstractos. Sería difícil exteriorizarlos de otro modo.

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Su poder de abstracción de lo cotidiano, de despertar fuerzas ocultas e inexplicables, de evocar conocimientos esotéricos que ignoramos conocer por hallarse olvidados en el subconsciente de nuestro primer despertar, y, lo mejor, de decirlo bajo claves que lo convierten en algo inútil al profano, la hacen ser el vehículo idóneo de transmisión de ideas sempiternas.

«¿Acaso no sabéis que los geómetras utilizan las formas visibles y hablan de ellas, aunque no se trata de ellas sino de esas cosas de las que son un reflejo y estudian el cuadrado en sí y la diagonal en sí, y no la imagen de ellos que dibujan? Y así sucesivamente en todos los casos. Lo que realmente buscan es poder vislumbrar esas realidades que sólo pueden ser contempladas por la mente».

Platón, La República, VII

El número, como explicación cuantitativa del concepto abstracto de medida y longitud que transmite la Geometría, permite ahondar en conceptos que, por su amplitud y profundidad, nos despistaría. Así el triángulo equilátero, como figura regular de menor número de lados, es indeformable; cuando se une a otros muchos triángulos teje una red triangular que llamamos “isométrica”; además de estructuras sólidas y estables.

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También puede crecer numéricamente; al igual que las demás figuras geométricas, originando números poligonales [ilustración XX]. El menor de todos los presentes es el número triangular, que adopta la forma:

1, 3, 6, 10, 15… [n · (n - 1)/2]

Si se suman los cuatro primeros números de la serie natural, la suma será 10, que es el número de Dios, pues lo integran el uno (1) y el cero (0). Dios es la Unidad primordial, la mónada primera, origen de todo el orden cósmico. Simbólicamente, es el punto de partida de todos los números, implícito como substrato a lo largo de toda la serie numérica, latente tras la aparente multiplicidad de los seres y las cosas:

1 + 1 = 2; 2 + 1 = 3; 3 + 1 = 4; … [(n + 1) = N]

Es decir, cada número natural resulta de sumarle la unidad al anterior; de tal modo, que todos son susceptibles de quedar reducidos a dicha unidad. El cero (0), en cambio, es la nada. En la suma de la Tetraktis pitagórica menor [1 + 2 + 3 + 4 = 10], el 10 es la decena y simboliza el número de la clausura, fin de ciclo: A partir de él, la posición de la nada, el cero (0), multiplica por diez el valor del número situado a su izquierda. La diferencia entre 01 y 10, está en la posición del cero.

El cero a la izquierda no da valor a la unidad; explica la procedencia de lo creado, representado por la unidad, por la mónada. Situado a la derecha, en cambio, el cero indica todos los números anteriores derivados de la misma unidad [(1), (1+1), (1+1+1), (1+1+1+1)…]; es decir, todo lo comprendido en la unidad (1). El cero (0) a la izquierda es el vacío del todo y, situado a la derecha, la Década o la suma de todo el ciclo, el Cosmos.

La suma de los siete primeros números es 28 [1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7 = 28], que corresponde al plano de la Creación y oculta al Creador en el que se siente reflejado; de ahí que se pueda acceder al conocimiento de la grandiosidad del Creador estudiando los seres y objetos de la creación. Desde un punto de vista cabalístico el 10 y el 28 significan lo mismo; puesto que,

[28 => 2 + 8 = 10]

Si 28 es la suma de los siete primeros números, el número 7 simboliza el reencuentro, en el plano de la Creación, de la Unidad inmutable que es origen y síntesis de aquella. Es, de igual modo, el número de la formación, invitándonos a distinguir entre la forma aparente de la creación y lo que representa, entre la apariencia formal y el significado que velan.

La suma de los ocho primeros números es la Tetraktis pitagórica mayor:

1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7 + 8 = 36

Sumados entre sí : 9

3 + 6 = 9

Reducidos esotéricamente (es decir, utilizando base 9; es decir, que a las sucesivas sumas se les va restando 9 hasta que ya no sea posible)

9 => 0

De este modo tan sencillo, podemos ir sumando los nueve primeros, e igualmente los diez. La primera suma daría 45, que sumados sus dígitos, curiosamente, sumará 9. Por la reducción esotérica (de base 9) el resultado finalmente sería 0 (cero). La segunda suma, 55, sumarán sus dígitos entre si, 10; que reducidos esotéricamente, el resultado es 1 (uno), la Mónada.

El lector podrá combinar todos los conceptos vertidos y curiosear por los números. Será una curiosa experiencia.

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Masonería y número

In Especulación on 21 marzo, 2014 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 7-12-2013

 

La Masonería es una institución iniciática. Lo fue en su primera etapa operativa y lo sigue siendo en su actual momento especulativo. Durante el trabajo de la Obra, en cada iniciación el masón recibe los conocimientos y herramientas necesarios para superar los retos y avatares de su naturaleza cambiante; ilustrando los diferentes cambios en su estado y viviendo lo oculto que se esconde en el interior de cada individuo.

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Este proceso de búsqueda evolutiva no culmina al alcanzar el grado de Maestro. En la atalaya que ese estado de gracia le permite, observa desde otra óptica el sendero que ha de seguir. Como ser imperfecto ha alcanzado un punto sin retorno, sabe utilizar con propiedad las herramientas del libre albedrío, conoce dónde está el bien y cuando se convierte en mal, y puede elegir entre la virtud y el vicio, entre avanzar o retroceder, entre mostrarse tal cual es o seguir con la máscara que disfraza su verdadero yo interno.

Cada masón pule su piedra bruta, su personalidad, mediante el estudio de los símbolos masónicos; en una disciplina hermética donde misterio y ritual son claves para acercarse a la verdad. Una verdad, por otro lado, vivencial y revelada a cada individuo durante la soledad introspectiva, al alcanzar el momento dramático y trascendente donde la cera que ciega los ojos de su interior, se funde y cae.

Durante la iniciación el neófito ve la luz al final del túnel, comprende la arista que ha de tallar, la forma final que adoptará la piedra; consciente de que la Perfección está en el oriente, de que la luz cegadora únicamente la posee el Gran Arquitecto del Universo (G.A.D.U.).

Números y conocimiento

El significado profundo del uno se reserva a estadios superiores del aprendizaje esotérico. Entraña tal trascedencia que su transmisión oral se reserva a los iniciados superiores, a los que han logrado desarrollar ciertas habilidades introspectivas. Para muchos masones, el uno es la letra “G”, y su amplia gama de significados.

En griego, gé significa engendradora, madre. Es la primera letra de Geometría, Generación, Genio, Gnosis, Gravitación o Gracia. Palabras, todas ellas, que recogen los símbolos más secretos de la Masonería, omnipresentes en el G.A.D.U.

Será a través del estudio de la Geometría, de las medidas de la naturaleza y de sus principios, como se manifiesta la creación. La Geometría actuaría, así, como el orden en que la Mater Genitrix, la Diva-Mater, equivalentes a Demeter (de-mater), genera y conserva la vida.

La dualidad

El dos es la suma de lo uno consigo mismo y encierra el germen de la Creación. Todo procede del Uno a través del Dos. No es su antítesis, su contrario dual. El dos tiene entidad propia, es uno y uno, en idénticos valores. Es Géminis, los Gemelos, las identidades que no se suman pero interactúan: Dios y el Verbo, durante la Creación del Universo. El Verbo es Dios, y la creación es la Tríada, creada mediante un acto de interacción introspectiva.

«Él formó del Tohu (vacío) algo e hizo de lo que no existía algo que sí existe. Talló grandes columnas del éter inaprehensible. Él reflexionó, y la Palabra (Memra) produjo todo objeto y todas las cosas por su Nombre uno». (Sepher Yetsiráh, IV, 5)

Tres ventanas

En el grado de Compañero, el aprendiz dispone de tres ventanas abiertas a oriente, occidente y mediodía; y su aprendizaje dependerá de sí mismo. La luz de la ventana de oriente representa el conocimiento metafísico, necesario para comprender y asimilar los principios y leyes que lo gobiernan, cuyo fundamento geométrico debe dominar.

La luz de la ventana de oriente simbolizaría a la ciencia adquirida por la experiencia y el conocimiento de lo externo de los seres y objetos de la Naturaleza. Finalmente, la luz de la ventana de mediodía, simbolizaría la luz que emana del interior imprescindible para diferenciar los conocimientos que entran por cualquiera de las dos ventanas anteriores.

Cuatro velos

Durante la primera iniciación, el neófito atraviesa cuatro velos disponiendo de tan sólo tres modos de conciencia: Conocer; Sentir; Obrar. El color del primer velo es azul, que exotéricamente es el color de la amistad. Esotéricamente es el color espiritual. Es el color de la verdad eterna, el símbolo de inmortalidad. En hebreo es “teklet” derivado de la raíz que significa “perfección”. El emblema es el águila, el que se desarrolló del escorpión del Egipto, uno de los signos fijos del zodíaco, un signo acuoso. La tribu de Israel que corresponde al primer velo es Dan, de la que Jacob dijo:

«Dan juzgará a su pueblo, como una de las tribus de Israel. Dan será una serpiente en el camino, una culebra en el sendero, que muerde el talón del caballo, de tal manera que su jinete se caerá de él». (Génesis 49: 16)

El color del segundo velo es púrpura, combinación de azul y rojo, y color de la realeza. En la antigüedad, la púrpura se reservaba para las vestiduras de los reyes. Durante el ritual del Arco Real se denomina el color de la unión1. El emblema es Acuarius y la tribu de Israel, Rubén, de quién Jacob dijo: «Tú eres mi hijo primogénito, mi autoridad y el inicio de mi fuerza, la excelencia de la dignidad y 1a excelencia del poder: “Inestable como el agua”, tú no te distinguirás». (Génesis 49: 3)

El color del tercer velo es escarlata, emblemático para las emociones. Hace referencia al cuerpo emocional o del deseo, el tercero en la escala ascendente de los cuatro cuerpos del hombre. La simbología se refiere tanto a lo mental como a lo emocional del ser humano. El emblema es el Toro2, y el signo astrológico Taurus. La tribu de Israel que le corresponde es la de Efraim, de la que Jacob dijo: «Mira, yo haré que seas fecundo y que te multipliques; haré de ti una asamblea de pueblos, y daré esta tierra a tu posteridad en propiedad eterna». (Génesis 48: 4)

El color del cuarto velo es blanco, símbolo de pureza e inocencia. El emblema es el león, uno de los signos fijos del zodíaco. Leo es un signo del sol; de modo que, en muchas representaciones, el sol se asemeja a un león con las melenas extendidas a alrededor de la circunferencia, como si fueran irradiadas.

La tribu de Israel que le corresponde es la de Judah, de quién Jacob dijo: «A ti, Judah, te alabarán tus hermanos, pondrás tu mano en la cerviz de tus enemigos, se inclinarán ante ti los hijos de tu padre. Como cachorro de león, Judah, te has levantado, hijo mío, de la presa. Se ha agachado, se ha agazapado como un león y como una leona, ¿quién lo hará levantar? No se retirará de Judah el cetro, ni la bengala de entre sus pies, hasta que venga Aquél cuyo es el mando y a quién deben obediencia los pueblos. A la vid ata su jumentillo y a la cepa el pollino de su asna; lava en vino su vestido y en sangre de uvas su manto».(Génesis 49: 18)

Cinco viajes

Antiguamente, cuando el aspirante a ingresar en la Hermandad era aceptado, se le asignaba un Maestro Instructor que le enseñaba las reglas del oficio, y los deberes y derechos que adquiría al convertirse en compañero de la Camaradería. A cambio, se comprometía a servirle por cierto número de años. Después, cuando se convertía en compañero y adquiría las habilidades del oficio, viajaba por diversas obras a fin de perfeccionar el arte. Cuando creía hallarse preparado para adquirir el grado de maestro, se sometía a un examen teórico-práctico que, generalmente, acababa en una iniciación.

Actualmente, la instrucción se realiza en la Cámara del Aprendiz para que todos los hermanos se percaten de sus progresos. Una vez superada la prueba de grado se le someterá a cinco viajes simbólicos; consistentes en un paseo que se inicia en el norte y continúa en el oeste, para acabar en el este.

Como ocurría en la antigüedad para probar al mysto, recién convertido en epopto o vidente, que está capacitado para seguir el resto de la instrucción por sus propios esfuerzos y bajo la guía de su propia luz Interior, en cada uno de esos puntos se le hará entrega de un instrumento. Así, el primer viaje, iniciado en occidente y acabado en el norte, el aprendiz lleva el mallete y el cincel, con los que ollar y pulir la piedra irregular.

En el segundo viaje, con la finalidad de que actúe en armonía y equilibrio, se le entrega la escuadra y el compás; imprescindibles para medir y trazar círculos. Durante el tercer viaje, se le muestran la regla de 24 pulgadas y la palanca. Utilizará la primera para medir y ordenar las actividades. La segunda le servirá para desarrollar fuerza con un mínimo de esfuerzo; para ello, deberá emplearla con ambas manos a la vez, coordinando y equilibrando lo activo y lo pasivo que hay en él, añadiendo voluntad y pensamiento.

Es decir, armonizando las capacidades de potencia, resistencia y punto de apoyo. El viaje comienza en el este y acaba en las proximidades del Segundo vigilante. En el cuarto viaje, provisto de regla de 24 pulgadas y escuadra, que simboliza la Tau egipcia, la empleará para verificar la rectitud de los ángulos triédricos de la piedra y así adaptarla al trabajo del edifico en conjunto.

Inicia su viaje en el norte, próximo al Segundo vigilante, y acaba en el sur, próximo al Primer vigilante que le pedirá el signo y la palabra de pase. Si supera la prueba, iniciará el quinto y último viaje, denominado de retrogradación, consistente en una revisión, o reflexión en voz alta, de todas las actividades realizadas en los viajes anteriores, para que los examinadores tasen los esfuerzos y currículos del candidato.

Este repaso se realiza en este quinto viaje porque el cinco simboliza la caída del hombre, la involución del espíritu, la caída del yo en los lazos de la espiritualidad. Se inicia en la columna del norte y acaba en la del sur; es decir, siguiendo la altura de la escuadra que configuran los recorridos de los anteriores viajes.

Seis caras del Cubo

Es la auténtica piedra filosofal del masón, la representación de la Gran Obra masónica es el hexaedro regular o cubo, una figura geométrica compuesta por seis caras regulares, cuadrados, y ocho ángulos triédricos. En contraste con la tosca piedra vulgar, amorfa y sin tallar, el pilar cúbico representa al Maestro masón y, como él, está preparado para cumplir la función que el edificio social le demande.

Ideal de la perfección humana, el cubo representa las tres dimensiones físicas del espacio: Longitud, Anchura y Profundidad; que el masón interpreta como deberes que ordenan y rigen sus quehaceres, tanto mundanos como espirituales; que mide y organiza empleando la regla de 24 pulgadas, dedicando ocho horas para cada una de estas dimensiones espirituales, que cumplirá con rigor y justicia equitativa.

Llenará de trabajo y obligaciones las ocho horas de la longitud; de descanso y elevación individual e intima la dimensión de anchura; y, por último, empleará las ocho horas de la dimensión de profundidad para alimentar el cuerpo y el espíritu.

No es una casualidad que el desarrollo plano del hexaedro regular resulte una cruz latina compuesta por seis cuadrados que señalan dos direcciones planas (dirección vertical, con los sentidos norte-sur; y dirección horizontal con los sentidos este-oeste); las verticales vienen indicadas por cuatro cuadrados, y las dos horizontales, por tres.

De modo que, el cuadrado que sirve de unión a la verticalidad y a la horizontalidad, es común y superpuesto a ambas direcciones bipolares, correspondiendo al plexo solar, los pulmones y el corazón, cuando simboliza al microcosmos humano.

Siete dimensiones del espacio constructivo

El Santo Palacio o el Palacio Interior, en el Sepher Yetsirah, es el Centro del Mundo y está en el centro de las seis direcciones espaciales; es decir, las que establecen los cuatro puntos cardinales más los dos sentidos de la verticalidad, el arriba y el abajo.

Estas siete dimensiones componen el Septenario, insertado en el nombre divino, Jehová, representado por las cuatro letras iod [iey], hé [h], vau [a], hé [h], hyha; de las cuales, tres son distintas y una se repite, la hé [h]. Esta letra repetida sería el séptimo elemento, el centro alrededor del que giran las otras seis; y simbolizaría la inmanencia de Dios en el Mundo, la manifestación del Verbo Creador, el punto primordial del cual las extensiones indefinidas no son más que la expansión o el desarrollo.

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La Iglesia Mayor Prioral del Puerto de Santa María

In Análisis geométrico, Especulación on 2 agosto, 2013 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez, junio 2013

Parte 1: Análisis estructural de la Portada del Sol

Motivación. Siempre quise dibujar la fachada lateral de la Iglesia Mayor Prioral de mi pueblo, El Puerto de Santa María, la conocida como Portada del Sol. Deseaba aplicarle un análisis geométrico y mediante interpretaciones icónica y simbólica de sus formas descubrir los posibles mensajes ocultos. Para ello, debía partir de un dibujo a líneas lo más exacto posible. Ahí comenzaron las dificultades pues no se han conservado planos de construcción y realizar un calco sobre fotografías se me antojaba una tarea lejos del rigor exigido; pues, tomar un punto de vista excesivamente bajo, el de la altura a la que colocamos la cámara de fotos, implica una deformación anamórfica difícil de compensar. Para desaparecer la deformación óptica de la perspectiva cónica invertida que realizan las máquinas fotográficas habría que aplicarle una perspectiva óptico-fisiológica inversa (M. Borissavlievitch)[1].

Fachada_Prioral(1)_1

Obsérvese en la [ilustración 1] la deformación proporcional que sufre el objeto real al ser visionado por un espectador de a pie. El punto de vista del espectador (PV) es el centro de una esfera que hemos representado como Circunferencia sobre la que se proyectan todos los puntos y líneas destacados del objeto real.

El resultado es un dibujo esférico deformado que, al ser idéntico al que se produce en nuestra retina, lo consideramos normal. En el caso que nos ocupa, la fachada del Sol, al ser un paramento teóricamente plano o con escasos relieves, la deformación anamórfica es apenas perceptible; exigiendo una aplicación correctiva moderada.

Fachada_Prioral(1)_2

Apréciese lo que ocurre con la imagen esférico-cónica[2] tras aplicarle una perspectiva óptico-fisiológica inversa[ilustración 2], la contraproyección de la imagen distorsionada de la fotografía se proyecta sobre el plano del papel (2D) situado a una distancia imaginaria que hemos establecido en el eje de simetría del objeto real (3D).

Obsérvese que durante la restitución la imagen fotográfica vuelve a distorsionarse, ampliando ligeramente el tamaño. Por todo lo anterior, las medidas del documento gráfico de partida donde desarrollaremos el análisis no es real; aunque se ha procurado aplicar medidas correctoras que las compensaron. De este modo, procedí dibujando un calco a partir de una fotografía facilitada por José María Morillo[3], primera fase, consciente de que la imagen resultante sería ligeramente menor. En una segunda fase, acomodé el dibujo-calco mediante una expansión proporcional basada en la perspectiva Borissavlievitch. Finalmente, averigüé dónde quedaba la línea de horizonte de la fotografía, que estableció dos partes diferenciadas: Desde el horizonte hacia abajo y desde el horizonte hacia arriba. Dividí la parte mayor en diez partes y fui multiplicando las medidas por 01, 0,2… etc a medida que se alejaba de la línea de horizonte; tanto por arriba como por abajo.

Fachada_Prioral(1)_3 El resultado se muestra en la [ilustración 3], donde apreciamos las diferencias entre la fotografía y el dibujo a líneas considerado como definitivo. No es un calco a líneas propiamente, pero sí una copia a la que le hemos aplicado ciertos coeficientes de aumento dependiendo de la altura del modelo respecto del espectador. No obstante, se han señalado sobre el papel las zonas donde más ampliación correctiva se ha empleado.

Algunos datos sobre la Portada del Sol. «En la remodelación de la Prioral portuense hay una ecléctica mezcla del estilo arquitectónico tardo manierista propio de su autor, con el estilo originario de finales del XV y principios del XVI, que los comitentes pretenderían conservar deliberadamente» (Esperanza de los Ríos Martínez[4], pp. 166), [ilustración 4]

Fachada_Prioral(1)_4

Con posterioridad a 1647 la nueva Iglesia se la encargan al maestro mayor Antón Martín Calafate[9] que dirigió las obras hasta su muerte, el 19 de septiembre de 1659. Se hacen cargo de la obra don Francisco de Guindos[10] y doña Mencía; esta última por testamento, otorgado por sus hijas y doña Mencía Benítez, su viuda; aunque, en palabras del propio Calafate[11] “la obra está acabada”. Podemos decir, entonces que la portada-fachada del sol que pretendemos analizar fue concebida y ejecutada por el propio Calafate; lo que nos brindará la oportunidad de conocer mejor al autor. Por las razones que trataremos de explicar más adelante, las columnas principales de la fachada aparecen muy destacadas, al igual que el arco triunfal.

El proyecto inicial fue cambiado sustancialmente, pues el maestro había diseñado la nave central con bóveda de cañón[12], pero, a diferencia de esta propuesta, fue la bóveda de crucería el cerramiento finalmente elegido para todas las naves del templo, incluida la principal, si bien en ésta lo hizo mediante arcos de medio punto, pilastras con capiteles de tipo vegetal y motivos decorativos propios del barroco, como las cabezas de ángeles de las basas de los soportes[13]. Entre agosto de 1662 y febrero de 1663 le sustituye Felipe de Santiago al frente de los trabajos, algo bastante normal en estos trabajos de larga duración durante los cuales podía surgir la necesidad de un desplazamiento o una enfermedad del responsable.

Cabe señalar que por el empleo de arcos de medio punto y bóveda de crucería Calafate recibió fuertes críticas de Juan de Aranda Salazar que lo censuró como absoluta falta de medida. La cornisa curvilínea del remate con dos grandes óculos barrocos es algo posterior a la finalización de las obras de restauración, que sucede en 1671[14] donde ha pasado el rancio estilo renacentista puro, y en Italia se construyen los primeros edificios barrocos.

Análisis estructural. La estructura planteada por Calafate queda inscrita en un rectángulo básico, de lados mayores las líneas de ejes de las columnas principales y lados menores las líneas correspondientes al plano de la base y la que delimita el plano superior de las peanas donde se ubican las esculturas alegóricas a la Fe y a la Caridad Ese rectángulo básico es de ratio 2:1 (rectángulo 1 de la ilustración 5), y en él se destacan varias zonas arquitectónicas peculiares que analizaremos en el apartado siguiente. Ahora, baste decir que la zona 1 es un elemento arquitectónico significativo que atañe a la puerta principal de acceso al templo [rectángulo 2, en la ilustración 5] y las zonas 4 y 5 la componen el Castillo y la hornacina central de la Virgen [rectángulo 3, en la ilustración 5].

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En una primera interpretación se nos antoja explicarlas como una clara referencia a las columnas Jachin y Boaz del Templo de Salomón, dándonos pistas de hacia dónde buscar para “leer” el programa de Calafate que, como tendremos ocasión de demostrar, no fueron puramente doctrinales y aceptados por la Iglesia. Podrían responder a esa obsesión que proliferó durante toda la Edad Media entre los maestros mayores por copiar o imitar las proporciones del mítico templo judío, el único cuyas medidas fueron reveladas por Yahvé a Moisés[15]: «La Casa que el rey Salomón construyó para el Señor tenía treinta metros de largo, veinte de ancho y quince de alto». 

Si el templo cristiano debía albergar a Dios, sus medidas tendrían que copiar las proporciones bíblicas. Esto implicaba un problema porque las medidas reveladas concretan una superficie muy pequeña, incapaz para albergar a tantos fieles. Ni siquiera las medidas del templo de Ezequiel[16], nunca construido, permiten un templo suficientemente espacioso. Las medidas del templo cristiano, por tanto, tendrían que ser proporcionales a las reveladas. Decisión que impulsó a la Cristiandad en la construcción de las grandes catedrales. Estas medidas bíblicas tan pequeñas se explicarían porque el acceso al templo judío era exclusivo de los sacerdotes; en cambio, en el templo cristiano, el acceso es de los fieles.

En ambas revelaciones, Yahvé especifica que tengan dos columnas de bronce de nueve metros de alto, rematadas por capiteles de granadas y girnaldas[17], denominadas Jachin y Boaz que aparecen en la fachada del templo, a ambos lados de la puerta del acceso al recinto. Jachin significa establecimiento, orden y armonía, y Boaz, fuerza y paraíso. ¿Hacen referencias las columnas de la Portada del Sol a las de bronce del templo de Salomón?

Por otro lado, este par de columnas también aparecen en las Logias francmasónicas, y con los mismos nombres y significados. Quedan situadas a ambos lados del umbral, orientadas hacia occidente, conocido como “el umbral de los pasos perdidos”. Por todo ello, si sólo hubo intencionalidad estético-estilista, o constructiva, y no simbólica, la coincidencia es pasmosa pues las columnas laterales de la Portada del Sol miden eso, nueve metros.

Tantas coincidencias no son casuales. Responden a una filosofía vital cuyos antecedentes encontramos en la Ma’at egipcia, un sistema peculiar de moralidad basado en el amor fraternal, la rectitud, la verdad y la justicia; era bondad pura repartida de manera altruista. El faraón, que vino a sustituir a los hombres-dioses del período antiguo, era descrito como el que hace Ma’at o vive a través de ella. Para ello, existían rituales mágicos, desarrollados en las pirámides (a imitación de los que se desarrollaron en los zigurats mesopotámicos) en los que el faraón recibía la Ma’at directamente de los dioses. Esta necesidad de orden y armonía venía representada por dos columnas, erigidas hacia el -3.200 aC, con motivo de la reunificación del Alto y Bajo Egipto, con capital en Menfis. La columna que representaba al Bajo Egipto estaba situada en Kehneb (o Tebas) y se denominaba Iwnu Shema; la que representaba al Alto Egipto, en Annu (la ciudad de On citada en la Biblia y conocida por los griegos como Heliópolis).

Simbólicamente, la diosa Nut unía ambas columnas mediante una viga transversal o dintel, conformando un portal arquitectónico orientado al este que daba la bienvenida a Ra, el Sol naciente. ¿Es por esto que las iglesias cristianas se orientan en esa dirección? Mientras las columnas se mantuvieran intactas, Egipto mantendría la estabilidad y prosperidad de los reinos; es decir, continuaría manando la Ma’at a través del faraón. Es curioso que el jeroglífico que simboliza a los dos territorios (taui) se representa por dos columnas que miran hacia el este, al sol naciente, como ocurre en la Fachada del Sol, con los significados primitivos de orden y perseverancia, armonía y fuerza.

A partir de los ejes de ambos postes pétreos sometamos el rectángulo (2:1) de la Portada –ver más adelante las características y propiedades del rectángulo (2:1)– a una división en partes iguales mediante el concurso de la diagonal del Cuadrado (ad cuadratum) y dibujemos la retícula básica. Comprobamos en ella que la mayoría de los principales elementos ornamentales quedan perfectamente colocados en la red cuadrangular, [ilustración 6]. Por la primera diagonal, la que pasa por los vértices inferiores del rectángulo, lo dividiría en dos Cuadrados: El inferior, que simbolizaría lo material, y el superior, lo espiritual.  El inferior, representaría al principio, con la puerta de acceso al recinto y las esculturas de los Santos Padres de la Iglesia; el superior, al final, con las hornacinas de la Virgen sobre el Castillo, los apóstoles Pedro y Pablo, y Dios-Creador. Obsérvese que el remate añadido ocupa dos mitades de cuadrantes; lo que demuestra que el maestro que lo proyectó conocía la retícula propuesta por Calafate. Fachada_Prioral(1)_6

Diez zonas. Dentro de la estructura general de la portada, podemos destacar diez zonas de interés: La puerta de acceso al templo (1); las basas que soportan a las dos columnas principales y la columnata secundaria (2 y 3); el Castillo y la hornacina central de la Virgen (4 y 5); las hornacinas laterales de la Virgen, llamadas de san Pedro y san Pablo (6 y 7); los triángulos mixtilíneos, en el trasdós del arco triunfal (8 y 9); y, finalmente, el elemento decorativo que remarca la clave del arco triunfal y señala el plano de simetría axial del conjunto (10), [ilustración 7]. Fachada_Prioral(1)_7 Examinemos con más atención estas zonas arquitectónicas. Formalmente, la puerta de acceso al templo (zona 1), es un rectángulo de ratio (5:3) –5 unidades de medida en su lado mayor y 3 unidades de medida en su lado menor–, en posición vertical. Perceptivamente, queda marcado por las columnas laterales en el intradós, ligeramente retraídas, y el espacio que ocupa el arco de medio punto, acabado en un dintel reiterativo del espacio. Este dintel sirve de línea divisoria vertical, delimitando secuencias de lecturas del paramento a fin de no distraer al espectador. Consideraremos estos espacios a su debido tiempo.

Las basas prismáticas del primer tramo, situadas a uno y otro lado de la puerta de acceso (zonas 2 y 3) son casi cuadradas pero consideradas juntas conforman un rectángulo de ratio (1:4), sirviendo de asentamiento a todo el grupo de la Portada, y aguantan directamente el cuerpo de columnas adosadas del primer tramo, por debajo del dintel. Este espacio lo utiliza Calafate para situar las primeras figuras del programa iconológico, hoy incompleto por la desaparición de algunas esculturas. Aunque, en palabras del profesor Aguayo[18]: «…en los intercolumnios, están representados los cuatro doctores máximos de la Iglesia latina: San Jerónimo, San Agustín, San Ambrosio y San Gregorio Magno (…) Estas figuras, al igual que las superiores, están identificadas, no sólo por los atributos específicos de cada santo y que cada uno porta, sino también por atributos alusivos, situados bajo el pedestal o repisa que soporta las imágenes.»

En el centro vertical y horizontal del conjunto arquitectónico nos encontramos con un binomio simbólico representativo de la ciudad, el comprendido por un Castillo en cuyo portón hundido se superpone una llave que lo abre (zona 5) y la hornacina que protege una Virgen que probablemente sea Santa María del Puerto (zona 6). Ambos elementos componen un rectángulo de ratio (5:3) (zonas 4 y 5). Debieron existir razones ideológicas que pesaran sobre Calafate para que colocara el símbolo de María, la madre de Jesús, en el centro del paramento, intermedio entre lo terreno, (zona 1), y lo divino, (zona 11). Destaca así la labor mediadora de la Virgen en el acto de Redención del género humano. Las hornacinas denominadas de san Pedro y san Pablo, que jalonan las zonas 5 y 6, son rectángulos idénticos de ratio (4:7) –4 unidades de medida de lado menor por 7 unidades de lado mayor–, aproximadamente √3; (zonas 6 y 7). Las (zonas 8 y 9) corresponden a los triángulos mixtilíneos de las enjutas del arco triunfal con bajorrelieves de figuras simétricas que portan filacteria, una con los ojos cerrados y la otra abiertos, y se miran entre ellas. La zona 10, casi insignificante, remarca la situación de la clave del arco triunfal dominante de la portada. Es como un remate vegetal que hace de eje de simetría axial o de falsa charnela entre las dos partes del programa iconológico, como tendremos ocasión de explicar más adelante.

La undécima zona. A otro nivel de análisis puesto que no existen líneas que lo demarquen, podríamos considerar una undécima zona arquitectónica, remarcada de manera artificial como un rectángulo de ratio indiferente. Nos referidos al alto-relieve que representa a Dios-Creador, en el frontón situado en la cúspide. Esta zona 11 y la zona 1 poseen parecidos significados, aunque a diferentes niveles. Así, el significado simbólico que le daríamos a la puerta física por la que se accede al templo cristiano, sería la primera fase del proceso de Redención por la Crucifixión, a través de la Santa Misa que se desarrolla en el interior del recinto sagrado. Mostraría, en este caso, el ámbito terrenal del programa iconológico planteado por Calafate. Los fieles entran en el templo a orar y oír la palabra sagrada que les permitirá acceder a un estadio superior, en el argot cristiano, el Paraíso, perdido por el pecado de Adán y Eva. Ese Paraíso es el lugar donde habita Dios-Creador, rodeado de su corte celestial, cuyo conocimiento y contemplación sólo es posible a las almas libres de pecado, redimidas por el sacrificio de la Misa. Esta “puerta” superior sólo es alcanzable tras desarrollar el programa completo, siguiendo los pasos señalados en los distintos tramos o fases del proceso. Ambas “puertas”, por tanto, se complementan porque atravesar la segunda exige traspasar la primera.

Tres cuerpos. En general, la función de las representaciones religiosas sobre muros, retablos y portadas de los recintos cristianos responde a una proclamación y exaltación de los valores litúrgicos, doctrinales y de historia de la Iglesia; además de los puramente decorativos y de modulación óptica de los espacios arquitectónicos. Existen diferencias entre ellas. Las representaciones murales se realizan mediante bajorrelieves y hundidos, y responden a motivos ornamentales (florales o geométricos). El retablo es una talla en madera, recubierta de panes de oro y policromada; consta de escenas encastradas en un programa que se desarrolla a lo ancho y a lo alto, mediante cuerpos y calles.

La portada que nos ocupa únicamente posee cuerpos muy marcados mediante molduras. De tal modo que, el despliegue de escenas iconográficas, que debía desarrollarse con un marcado carácter pedagógico, que se seguía de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba, en la Portada del Sol, Calafate recurre a un organizado juego de columnas que, sin marcar calles, establece la secuencia lectora requerida. No obstante este orden, no se entiende que deba recurrirse a interpretaciones complejas para descifrar el significado de su programa; cuando, lo aconsejable hubiera sido recurrir a representaciones más pedagógicas, máxime en una época donde la población seglar y la mayoría de los clérigos estaban poco formados en asuntos doctrinales y de liturgia.

A pesar de su complejidad interpretativa, sobre todo de los bajorrelieves decorativos-alusivos, el Cabildo aprobó la propuesta presentada por Calafate que, además de poseer una tendencia casi obsesiva a llenar los espacios de elementos (horror vacui, o miedo al vacío, propio del plateresco), establece un recorrido lector por fases y, como apreciaremos en otro capítulo, con significados compensados verticalmente mediante simetría axial. Los tres cuerpos que intuimos consideró Calafate quedan delimitados por líneas horizontales acentuadas por elementos arquitectónicos significativos [ilustración 8]. Fachada_Prioral(1)_8

La primera línea horizontal corresponde al suelo. Es una recta que pasa por los apoyos de los plintos que soportan el conjunto de columnas. Hacen de basas sustentadoras de toda la portada. La segunda línea pasa por la moldura superior del primer arquitrabe, sobre el que arranca el Arco triunfal. La tercera línea pasa por la moldura superior de la última cornisa, sobre los falsos capiteles de ambas columnas principales. La cuarta y última línea pasa por la moldura del último plinto correspondiente a la representación de la Esperanza.

El primer cuerpo queda comprendido entre la primera y segunda línea. Es el primero al que accede la vista del espectador y el de más fácil interpretación. En este cuerpo, Calafate sitúa todos los elementos necesarios para buscar la espiritualidad. Hacen alusión a los peligros del mundo y al vicio de considerar a la carne como un bien primordial. En él están representados los padres de Iglesia, los Evangelistas, tenantes y sostenes en las figuras del unicornio, querubines y el propio Lucifer.

El segundo cuerpo, entre la segunda y tercera línea, correspondería a la propuesta eclesiástica para combatir y superar los errores mundanos, a través de la Virgen y los santos fundadores de la Iglesia, san Pedro y san Pablo, en un renacer del espíritu a través de la nueva y única Religión.

El tercer cuerpo, entre la tercera y cuarta línea, propone un camino de santidad que conduce inexorablemente a la Divinidad, al disfrute del Paraíso contemplando al Dios-Creador[19].

Parte 2: Sistemas reguladores en la Portada del Sol

Desde un punto de vista mecánico y de cálculo, dos eran las principales preocupaciones del maestro mayor al abordar la construcción de un edificio con las características majestuosas requeridas. La primera y fundamental, que el alineamiento de los muros resistiera las tensiones verticales y horizontales, y segunda, que las distintas partes del edificio se relacionasen armónicamente con la estructura general del mismo. La primera tenía mucho que ver con la construcción y dependía de una buena elección de los materiales, una selección de los mejores canteros con experiencia y conocimiento del oficio, y compensar los pesos de la base con la altura del edificio.

Cada uno de los peones, obreros, oficiales y maestros de obra, tenían la experiencia precisa para que una simple inspección bastaba para que la edificación prosperara. Más complejo y exigente para el maestro era decidir el estilo, las medidas y los ornamentos, lo visible del edificio. Todo debía distribuirse de manera armoniosa y proporcionada. Para ello, disponía de dos sistemas distribuidores, el basado en la descomposición del Cuadrado (ad cuadratum) y el fundamentado en el triángulo equilátero (more germanicum).

Al contemplar la magnífica distribución de las piezas que conforman la portada, no nos cabe la menor duda de que Calafate empleó recursos basados en una matriz geométrica. Un primer boceto, hoy desaparecido, de este planteamiento, seguido de otro donde se habrían dibujado las esculturas y bajorrelieves propuestos, sería el que se presentaba al Cabildo, una vez aprobadas las trazas generales del nuevo edificio, con las soluciones aportadas para aprovechar la antigua planta y los muros y arcos que quedaron en pie tras el terremoto. Nuestro trabajo consiste en sugerir el planteamiento formal seguido por Calafate para llegar al resultado que se muestra en la actualidad y, de paso, aportar los mensajes que ocultan; diferentes, naturalmente, de los evidentes, de naturaleza litúrgica y de historia de la Iglesia. Hemos hablado de trazas, y no de maqueta, porque el Archivo Municipal del Patrimonio Histórico de El Puerto de Santa María que dirige don Ignacio Buhigas Cabrera, posee dibujos originales con el trazado de monteas y detalles del día a día de la obra. La probable maqueta desapareció; por lo que es difícil asegurar que la hubo.

La construcción de modelos tridimensionales del edificio completo o de las distintas partes del mismo, era un procedimiento habitual hasta el Renacimiento, donde quedaron relegados por la traza; debido, quizás, por el resurgir de la Geometría. De todos modos, hasta bien entrado en siglo XIX los oficiales planificaban el trabajo mensual a pie de obra, atendiendo a la transmisión oral de las órdenes del maestro mayor. Por tanto, es probable que en el caso de la Iglesia Mayor Prioral del Puerto de Santa María se trabajara de las tres maneras. Un modelo a escala con el que exponer al Concejo de la ciudad los pormenores de la edificación, un planteamiento de la ubicación de las partes sobre el solar y dibujos diarios, confeccionados sobre arena mojada o yeso. ¿Seremos capaces de descubrir estos trazados estructurales, estos modelos de organización del espacio constructivo, estas instrucciones…? Y, en el caso de la Iglesia Mayor Prioral, ¿descubriremos cómo entendía y aplicaba Calafate conceptos tan básicos como proporción, dimensión y simetría; igualdad, equivalencia o semejanza?

Si la dimensión es la medida del espacio comparada con un canon fijo “el metro” y sólo averigua el tamaño del objeto y del conjunto, no serviría para relacionar internamente dos partes entre sí. Para ello, se deben recurrir a sistemas de relación, con la simetría o correspondencia en igualdad entre las partes respecto de un punto, una recta o un plano; la semejanza es una relación en igualdad de formas con tamaños diferentes; la equivalencia, finalmente, es una relación en igualdad de superficie que poseen diferentes formas. L

a relación proporcional es semejanza cuando existe una razón entre ambos objetos; es decir, el menor está contenido en el mayor un determinado número de veces. La razón puede ser un número entero, fraccionario o irracional. Los maestros primitivos buscaban una razón irracional, alrededor de la cual girase todo el edificio. Esta razón irracional es lo que se denominaba en el argot constructivo, la clave de bóveda: un número, una fórmula compleja, las dimensiones de una habitación, una forma, o el diámetro del fuste de una columna, etc. «Se deben entender como proporciones las relaciones entre las partes y el todo, relaciones lógicas, necesarias y capaces de satisfacer al mismo tiempo a la razón y a los ojos.[20]» En el pasado, la razón armónica se basaba en razones matemáticas fundamentadas en ciertos números irracionales, como el número de oro (φ), la sección áurea, o el número π; que se transmitía oralmente como heredera de los maestros egipcios, griegos, romanos o musulmanes, y se ocultaba intencionadamente.

Retícula compositiva básica. Una obra que exige armonizar volúmenes, contrapesar y equilibrar bloques de piedra, no se deja a la improvisación. Se ajusta al trazado de una retícula abierta que asegure, primero, que las piezas armonicen en tamaño y posición; y, segundo, que los problemas que se resuelvan en el presente no afecten a las decisiones futuras[21]. Ya hemos visto en el análisis estructural de la Portada [ilustración 9] que el sistema empleado por Calafate para dividir proporcionalmente la Portada fue la diagonal del Cuadrado. Esta elección, creemos, fue primordial para desarrollar el programa pactado con el Cabildo; además, el sistema cuadrangular posee muchas más ventajas que el triangular y permite darle solidez y estabilidad a la composición. A partir del rectángulo (2:4) –dos unidades de medidas en el lado menor y cuatro para el mayor–, o lo que es lo mismo, dos Cuadrados para la base por cuatro para la altura, y empleando diagonales a 45º, la composición se va entretejiendo hasta conformar una retícula compositiva donde sobreponer los distintos elementos gráficos.

Por eso, una vez decidida la estructura reticular, el maestro constructor ejecuta las trazas del edificio sobre una superficie de arena mojada, en el suelo. A veces estos trazos se concretan en cornisas, en cajas que delimitan volúmenes que irán tomando forma de figura, ornamento o paramento liso. Más adelante, cuando está seguro de la estructura, construye una maqueta a escala.

Fachada_Prioral(2)_líneas9

De Martín Calafate disponemos de algunas trazas, referidas a las monteas de pilares y techos. No existe documentación gráfica del planteamiento de la Fachada del Sol. Y debían existir para indicarles a maestros de la piedra y escultores el programa icónico que deseaba desarrollar. A la vista del resultado podríamos imaginarnos esta estructura reticular de partida, formada por horizontales y verticales, que contendrían las líneas marcadas por cornisas, hornacinas, ejes de simetría de columnas, puertas y superficies lisas.

Lugares geométricos utilizados. Ya hemos comprobado la utilidad de la diagonal del Cuadrado en el establecimiento de una retícula básica[22]. El Cuadrado es una de las tres figuras que Pitágoras definió como básicas –las otras dos son el Círculo y el Triángulo equilátero. Habría una cuarta figura que completaría la cuarteta conceptual: cuatro elementos, cuatro direcciones, cuatro estados de la materia, etc. Esta cuarta figura sería, naturalmente, el Pentágono regular–. El plano Básico es estático y germen de muchas figuras. La sencillez de su trazado no es comparable con la eficacia y armonía que se experimenta al utilizarlo. De ahí que se haya empleado en todas las épocas, porque las posibilidades de relación proporcional son prácticamente infinitas; aunque, sólo unas pocas son susceptibles de utilidad como recurso de relación, [ilustración 10].

Prioral(2)_PB10

Analizando despacio sus elementos formativos descubrimos que las diagonales lo dividen en triángulos rectángulos isósceles lo que posibilita multitud de relaciones. Por el concurso de las mediatrices, se obtienen cuatro porciones cuadradas y, también, dos rectángulos cuyas diagonales miden raíz cuadrada de cinco. Importante también son los puntos O y M. El primero es centro del espacio geométrico, con simetría axial y central; el segundo, de intersección de las diagonales posibles que relaciona armónicamente y de manera asimétrica los lados y las diagonales. A partir del cuadrado podemos deducir rectángulos estáticos de lados relacionados según números naturales (doble, triple…) o dinámicos, dependientes de razones, aritméticas o fraccionarias. Si la diagonal del Cuadrado es un recurso de relación muy importante, el arco de Circunferencia es igualmente tan eficaz, o más. Como lugar geométrico de los puntos del plano que equidistan de otro interior llamado centro, permite relacionar medidas en igualdad.

Rectángulos estáticos en la Portada del Sol. Existen dos procedimientos genéricos para obtener rectángulos estáticos a partir del Cuadrado Básico. El primero es el denominado de partes, o aritmético, basados en los trazados contenidos en los escritos dejados por el boloñés Sebastiano Serlio[23], que trabajó en el estudio de Palladio; y, con posterioridad, recogido en el Cesariano de Marco Vitruvio, del que hemos tenido acceso a la edición española de su célebre De Architetttura[24]. Consiste en dividir en partes iguales los lados del Plano Básico.

En el ejemplo, se han dividido en cuatro partes iguales. En el primero, se ha añadido por arriba una de esas partes, transformando el Cuadro en un rectángulo de ratio (5:4). En el segundo, se han añadido dos partes, transformándolo en el rectángulo ratio (6:4) que, al reducir la fracción, se transforma en (3:2). El conjunto de la fachada del Sol es un rectángulo (2:1); es decir, dos veces más alto que ancho que equivaldría a dos Cuadrados superpuestos, con resultados de gran majestuosidad y solidez, [ilustración 11]. Esta misma proporción poseía la planta del Tabernáculo judío que, como se recordará, fueron reveladas por Jehová a Moisés. Las medidas transmitidas fueron de 45,72 metros de largo por 22,86; es decir, un rectángulo (2:1), que poseen la propiedad de contener una Vesícula piscis (vejiga de pez) o Mandorla[25], un símbolo pitagórico que usaron los proto-cristianos. Resulta de la intersección de dos círculos equipolentes –de idénticos radios– que contienen a sus respectivos centros, extremos de un segmento de longitud el mismo radio. De modo que, el centro del primer arco queda contenido en un segundo cuyo centro se halla en el primero. Prioral(2)_Rect2-1_11 Para trazar la vesícula piscis del Rectángulo (2:1), se hace centro en los extremos de la mediatriz que divide en dos partes iguales a los lados mayores, y se trazan dos arcos con radios el lado menor del Rectángulo. Estos arcos poseen dos propiedades:

  • Que contienen a los extremos del rectángulo (2:1) que los delimita, y
  • Que se cortan en dos segmentos curvos, simétricos entre sí, que constituyen la vesícula propiamente.

Los pitagóricos consideraron a la mandorla como una figura sagrada porque descubrieron en ella relaciones armónicas entre sus elementos. Así, al dividir la longitud del segmento interior de la vesícula –cuyos extremos serán los puntos de intersección de los arcos trazados– por la altura –el lado menor del Rectángulo–, el resultado es 1,73205… una cifra aproximada a la raíz cuadrada de tres. John Michell[26] descubrió que ese número (1,7320614379085) es el resultado de dividir 265 por 153; y que dividendo y divisor no eran números caprichosos. En el evangelio de san Juan (21:11) se relata el milagro de la captura de los peces y especifica que fueron 153 peces, en clara referencia al número primo de Pitágoras: «Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.» Una de las innovaciones durante el Gótico fue la utilización de una sección de la vesícula piscis como arco de ojiva en naves, puertas y ventanas.

Por otro lado, la vesícula piscis contiene dos triángulos unidos por sus bases: Uno es material, el otro espiritual; lo que demuestra que fuera considerada una figura sagrada que, superpuestas, determinan las Estrella de David, un hexágono regular estrellado.

Rectángulo 5:3, [ilustración 12]. Obsérvese las relaciones interiores proporcionales que pueden obtenerse en este Rectángulo: √5, la diagonal de dos cuadrados sumados; √13, la diagonal del Rectángulo (1,5:1); √2, la diagonal del Plano Básico o Cuadrado, cualquiera que se tome; √10, la diagonal de tres Cuadrados sumados; 2√5, la diagonal del Rectángulo (2:3); y, finalmente, √26, la diagonal de un Rectángulo suma de cinco Cuadrados alineados. Prioral(2)_Rect5-3_12 Estas relaciones proporcionales son idénticas a las medidas que simbólicamente contenía el Ojo de Horus que contiene una falsa vesícula piscis cuyos extremos delimitan las unidades proporcionales enunciadas anteriormente.

Rectángulo 1:4. Corresponde al Rectángulo que delimita la zona de plintos, o basas, que sostienen toda la fachada. En la ilustración se ha dispuesto en posición vertical (4:1) [ilustración 13], y sumados para conformar un Rectángulo (2:1), ya analizado. Prioral(2)_Rect1-4–13 Obsérvese cómo se ha generado, mediante diagonales del Cuadrado, fase 1, que generaría un Rectángulo √2; la diagonal del Rectángulo resultante, fase 2, que generaría un Rectángulo 3; y, finalmente, en la fase 3, con la diagonal del Rectángulo obtenido.

Rectángulo 2:3, [ilustración 14]. También conocido como Rectángulo vesicular o egipcio. Son susceptibles de descomponerse en seis planos Básicos (1:1); tres rectángulos 2:1; dos rectángulos de ratio (1:3); o dos rectángulos (1‘5:2). Esto permite muchas relaciones armónicas. Su obtención a partir del Cuadrado, o Plano Básico, es mediante la diagonal del semi-Cuadrado, √5/2 (raíz cuadrada de cinco partido por dos), que determina en la prolongación de la mediatriz horizontal el punto medio por donde pasa el lado superior del Rectángulo (2:3).

La propiedad del Rectángulo egipcio es que su diagonal es 2√5. El Rectángulo (2:3) es el de la planta del templo de Jerusalén que, como se recordará fueron dabas por Yaveh, y coinciden proporcionalmente con las del Rectángulo egipcio, que se hallan en muchas construcciones. En la [ilustración 14], el habitáculo rectangular sobre la barca del faraón poseía las medidas de un rectángulo (2:3). Las cámaras mortuorias de las pirámides (o cualquiera que fuera la utilidad de estas cámaras) también se construían con planta de proporciones (5:3) Prioral(2)_Rect2-3_14 Creemos que su utilización se debía a su peculiar disposición que permite muchas relaciones. Nosotros hemos encontrado algunas más. Obsérvese en la [ilustración siguiente] que el segmento que une los vértices del rectángulo con el centro del círculo tangente interior más alejado corta al lado menor en puntos que equidistan del vértice opuesto y del punto medio del lado correspondiente; de tal modo, que divide al lado en cuatro partes iguales. Este rectángulo vesicular estático tiene la propiedad de contener en su interior una Vesícula Piscis: La intersección de dos Círculos de radios idénticos a ⅓ la longitud del lado superior, igual a la mitad del lado menor., y cuyo eje radical es una recta que divide al rectángulo en dos partes iguales.

Rectángulo áureo, [ilustración 15]. El número de oro, media y extrema razón, divina proporción, proporción áurea, etc. es una división proporcional cuyo resultado es un número irracional. Se le atribuyen propiedades místicas que no se han podido probar; aunque ha sido utilizada en la construcción de muchos edificios, en esculturas y pinturas, por su valor estético. Su expresión matemática adopta diferentes formas:

(a+b)/a = a/b; (a-b)/b = b/a.

El resultado de esta proporción, cuando (b=1), (a + 1) = a2 ; que, al igualar a cero, se obtiene:

(1 + √5) / 2 = 1,61803398874989…

El número de oro se encuentra en muchos Polígonos regulares: Pentágono regular convexo como relación del lado con la diagonal; Pentágono regular estrellado o Pentáculo, como relación entre el lado completo y una parte del mismo; Decágono regular convexo; y Cuadrado. Algunos Poliedros regulares también poseen relación áurea entre sus partes, como el Dodecaedro y el Icosaedro. Prioral(2)_Rect_áureo_15 El lado del Cuadrado es media y extrema razón con el mismo lado y la suma de la diagonal del semi-cuadrado más la mitad del lado del mismo; lo que nos permite trazar el rectángulo áureo. Así, se divide el Cuadrado de partida en dos partes iguales mediante el concurso de una de sus mediatrices. Centro el pie de esta mediatriz y radio la diagonal del sexi-cuadrado, se traza el arco que cortará a la prolongación del lado de la base en una medida (1/2 + √5/2). De modo que el número áureo será:

(½  + √5/2) / 1 ; ó (1 + √5) /2

Parte 3: Análisis simbólico de la Portada del Sol

El universo del maestro mayor Antón Martín Calafate. Con el análisis gráfico-simbólico intuimos la existencia de un universo particular de Calafate en los significantes pétreos para que el cristiano despierto supiera leerlos entre líneas. Ahora bien, ¿hubo intencionalidad de expresar algo con ella? Los elementos anteriores parecen indicarnos que sí, que enuncian claramente un texto gráfico que ha perdurado durante siglos. Desgraciadamente, la falta de planos con las trazas del maestro Calafate nos impiden juzgar si fue deliberado o se limitó a copiar la estructura y motivos del estilo de la época. El análisis iconológico realizado por el profesor Aguayo Cobo, se puede esquematizar en el dibujo-mapa que se expone en la [ilustración 16] y que podemos citar no según su significado que viene perfectamente explicado en su trabajo[27]; sino por la ubicación que posee en el paramento de la Portada. Fachada_Prioral(3)_Aguayo_16 Lo primero que se observa es la simetría de esta distribución. Los ornamentos decorativos  (estatuas, relieves, ménsulas, capiteles, bolas, columnas, arcos, molduras, cornisas…) de la izquierda tienen su imagen similar en la derecha. Es como si el Cabildo de la Prioral quisiera mostrar dos facetas de una misma verdad histórica, que se explican mediante los motivos situados en el eje de simetría. Además, también notamos que unos y otros están relacionados entre sí, conformando un discurso subliminal. De este modo, consideramos como representaciones con contenidos pasivos los situados a la izquierda del espectador situado frente a la Portada; contenidos activos, los situados a la derecha; y, finalmente, neutros, los dispuestos sobre el eje de simetría axial. Enunciemos a continuación, de manera resumida, estas representaciones y expliquemos el porqué se le dan esos atributos de pasividad o actividad.

Izquierda-Pasivos           Centro-Neutros           Derecha-Activos

–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

Esperanza           Fe           Caridad

Dios-Creador

Nueva Ley                       Antigua Ley

Clave del arco triunfal

Ornamentos neutros

Verdadera Religión                       Duque de Medinacelli

Santa María del Puerto

San Pedro            Castillo-Cerrojo           San Pablo

Monstruo                       Monstruo

Grullas (vigilancia)                       Grullas (vigilancia)

Edades hombre: Juventud-madurez-senectud

Máscara                       Máscara

Adán Eva

San Lucas – San Mateo                       San Marcos – San Juan

Clave

Rostro con corona

Ángel que mira a la divinidad                       Ángel que mira a la divinidad

San Jerónimo – San Agustín                            San Ambrosio – San Alberto Magno

Escudos, corazas, etc.                                  Joven con velo – Carneros

Intradós izquierdo:                                  Intradós derecho:

(Rostro angelical,                                  (Angel caído-Lucifer

Frutas,                                             Candilleri

Unicornio,                                            Reptiles

Tenante)                                                 Querubín)

Al contemplar la iconología en su totalidad nos convencemos al momento de la existencia de una doble lectura: La evidente y aceptada (posiblemente la propuesta al o por el Cabildo), y la que subyace en la disposición adoptada por Calafate (llena de contenidos inquietantes). La primera lectura deriva de los contenidos que las formas sugieren y que forman parte de la liturgia y ortodoxia de la Iglesia; es decir, leídas bajo el prisma de Cristianismo, las figuras de los santos son eso, biografías ejemplares. Bajo otros criterios, es muy probable que signifiquen algo insospechado para el Cabildo de la época. Calafate, además, emplea otro recurso lingüístico: la ubicación, imprescindible para comprender esta segunda lectura. Al hacerlo, lo primero que nos llama la atención es la yuxtaposición de los significados situados a la izquierda con los de la derecha; equilibrados por los situados sobre el eje imaginario, [ilustración 17]. Fachada_Prioral(3)_mitades_17 Entre san Pedro (activo) y san Pablo (pasivo) la oposición se enmarca en sus diferentes experiencias. El primero vivió los hechos y el segundo deduce una liturgia religiosa de los testimonios narrados por terceras personas; es, en este sentido, receptor y adaptador. La máscara de la izquierda del friso superior a la entrada de acceso al templo es negativa. Su actitud es pasiva porque ríe, se toma la vida como un devenir inconsecuente. La máscara opuesta, permanece seria y meditabunda ante las edades del ser humano: la senectud a la izquierda, la madurez en el centro, y la juventud a la derecha, como elemento activo, una vez ha pasado la prueba del agua con el bautismo. Su actitud reflexiva no es síntoma de pasividad sino todo lo contrario, de búsqueda interior, de meditación trascendente de los acontecimientos diarios.

Al padre de la Humanidad, Adán, lo sitúa en el lado de los pasivos; a pesar de ser masculino y de aportar una de sus costillas para que Dios creara a Eva, condenara a la Humanidad sólo cuando comió la fruta que había mordisqueado Eva, y que fuera él quien conversara y discutiera con el Creador del Paraíso. Pero, no hizo nada para oponerse a los deseos de Eva que es en todo el relato del Génesis, el símbolo de la transgresión, la búsqueda de lo oculto, su desmedido afán de superación y que no duda en probar lo nuevo. Es ella quien convence a Adán para que coma la fruta prohibida, después de haber comido ella. De los cuatro Evangelistas, san Mateo y san Lucas se consideran conservadores, pasivos; sus escritos confrontan la doctrina aceptada. El primero, insiste en la ley y los profetas, y en asentar la cátedra de Moisés. Es el reportero de Jesús. El segundo, en cambio, explica a los no-judíos que, a pesar de ser en verdad el Mesías prometido en las escrituras, Jesús es rechazado; y rastrea la ascendencia de Jesús hasta Adán. San Marcos y san Juan, en cambio, son los más polémicos y encendidos, en el lado activo. El primero, aunque no fue testigo, escribe lo que hizo Jesús y no lo que dijo. Le interesa la vida activa del Salvador, las evidencias de su poder divino a través de los milagros. El segundo sigue una secuencia cronológica en la narración de los hechos, tratando de demostrar que Cristo es Hijo de Dios, enviado por el Padre, para que tengamos vida eterna en comunión con Él. Un análisis similar podríamos aplicar a los Santos Padres de la Iglesia para concluir en su acertada disposición en la Portada del Sol. A pesar de que en la hornacina de San Agustín (pasivo), actualmente no tiene estatua, se cree que es él porque en la base se encuentra la cabeza alada de un ángel, atributo de los seres puros que habitan el cielo, en alusión a la “ciudad de Dios”, de la que habló en sus escritos. En ellos, defiende la virginidad perpetua de la Virgen, su santidad e inmunidad al pecado, y las relaciones con la Iglesia como modelo de virtud y gracia. Defiende la bondad de las cosas, y la universalidad de la redención por Cristo.

En el mismo apartado de los pasivos, San Jerónimo, reconocible por los atributos, la mitra y un libro abierto; sobre el icono de la calavera alada, alusiva a la penitencia. Al otro lado, San Ambrosio (activo) y San Alberto Magno (activo). El primero pisa una colmena con el pie izquierdo, alusivo a su nombre, ambrosía, sobre el icono de la “obediencia” una mujer desnuda que porta un yugo. Nombrado gobernador de las provincias de Liguria y Emilia (hoy Italia), fija su residencia en Milán donde resuelve una contienda entre católicos y arrianos. Nombrado obispo de Milán distribuye su fortuna entre los pobres y se consagra al estudio de la teología.  Dirige concilios, aconseja a emperadores y frena a los tiranos. El segundo, también ausente, aunque reconocible por la mujer joven que cubre su cabeza con un velo (castidad) y porta una flor (virginidad) en su mano izquierda. San Alberto Magno es el patrono de los estudiantes de ciencias, y fue teólogo, filósofo y hombre de ciencia, sentando las bases para el trabajo de su discípulo Santo Tomás de Aquino.

En otro orden de cosas, puede considerarse el tratamiento interpretativo dado por Calafate a la Nueva Ley, el Nuevo Testamento y la ortodoxia dictada por los Concilios, como un valor pasivo; y la Antigua Ley, el Antiguo Testamento, los libros sagrados judíos y los testimonios anteriores a la encarnación de Jesús, como conceptos activos, de fundamento. El Nuevo Testamento asevera y demuestra lo anunciado proféticamente en el Antiguo Testamento. Y en este mismo contexto, sitúa la Religión Nueva (pasiva) en contraste con la Religión Antigua (activa). Y si no estuviera claro el mensaje, coloca en igualdad de condiciones a la Verdadera Religión (pasiva), enfrentada al duque de Medinacelli (activo) representante del estamento político y religioso. Baste recordar su biografía[28] para percatarse de que fue un defensor de la religión oficial que conjugaba con un pensamiento humanístico acorde con el Renacimiento. Será por ello que apoya la concepción plateresca del proyecto de Portada del maestro Calafate. Es como si Calafate y, por aprobación o por ignorancia del Cabildo de la época, diera más importancia a las creencias arcaicas, primigenias y ancestrales, que las impuestas por la Iglesia de Roma; pero es sólo un espejismo, pues el mensaje que desea transmitir es más subliminal, más acorde con lo establecido.

Y como conceptos neutros, sobre el eje de simetría, el maestro mayor sitúa, de arriba a abajo, a Dios-Creador, la clave del arco triunfal, unos ornamentos neutros, Santa María del Puerto, un Castillo con cerrojo y llave, las edades del hombre situando en el centro la “madurez” y la clave del arco que cierra la puerta de acceso al templo donde es posible descubrir un rostro con corona.

Programa litúrgico en la Portada del Sol. De abajo hacia arriba, el programa propuesto por Calafate sigue tres fases perfectamente secuenciadas: Iniciación cristiana a través de los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía, representada por la puerta de acceso al templo, o puerta de acceso a la función salvífica de Cristo, [ilustración 18). Toda la mitad de la Portada contiene el programa de símbolos cristianos que conducen hacia la curación, a través de los sacramentos de la Penitencia y la Unción. La última fase, la superior, simboliza la perfección: Comunicación con Dios a través de lo Creado. Los sacramentos que conducirían a esta etapa del cristiano sería el matrimonio y el orden sacerdotal; sacramentos que implican darse a los demás.  Las dos mitades marcan valores positivos y negativos

Fachada_Prioral(3)_Cristiano_18

La lectura litúrgica que se pretende mostrar, [ilustración 19], se fundamenta en tres pilares fundamentales, representados por las esculturas de la Esperanza (con valor pasivo), la Fe (valor neutro) y la Caridad (activo).

Fachada_Prioral(3)_Cristiano_19

Son, al mismo tiempo, tres vías disponibles por el cristiano para acceder a los niveles superiores de santidad. El primer nivel, el inferior, se desenvuelve en el mundo de la carne y comienza con una primera búsqueda espiritual; mediante tres claves: La clave de la luz espiritual que mana de la vida de los santos y recogida en los escritos de los Santos Padres de la Iglesia latina; la luz de la Creación, la que mana de los seres y objetos creados por Dios a través del rayo divino materializado: Lucifer. El segundo nivel, intermedio, corresponde a la iluminación pasiva, simbolizada por la figura de la Virgen. Esta iluminación será como un renacer a la vida espiritual, al estado de gracia primordial, antes del pecado original, salvados por la pasión y muerte del Salvador. Y da tres claves progresivas que se producirán durante la Infancia -mediante el Bautismo del agua que nos confirma de dónde venimos y cuál es nuestra misión en este mundo material–, madurez –mediante sucesivos actos de reflexión sobre qué somos y hacia dónde vamos–, y, finalmente, senectud –mediante la memoria trascendente ante la proximidad de la muerte–. Y esta búsqueda no es exclusiva del Hombre o de la Mujer; es una obligación de todo el género humano. El tercer nivel, superior, accesible a través de una vida intermedia (neutra) representada por la torre-escalera de la clave principal, enuncia el reino de Dios encarnado, el cumplimiento de las Promesas de Salvación y el disfrute de la Vida Eterna.

Parte 4: Interpretación cabalística de la Portada del Sol

La Francmasonería. Hasta el siglo XVII, la Masonería fue gremio, sindicato, escuela y cofradía de obreros y oficiales de la construcción. Con la terminación de las últimas catedrales, la Francmasonería estuvo a punto de desaparecer; a no ser por la entrada en dicha agrupación de miembros honorarios, cuya ocupación principal no era la construcción. Esto ocurría en Inglaterra donde este grupo de personas interesadas por la base moral, el simbolismo, la generosidad y la fraternidad de la Institución, pasaron a llamarse masones aceptados. No disponemos de documentos que atestigüen la pertenencia de Martín Calafate a una de estas Cofradías de obreros, pero el hecho de ser maestro mayor de obra, o maestro constructor, ya presupone algún tipo de conocimiento sobre algunos de los símbolos constructivos más importantes que la Fraternidad conservaba en secreto. No es explicable el alcanzar el más alto grado del conocimiento secreto del oficio (transmitido oralmente), sin haber superado tres iniciaciones mínimas, como aprendiz, como compañero y como maestro.

A raíz de que la judería hispalense fuera arrasada a finales del siglo XIV, muchos judeo-conversos optaron por persistir como marranos o cristianos nuevos, y así continuar ejerciendo sus antiguos oficios de mercader, prestamista, cambiador, banquero, médico, boticario, etc. , mantuvieran en secreto sus antiguas creencias, o hicieron lo imposible por arrancarse cualquier vestigio que delatara su condición o la de sus antepasados.

En Jerez de la Frontera, cuna del maestro Calafate, es muy probable que transformaran las primitivas fraternidades en Cofradías de penitencia, más del gusto de la Iglesia Católica reinante. Recordemos que en 1140 los almohades prohibieron la práctica del judaísmo. El ambiente antijudío, desde entonces, alentaba que muchos optaran por transformar las sinagogas en lugares legales donde reunirse, anticipándose así al decreto de expulsión de 1492. Muchos judíos, por su afán de mimetizarse, crearon o pidieron entrada como hermanos en procesiones santas. La más antigua de Jerez fue la procesión del Santo Entierro, anterior a 1350. Muñoz y Gómez[29], archivero municipal, señala el lugar donde se ubicaba la cofradía:«Al final de esta calle (Asilo) está la Ermita del Calvario y Santo Entierro, a cuya procesión hizo la ciudad voto perpetuo de asistir en el año de 1646. La dicha procesión es antigua en Jerez; pues a ella asistió Alfonso XI en su estada en este pueblo, el año de 1340». Y aunque existía en esa época, no era conocida como la del Santo Entierro: «No conocemos Estatutos aprobados en los que figure el título de la Cofradía del Cristo del Calvario o del Santo Entierro. Por ello, en la lista del Provisor Haro de 1604, no se menciona en ningún momento a una corporación con tal título, aunque sabemos que en esa época la Hermandad existía». Ignoramos documentalmente que la Hermandad del Cristo del Calvario o del Santo Entierro se tratara de una versión española de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén u Orden del Blanco Sepulcro de Jerusalén, de tendencia cristiana, pero abierta a cualquier creencia, inscrita en el ámbito de la perfección del conocimiento y a la que pertenecieron judeo-conversos de muchos oficios operativos como plateros, carpinteros, yeseros, picapedreros, talladores, y albañiles. Vega Geán[30] afirma que era «ésta una Hermandad nacida en época medieval en el seno del convento mercedario. Muy difícil es precisar cuándo sus cofrades habían construido un humilladero o una capilla, donde habían colocado al Cristo (…) Lo más florido de la sociedad jerezana se vincula a la Hermandad desde fecha temprana, y esa pertenencia se mantiene en varias generaciones.»

Por otro lado, como maestro mayor, Calafate conocía el oficio y los rituales de iniciación a los distintos estadios por los que pasó. A pesar de no constar documentación de su posible pertenencia a alguna Cofradía de canteros, encargada de certificar de manera oficial el oficio, el hecho de que sea reconocido por los promotores de la obra (Duque de Medinacelli y Cabildo) y que el Mayordomo de fábrica realice los libramientos según los trabajos encargados y certificados por él, nos hace pensar que los diferentes grados se alcanzaban a pie de obra, después de trabajar duramente junto a algún oficial o maestro; al estar perfectamente jerarquizado el trabajo: «el maestro mayor, a veces también el aparejador en quien éste delegaba, supervisaba la actividad diaria de los canteros, con independencia de que su actividad también se viera reflejada en ella, mientras que el veedor de la obra controlaba la actividad de los peones[31].» Por todo ello, Calafate había alcanzado ciertos conocimientos reservados que únicamente se transmitía oralmente y durante ciertas reuniones consideradas secretas o exclusivas. Estos conocimientos tenían mucho que ver con la masonería operativa que establece una simbología propia a conceptos morales universales, bajo la túnica protectora del Cristianismo. Así, utilizando el medio vehicular de la simbología cristiana, el francmasón transmite nuevos significados para que el lector iniciado pueda realizar una segunda lectura de los símbolos manifiestos.

La doble lectura de los símbolos de la Portada. Así, bajo el disfraz de unas representaciones aceptadas por la Religión oficial, se expone, a nuestro criterio, el desarrollo de la Cábala hermética y el establecimiento de puertas esotéricas que el iniciado debía cruzar para alcanzar la perfección. Esquematicemos los iconos distribuidos sobre la Portada del Sol y reduzcámoslos a once conceptos básicos:

Dios-Creador

Nueva Ley                               Antigua Ley

Clave del arco triunfal

Virgen

San Pedro                               San Pablo

Castillo-llave

Unicornio                               Serpiente

Puerta de acceso

Dios-Creador, en el extremo más elevado es el bien supremo, el fin último de lo creado,  lo máximo del desarrollo espiritual al que debe aspirar el ser humano. Contrapuesto a la puerta, terrenal, de acceso al mensaje redentor de Cristo que se halla en el interior del templo. La clave del arco triunfal es una pieza fundamental para contrarrestar las tensiones superiores del arco. En el ser humano, esta clave es el Conocimiento, fusión de Sabiduría (Antiguo Testamento) y Entendimiento (Nuevo Testamento), de fe y de razón. La Sabiduría es una inspiración divina. Es genio logrado sin esfuerzo. Es espiritual y lo concede Dios como gracia. Es activo. El Entendimiento, en cambio, exige razonamiento, realizar un acto intelectual y físico. Es pasivo porque el individuo recibe la iluminación y debe contrastarla con la Tradición, en un acto reflexivo para comprenderlo en su totalidad y acceder al Conocimiento, neutro. La Misericordia se manifiesta mediante el amor, la tolerancia y la generosidad; pero necesita el contraste de su antagónico, la fuerza o Justicia, que aplica rigor, disciplina y discernimiento para que las acciones de la Misericordia no se diluyan y se manifiesten sin fuerza.

De este modo, los actos positivos, contrastados suficientemente con los negativos cobran la dimensión y el valor necesarios para merecer. La Belleza preside, coordina y controla a la Misericordia y la Justicia, por un lado, y a la Fuerza y Actividad, por otro, capacidades que hacen ascender en el conocimiento y en el disfrute del Creador a través de su obra, mediante Conocimiento y Belleza. El Fundamento significa buen entendimiento, alianza, redención y descanso. La Tierra o reino terrenal, es el comienzo del ascenso en la perfección. Antagónico del Cielo, al que tiende inexorablemente.

Cielo

(Dios-Creador)

Entendimiento                               Sabiduría

(Nueva Ley)                               (Antigua Ley)

Conocimiento

(Clave del arco triunfal)

Belleza

(Virgen)

Justicia                               Misericordia

(San Pedro)                               (San Pablo)

Fundamento

(Castillo-llave)

Fuerza                               Actividad

(Unicornio)                               (Serpiente)

Tierra

(Puerta de acceso)

Lectura cabalística. Cuanto vemos en el Universo corresponde a su modelo ideado por Dios. Para Rabí Isaac Yitsjak Kanuri[32] «no existe ni el menor objeto en este bajo mundo que carezca de equivalente en el mundo de Arriba por el que es regido» y comprender la obra de Dios implica el conocimiento del mundo y de sus mecanismos. Porque a cada objeto o ser de la creación corresponde un nombre que contiene su esencia y abarca su existencia y sus propiedades. El nombre secreto evoca la cosa designada, contiene la cosa misma. Borges lo ha enunciado poéticamente:

En las letras de rosa está la rosa

y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Conocer es poder. El problema es que entre la teoría y la práctica media un abismo. ¿De qué medios disponían los cabalistas para salvar ese abismo? ¿Consiguió alguno de ellos salvarlo o todo fue una mera ilusión? Lo ignoramos, pero sabemos que lo intentaron muchos místicos; desde Adán, el primer cabalista con el poder de Dios sobre las criaturas, antes de la caída, en los días felices del paraíso, depende precisamente de la capacidad de Adán de nombrar a los animales, es decir, de conocer el nombre secreto de cada uno de ellos, lo que equivale a entenderse con ellos y dominarlos. En esto consistía la sabiduría de Salomón, en el poder de hablar a plantas y animales y “hacerse obedecer por sus espíritus”. El hombre moderno tampoco se sustrae a la función mágica y evocadora de la palabra. Todavía persisten palabras-tabú que designan lo que no se debe nombrar: la culebra, por ejemplo, a la que se llama bicha o señorita…. O el verbo “morir” reemplazado por diñarla, pasar a mejor vida y otros eufemismos, que nos evita nombrarla crudamente.

En este mismo sentido, podemos hacer un símil entre estos conceptos expuestos en la Portada del Sol con los sephirat cabalísticos; de modo que Malkuth [reinado, representado por el número de Adonai] es la puerta de acceso al recinto del templo cristiano; opuesto a Keter [Corona], corresponde al alto-relieve del Dios-Creador en el frontón ovalado superior; los intradós verticales de la puerta de entrada son Hod [Fuerza, Esplendor; representado por el número de Elohim Sabaoth] y Netzach [Actividad, Victoria; representado por el número de Tetragrammaton], simbolizados por la figura del unicornio y Lucifer, respectivamente. Yesod [Fundamento; representado por el número de Shadai] es el Castillo sobre el que apareció la Virgen, que es Tiferet [Belleza; representado por el número de Eloha]; y las hornacinas de san Pedro y san Pablo, son Gevurah [Justicia y Severidad; representado por el número de Elohim] y Chesed [Benevolencia y Misericordia; representado por el número de El]; los trasdós mixtilíneos del arco triunfal son Binah, simbolizada por la Nueva Ley, y Hokhmah, Antigua Ley. Daat [Conocimiento; representado por el número Iah] es la clave del arco triunfal y corresponde al Saber. El Cielo (Dios-Creador) se traduce cabalísticamente por Keter [Corona; representado por el número de Ehieh la Yod, o yi, principio y final de todas las cosas].

KETER

Cielo

BINAH                               HOKHMAH

Entendimiento                                Sabiduría

DAAT

Conocimiento

TIFERET

Belleza

GEVURAH                               CHESED

Fuerza                               Misericordia

YESOD

Fundamento

HOD                               NETZACH

Gloria                               Victoria

MALKUTH

Tierra

De las diez Sefirat, tres se hallan giradas hacia la izquierda (Binah, Gevurah, Hod), tres lo hacen hacia la derecha (Hokhmah, Chesed, Netzah) y cuatro permanecen en posición normal, en el centro (Keter, Tiferet, Yesod y Malkhut). Daat se considera una no-Sefirot. No es un atributo, sino el conocimiento-espíritu que recorre todos los pilares, la puerta por la que el Absoluto introduce su voluntad para intervenir en la existencia; el conocimiento que emana directamente de Dios, un devenir que no se limita a la meditación, a la revelación, o al razonamiento, [ilustración 20]. Todas ellas componen una escalera con peldaños en el centro por el que se asciende o se desciende, sostenidos por los soportes laterales. De manera que el ascenso se produce siempre por los atributos de la línea central.

Fachada_Prioral(4)_Cábala20

Cuatro puertas en la Fachada del Sol. La fachada lateral de la Iglesia Mayor Prioral, conocida como Puerta del este, o Puerta del Sol, por las razones que daremos a continuación debería denominarse Fachada de las Puertas porque destacamos en ella tres puertas: Puerta de Malkut, o puerta principal de acceso al templo; Puerta de Yesod, adintelada, correspondiente al par de columnas que jalonan la puerta principal aunque ligeramente destacada para señalar una separación con el umbral principal; la Puerta de Keter, finalmente, queda marcada por el remate renacentista que domina Dios-Creador.

Aún podríamos señalar dos nuevas puertas. La Puerta de Tiferet, Belleza, correspondiente al gran arco con los símbolos de la ciudad: La Virgen y el Castillo; y la Puerta de Binah-Hokhmah, adintelada, sustentada en las dos columnas destacadas del frente, cuyo eje central corresponde a la clave del arco anterior. En el templo judío de Salomón, a imitación del Tabernáculo, las habitaciones se reservaban mediante velos. Entre ambos extremos hallamos otros muchos estados de conciencia y de acercamiento a la verdad, encerrada en el sancta y en Keter. Los portales del templo son idénticos a los niveles de la Cabalá. De este modo, el mar de bronce, el objeto sagrado utilizado para las abluciones, es el Malkuth donde el alma se purifica para inmolarse en Yesod, simbolizado por el Ara de los Sacrificios. Las columnas que presiden el portal son Jachim y Boaz, el Sol y la Luna, el rigor y la misericordia divinos, Gevurah y Hesed[33].

Después de atravesar con éxito el primer velo, el alma se encuentra en el vestíbulo del templo, en Tiferet. Para cruzar el segundo velo y acceder al lugar santo debe equilibrar el conocimiento y la intuición, la reflexión y el impulso; debe aprender a controlar su actividad decidiendo sobre los deseos y las necesidades, entre Binah y Hokhmah. Superada la prueba, el alma se encuentra en condiciones de acceder al lugar santo, Keter. El misterio de Keter es que no es un fin en sí mismo, sino sólo un punto que marca el fin de un ciclo: Obtenido el nivel Keter, el alma comenzaría una nueva peregrinación por los Sephirat, como si se tratara de un Malkuth de nivel superior. A partir de aquí, todo depende del Creador; por eso, el alma debe pedir para merecer el acceso a Keter y disfrutar por un instante de la corona de zafiros que iluminará su vida eligiendo entre dos poderosos dilemas, dos zafiros refulgentes: Binah y Hokhmann. El primero le obligará a confiar en la razón y el entendimiento; el segundo, en cambio, en la inspiración y la revelación. Cuando se alcanza Hokhmann, Binah toma el control y le hace huir; y vuelta a empezar. En cambio, si reprime el deseo intelectual de entrar, y adopta una actitud paciente, esperando la ayuda que aparece apenas entreabre el portal, podrá ver el interior del Sanctasantórum y contemplar la luz que emana.

Tres niveles del Templo, por tanto, que son una expresión de los tres niveles del mundo (físico, mental y espiritual), y corresponden a los tres primeros grados de la Masonería operativa: Aprendiz, Compañero y Maestro. Por el análisis anterior se puede deducir que el autor de la fachada sabía qué quería expresar cuando dispuso los elementos arquitectónicos y decorativos. Si atendemos a una lectura progresiva de mayor a menor y dependiendo del tamaño, lo lógico es que la primera puerta corresponda a la Puerta de Binah-Hokhmah. Fachada_Prioral(4)_Puerta21 Las habitaciones del templo se reservan mediante velos, [ilustración 21]. A Malkuth se opone Keter, como al recinto exterior del templo, el de los sacerdotes, se opone el Sanctasantórum, el lugar más reticente del recinto cubierto. Entre ambos extremos hallamos otros muchos estados de conciencia y de acercamiento a la verdad, encerrada en el sancta y en Keter. Los portales del templo son idénticos a los niveles de la Cabalá. El tercer nivel es el más complicado. De nada valen las habilidades de los niveles anteriores que despertaron valores controlables por la voluntad humana. Estos tres niveles del Templo son una expresión de los tres niveles del mundo (físico, mental y espiritual), y corresponden, como hemos dicho, a los tres primeros grados de la Masonería especulativa: Aprendiz, Compañero y Maestro.

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1 Borissavlievitch, M.: “Perspectiva” (París, 1956); “Le nombre d’or et l’esthétique scientifique de l’architecture” (París, 1962)

2 Para que esto fuera enteramente cierto el espectador debe mirar la Fachada con un sólo ojo y el plano de representación debe ser esférico; es decir, una esfera de centro el mismo punto de vista y radio la distancia principal (medida desde el ojo al pie de la perpendicular trazada desde dicho punto de vista, que coincidiría con la línea de horizonte). Evidentemente, en las ilustraciones explicativas no se ha hecho así.

3 http://www.arqhys.com

4 DE LOS RÍOS MARTÍNEZ, Esperanza: Antón Martín Calafate, iniciador de la reactivación del Gótico en la provincia de Cádiz, a través de la reedificación de la Iglesia Prioral de El Puerto de Santa María, artículo publicado por la Universidad de Cádiz, 2003

5 Falcón Márquez, Teodoro: “Un edificio gótico fuera de época la Prioral del Puerto de Santa María”, (Sevilla, 1992)

6 ALVAREZ MARQUEZ, Mª Carmen: La biblioteca de Don Antonio Juan Luis de la Cerda VII Duque de Medinacelli, en su Palacio del Puerto de Santa María (1673), en Historia, Instituciones, Documentos, 15 (Sevilla, 1989), pp. 251-390.

7 DE LOS RÍOS MARTÍNEZ, Esperanza: Antón Martín Calafate… , (ob.cit.)

8 SANCHO MAYI, Hipólito: Historia del Puerto de Santa María desde su incorporación a los dominios cristianos en 1259 hasta el año mil ochocientos. Cádiz, 1943; “Un maestro constructor portuense del seiscientos”, sin fecha; este artículo inédito estudia la figura de Francisco de Guindos y su trabajo en la Prioral. En él habla, con gran perspicacia, del sentimiento arqueológico de esta maestro mayor, discípulo de Antón Martín Calafate, quien también terminó la sala Capitular del portuense Monasterio de la Victoria, igualmente respetando su estilo gótico original. (citado en “Antón Martín Calafate…” de los Ríos Martínez, Esperanza; (ob.cit.).

9 GARCÍA PEÑA, Carlos: «Pocas son, hasta ahora, las noticias que poseemos sobre tal artífice, vecino de Jerez de la Frontera. Se sabe que en 1628 se ocupaba con su pariente, el cantero Domingo Hernández Calafate, en la construcción de la sacristía de la parroquia jerezana de 5. Dionisio, proyecto que había realizado compitiendo con otro presentado por el maestro Pedro Rodríguez del Raño. En uno de los dibujos que realiza para la reconstrucción de la Prioral portuense, afirma haber construido la iglesia de Conil, por lo que podríamos situar esta obra entre 1628 y 1647 en que comienza a trabajar en El Puerto. Parece que se le deben también las trazas del convento dominico de Nuestra Señora del Rosario dc Cádiz, obra que dirigió con Bartolomé Ruiz, quien le sucedió hasta 1661, tras la muerte de Calafate, acaecida en l659. Sus intervenciones en la sacristía de la parroquia jerezana de Santiago y en el convento de la X’ictoria de Sanlúcar de Barrameda denotan que era apreciada su maestría más allá del ámbito local.» Algunas intervenciones del siglo XVII en la Iglesia Prioral de El Puerto de Santa María. Anales de Historia del Arte, nº5. Servicio de Publicaciones. Universidad Complutense. Madrid, 1995

10  En el artículo inédito sin fecha “Un maestro constructor portuense del seiscientos”, Hipólito estudia la figura de Francisco de Guindos y su trabajo en la Prioral. En él habla con gran perspicacia del sentimiento arqueológico de esta maestro mayor, discípulo de Antón Martín Calafate, quien también terminó la sala Capitular del portuense Monasterio de la Victoria, igualmente respetando su estilo gótico original.

11 Toribio García, Manuel: “Guindos, arquitecto portuense del siglo XVII” (Puerto de Santa María, 1988)

12 Ortega Ortega, Enrique y Perdiguero Prado, Mª Carmen: “Reedificación de la Iglesia Mayor Prioral durante el siglo XVII” (Puerto de Santa María, 1991)

13 Ortega Ortega, Enrique y Perdiguero Prado, Mª Carmen: “La capilla de la Pontificia e Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento en la Iglesia Mayor Prioral (Puerto de Santa María, 1998)

14 GARCÍA PEÑA, Carlos: «Parece que tal portada se labraba todavía en el XVII, y de ello habla claramente su remate, Aunque estructuralmente su esquema de arco dentro de arco no resulta infrecuente, es difícil encontrar tales anacronismos estilísticos en nuestro primer barroco. Todos los elementos son platerescos, pero la combinación es de tal insistencia que visualmente responde a un espíritu más propio del barroco pleno que del arte del XVI. De ello solo encontramos ejemplos parangonables en realizaciones americanas tales como la portada principal de la iglesia de Lampa olas de la iglesia de Santiago en Pomata, todas en Perú. En la portuense hay una mayor complejidad en cl diseño general, más dentro de la tradición clásica, aunque apenas reconocible a causa del aparato ornamental.» Algunas intervenciones del siglo XVII (ob.cit.) Madrid, 1995

15 (I Reyes 6:2-3)

16 (2 Crónicas 3:1-9) y (Ezequiel 40:5)

17 (I Reyes 7, 15-17)

18 AGUAYO COBO, Antonio: Lectura iconológico de l Puerta del Sol de la Iglesia Mayor Prioral de El Puerto de Santa María. Revista de Historia de El Puerto, nº 34, 2005 (1º semestre)

19 Ramírez, Juan Antonio: “Dios arquitecto – J.B. Villalpando y el templo de Salomón” (Madrid, 1999)

20 Viollet-le-Duc: Dictionnaire de l’architecture française du XIe au XVIe siècle (París, 1854)

21 No olvidemos que las Iglesias y Catedrales eran edificaciones que se ejecutaban a lo largo de muchos años y durante ese tiempo podían suceder distintos acontecimientos que obligaran a cambios (n. de a.)

22 Montañosa, J.: “La arquitectura como lugar” (Barcelona, 1974)

23 Serlio, Sebastiano: Libro I sette libri dell’architettura, (Venecia, 1584)

24 Vitruvio Polión, Marco: Arquitectura: Libros I-IV. (Madrid, 2008)

25 “Almendra”, en italiano (n. de a.)

26 John Michell: The Dimensions of Paradise: The Proportions and Symbolic Numbers of Ancient Cosmology. (Kempton-Illinois, 2001)

27 AGUAYO COBO, Antonio: Lectura iconológico de l Puerta del Sol de la Iglesia Mayor Prioral de El Puerto de Santa María. ob.cit.

28 SÁNCHEZ GONZÁLEZ, Antonio: “Luis de la Cerda había recibido una educación doméstica, al calor de las tradiciones familiares, por un lado, sostenida en los valores de una rígida y piadosa moral cristiana y, por otro, en una concepción profundamente humanista. (…) Profundamente cristiano, sólo así se entiende -como reconoce el Padre Las Casas- la manera de encajar por su parte la orden de la reina Isabel la Católica, cuando le pide que desista de sus intenciones descubridoras apoyando a Cristóbal Colón.” Don Luis de la Cerda, 500 años después (El Puerto de Santa María, 2001)

29 MUÑOZ Y GÓMEZ, Antonio: Noticia Histórica de las calles y plazas de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1903), pp. 216

30 VEGA GEÁN, Eugenio J.: Origen de las cofradías de la Piedad y el Santo Entierro de Jerez, Centro de Estudios Históricos Jerezanos, pp.5

31 ROMERO MEDINA, Raúl: Los canteros de la obra tardogótica del Monasterio de la Victoria de El Puerto de Santa María (1522-1544) (El Puerto de Santa María, 2010)

32 Wagner, Matthew: Judaísmo: La magia del difunto rabino Yitzhak Kanuri (The Jerusalem Post.2008)

33 Villalpando, J. B.: “In Ezechielem Explanationes et Apparatus Urbis ac Templi Hierosolymitani. Commentariis et Imaginabas” (Roma, 1596); W. Dietterlin: “Arquitectura de la distribución, simetría y proporción de las cinco columnas” (Nürnberg, 1598)

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GEOMETRÍA OCULTA

In Especulación on 15 abril, 2011 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez, abril 2011

Hay disciplinas de conocimiento que profundizan y especifican el saber, otras que relacionan los distintos saberes a fin de llegar a conclusiones válidas; y todas ellas, dependientes del desarrollo tecnológico que marca el ritmo de la Ciencia práctica. La Geometría es la única disciplina capaz de explicarlas y argumentarlas espacialmente. ¿De qué vale un conocimiento que no sabemos explicar, que explicamos y no nos entienden?
Si el saber actual se fundamenta en hechos observables, en visiones físicas de fenómenos también constatables, la Ciencia está condenada a seguir los instrumentos que faciliten la observación. De manera que, cuanto más preciso es el microscopio, más información se obtiene de la observación. Así, no deja de ser paradójico que la Ciencia actual esté ciega y que la teoría Científica vaya muy por delante de la práctica. Puede decirse que el noventa por ciento de la ciencia que se hace en la actualidad es especulativa, teórica, intuitiva, de genialidades matemáticas y ecuaciones físicas. Hay muy poca Ciencia experimental, práctica, de hechos constatables. La enunciación matemática precede a la ecuación física, y estas al descubrimiento del aparato tecnológico capaz de reproducir en condiciones óptimas los requisitos que exigen el planteamiento teórico.
Pero este no es el único problema. La excesiva especialización de los campos de investigación exigen que cada vez se precisen disciplinas de coordinación y relación entre ellas. Y en esta labor de explicación y comprensión del saber la Geometría aparece como argamasa integradora; bien plasmando modelos formales, bien aportando cierta lógica a estructuras complejas, adjudicando ubicaciones de partículas microscópicas y macroscópicas, y dando la disposición espacial de los átomos de carbono, hidrógeno y oxígeno de los compuestos orgánicos, por ejemplo; dando forma comprensible al modelo del ADN, etc.
La Geometría es la clave para alcanzar una vía única de obtención y explicación del Conocimiento. Recordemos la máxima latina:

«Omnia in numero, pondere et mensura»

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SEÑALES DE NUESTRA IGNORANCIA

In Especulación on 15 abril, 2011 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez, abril 2011

«Despiértate, levántate, busca a los grandes Instructores y presta atención porque el sendero es estrecho y aguzado como el filo de una navaja de afeitar.»

(El Loto Blanco, escritura hinduista)

Conocemos muy poco, casi nada; y ese escaso conocimiento está tan deslavazado que apenas constituye un pensamiento coherente. Basta abrir un libro, encender la televisión o ir al cine. Nos dejamos llevar por conjeturas e historias que parecen ciertas pero que no resisten la caída del barniz que cubre su pobre estructura conceptual. Nos hallamos como el recién nacido; peor aún, como el loco que se cree quien no es en realidad. La Ciencia sigue esperando descubrir el Conocimiento que le lleve a la Sabiduría y ésta no está en la comprobación física ni en la demostración. Sigue desconociendo lo fundamental.
En cuanto nos sumergimos a cierta profundidad, el peso del agua resulta tan abrumador, la asfixia es tanta, que pronto buscamos la superficie para seguir respirando el aire; necesitados del aire que nos quema los pulmones y nos destruye lentamente.
Cada día estoy más convencido de que únicamente la deseducación nos hará sabios, que todos los conocimientos generados por esta Humanidad de locos pueden resumirse en uno solo. Y el caso es que lo conocemos, que estamos hartos de leerlo, que nos lo hemos repetido en infinidad de ocasiones pero que, llegado el caso, lo despreciamos y proseguimos la búsqueda, convencidos de que debe haber algo más –¡siempre creemos que hay más, mucho más!–, hasta acabar exhaustos y abotargados, y entonces renunciamos a la búsqueda.
Este Conocimiento es el que ansía el sabio, que probablemente lo es porque lo halló. Es la palabra que resume una acción eternamente presente, origen y término, principio y fin de todos los ciclos, la meta de la Humanidad: El amor es la verdad única, remota y primitiva, que ha movido a los individuos y a las sociedades. Quien creyó tenerla la guardó celosamente y ha sido, y sigue siendo, el mensaje de verdad que han portado Avátaras, Hierofantes y miembros de la Logia Blanca en todas las eras zodiacales, y que transmitieron abierta y generosamente. A pesar de que ella misma encierra todo el poder de la Creación, porque es la Creación, los seres humanos la hemos despreciado por considerarla remilgada y superflua.
El cuerpo de la gran serpiente oscila en acompasados movimientos de subida y bajada, de bruscos giros a diestro y siniestro, debatiéndose entre un materialismo exacerbado y nihilista, hasta una espiritualidad que raya con la idiotez. Pasamos de no creer nada a creérnoslo todo. Tan pronto pensamos que el rigor, la demostración y el hecho experimental es el camino hacia la Sabiduría, como renunciamos a lo evidente en aras de una revelación trascendente.
No gastemos fuerzas en defender la bondad de lo blanco frente a lo negro, en demostrar que lo negro domina sobre lo blanco, o en hallar la manera de excluirlos en beneficio de lo gris y tibio. Al igual que la luz debe esforzarse por ser Luz, y la sombra, Sombra; del mismo modo, los contrarios deben actuar para que el Trinario emane, que el acto de creación se suceda y el ciclo se cierre en sí mismo.
Las personas ayudan. Los lugares y los objetos nos acercan a esa verdad, porque todo está relacionado con todo, y nada hay arriba que difiera de lo que podemos encontrar en nosotros mismos. De ahí que abracemos el tronco de un árbol para sentir su lento crecimiento, toquemos las piedras planas expuestas al sol de mediodía, notemos en el pie el chispazo del frío cuando lo metemos en el agua del mar, el rugir del viento, la furia del torrente al caer sobre el charco quieto, la oquedad mugiente de las cuevas, la inmensidad de la sima rocosa… La sensibilidad femenina percibió mejor estas sutilezas, más preocupada por estos tenues cambios; de ahí que la localización de lugares y objetos especiales, considerados sagrados porque en ellos se percibían con claridad estas energías telúricas, debió corresponderle a ella. Tal vez porque en ellas los ritmos biológicos se rigen por ciclos lunares. De ahí que las primeras sociedades matriarcales fueran regidas por brujas y magas que señalaban el momento de inicio y fin de las estaciones, estableciendo un calendario de ritos y manifestaciones sagradas que favorecieran esos poderes de pudrimiento y germinación de la Tierra.
No ha sido más que recientemente cuando el ser humano ha podido constatar la naturaleza de esas corrientes telúricas que los primitivos conocían y buscaban para edificar santuarios y lugares de especial significación. Estas corrientes con pulsiones de naturaleza electromagnética que recorren el planeta, favorecidos por el relieve, la conductibilidad de las menas metálicas, la existencia de fallas, temperatura interior o la presencia de aguas subterráneas, se manifiestan en cavernas y berruecos rocosos. Entrar y permanecer en silencio en ellos, interiorizando el pensamiento por la penumbra del lugar, favorecía la comunicación trascendente con esas fuerzas desconocidas y el neófito creía descubrir puertas a un universo de paz y armonía que desaparecía al salir. Considerados santuarios de exclusivo uso de la horda, el ser primitivo los convirtió en lugares de peregrinación donde lo numinoso e inexplicable surgía. Visitarlos equivalía a renovar la materia, a nacer de nuevo a esa fuerza creadora que se percibía en lo más íntimo del ser y que aún no sabían definir.
Afuera, se marca esta línea de fuerza que guía la corriente energética con piedras verticales, Menhires como agujas de una monumental acupuntura terrestre, como antenas cósmicas destinadas a captar la energía del universo astronómico y transmitirlas a la Tierra. Y alinearon estos menhires conformando largas avenidas o círculos concéntricos de piedras, recintos sagrados abiertos a la influencia de los astros. Y la Humanidad quiso ver en ellos los signos de un progreso, el portal que abría atajos al conocimiento de lo permanente, y se equivocaron. Las huellas de lo auténtico se perdió en la nebulosa del tiempo y el Saber primitivo mora enterrado en las mismas cuevas y simas pétreas donde el ser humano raramente se acerca si no es para molestar a los “genios” que moran en ellos.
Afortunadamente, aún quedan quienes han sentido la fuerza de esta verdad interior, alentada por ciertos fenómenos externos, y que nunca volverán a perderse.

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Geomería del Tiempo

In Análisis de Cuadros, Análisis geométrico, Geometrías ocultas on 21 marzo, 2011 by alvarengomez

GEOMETRÍA TRANSFORMACIONAL: UNA GEOMETRÍA DEL TIEMPO

©Álvaro Rendón Gómez, marzo 2011

El druida salió de madrugada. Aún no había amanecido cuando subió a la cima sagrada y esperó el germinar del sol. El cielo estaba despejado y las estrellas comenzaban a desvanecerse en aquel resplandor que rasgaba el horizonte. El mago apenas pudo concluir su momento de meditación, señaló con la mirada el punto de luz y alineó con él la vara de acebuche que asía. Después, grabó una línea decamanus en el suelo. Antes de extraer el cordel del bolsillo comprobó el alineamiento anterior. La cuerda de lino, trenzada con habilidad, llevaba dos nudos en sus extremos. Pasó el báculo por uno de ellos, clavándolo con fuerza en el centro de la línea primera. Fijó una piedra puntiaguda en el otro y lentamente, meditando cada movimiento del brazo, la desplazó alrededor del apoyo de madera hasta trazar un círculo de unas medidas especiales, [ilustración 1]. Absorto por la belleza y simplicidad del trazado, por la sugerencia de eternidad que aportaba, cerró los ojos y una lágrima de satisfacción brotó de sus asombrados ojos. Aquella línea sin principio ni fin, cerrada y equidistante del primer punto trazado, era la prueba irrefutable de lo inmortal, de lo permanente e inmutable.
Sin soltar el cordel del báculo y tomando como centro los puntos de corte del círculo con la primera línea orientada, trazó dos arcos idénticos para averiguar la posición en orto de una segunda línea, cardo, perpendicular a la primera por el centro del círculo, dividiéndolo en cuatro partes. Al terminar estas acciones había confeccionado un templo, un lugar habitado por Dios; había logrado templar, cortar y delimitar un espacio desde el que observar o contemplar(1) el cielo. Entró en él y cruzó las piernas en el suelo, sin dejar de escrutar las posiciones estelares. Buscaba una señal, un presagio… Unas golondrinas cruzaron el gran círculo. Sonriente, se levantó y extendió los brazos mirando de frente al sol, en la misma dirección marcada por las aves. Agradeció la ayuda para concluir la construcción. Despacio, meditando la intención de cada gesto, trazó cuatro segmentos interiores, cuatro cuerdas idénticas que unieron los vértices orientados del templo –que resultaron ser los extremos de los diámetros perpendiculares–, conformando un cuadrado cargado de significados. Símbolo de lo mortal, de lo imperfecto, medible y sensorial, el cuadrado interior se le antojó que podría tener otros significados trascendentes. Había brotado del círculo al orientarlo según las direcciones terrestres. Imaginó al ser humano con los brazos extendidos, la misma naturaleza encerrada en la divinidad, formando parte de ella, siendo ella misma, aunque concretada por cuatro rasgos de igual magnitud.

Aún permaneció un tiempo más, contemplando el resultado, imaginando ahora el cuadrado como una casa(2): El ser humano como continente de Dios, de su esencia trascendente, intermedio entre los dos reinos, el de arriba y el de abajo, la hembra-tierra y el macho-cielo, el fuego de arriba que funde el hielo de abajo. Simbolizaba el lugar de los contrarios armonizados; la conjugación armónica de cuatro segmentos o lados idénticos, dispuestos en orto o perpendiculares entre sí y delimitando en el círculo mágico un lugar para la contemplación de Dios; un lugar protegido, una casa de oración donde los fenómenos podían ser controlados por la limitada voluntad humana. El mago se sintió dichoso y disfrutó, a su manera, del momento de gozo de aquel amanecer que hinchaba sus pulmones de aire renovado y pleno. Recogió la cuerda y la sujetó alrededor de la cintura, anudándola en el costado derecho; luego, salió del templo y continuó su camino, convencido de haber obrado con sabiduría y humildad.
Así, el cielo y la tierra(3), el fuego, el agua y el aire, fueron combinados en un universo polimorfo en el que todo es posible, toda transformación realizable, y se cumplen los deseos de proteger el poder de la magia, reservándola para unos pocos elegidos. Y todo ello fue experimentado en los límites del Templo-Cuadrado. Nosotros utilizaremos el Plano Básico como probeta donde experimentar el espacio. Actuaremos como el viejo druida, recurriremos al primitivo axioma trismegístico que asegura que lo “lo de arriba es como lo de abajo”, y el macrocosmos como el microcosmos. Nuestro Plano Básico será al alambique microcósmico, cuyos resultados podrán extrapolarse a las leyes universales manifiestas en el macrocosmos. Que así sea.

  • Tras los pasos de una geometría vital.

Han pasado miles de años desde aquel encuentro solar del mago con los elementos de la naturaleza, de aquella contemplación directa; pero los misterios y los ritos continúan celebrándose bajo la bóveda celeste de los cielos patrios, se perpetúan en Escuelas y Hermandades dedicadas al estudio esotérico, empleando el número y, sobre todo, la geometría. Ahora se enseñan separadas. Como ciencias, estudian aspectos del todo. Hoy la vida se estudia como biología, los planetas como cosmología, los accidentes de la tierra como geografía, el pensamiento como filosofía y cientos de habilidades más como disciplinas que exigen planteamiento, desarrollo y conclusión cuantificable (tríada del silogismo lógico, llevado al absurdo de la demostración que puede constatarse por fenómenos sensibles). La geometría vital, movida por los misterios de todo aquello que sorprende al ser humano, ha quedado relegada a ciencia que estudia el espacio, la medida y la forma. Disfrazada de trigonometría y complicadas fórmulas analíticas, sobrevive al número como cuantificación. Atrás han quedado los signos que contenían, en su abstracta concepción, el espacio que representaban y las posibilidades perceptivas que desarrollaban. La geometría como símbolo que unía las partes del conocimiento humano, vínculo entre dos mundos (material y espiritual) encerrado en su poderosa manifestación divina, se extingue. La geometría, tratada como signo de una representación de lo evidente, se ahoga y pierde su quintaesencia. El ser humano, al percatarse que le falta esa herramienta que desarrollaría su capacidad de espacialización(4), se siente prisionero de un mundo que no comprende, impuesto como tridimensional(5), y en ocasiones, de modo independiente, como ancho, como largo o como alto.
Esta humanidad necesita volver a la geometría simbólica que permitía diferentes niveles de lectura (sensorial, intelectual, emocional y espiritual). Una geometría de la contemplación, meditación y experimentación espiritual. Que el ser humano vuelva a sorprenderse ante el rasgo intencionado, ejecutado sobre la superficie vacía del papel en blanco o la estéril pizarra. Una geometría captada desde la intuición y la analogía, que su significado último sea una revelación del misterio que encierra.
Existe una parte importante del conocimiento humano, el aprendido a través de los sentidos internos y que corresponde a un bagaje cultural que ya no es conocimiento de datos e informaciones sesgadas e interesadas, sino que es sabiduría porque nos salva y libera de nuestra condición de seres mortales. La sabiduría rodeada de misterio sostiene el interés por lo trascendente, la búsqueda de lo inmutable y duradero, y nos capacita para conectar con la verdad, simple y permanente. El misterio da alas a la imaginación, a la intuición creativa, imprescindibles para alcanzar la altura de miras suficiente para verlo todo en su dimensión justa, sin afectación. El misterio no es una vía de conocimiento pero sí lo impulsa, lo libera de la razón que nos exige la aprehensión de hechos concretos para sentirnos seguros.
El mundo, las cosas que nos rodean y las que imaginamos ver y sentir, ¿es como lo muestra la ciencia?, ¿no puede ocurrir que esta obsesión por reducirlo todo a hechos constatables esté deformando nuestra visión y nos muestre un mundo ajeno al real?, ¿cómo averiguar este extremo?… Estoy convencido en que las respuestas a algunos de estos interrogantes se hallan en la geometría mística, aquella que trata de desentrañar los misterios de la forma, y la única con capacidad para leer las insinuaciones de la posición y la orientación de líneas que al neófito se le antojan arbitrarias. La geometría, contenedora de formas que superan el intelecto humano, envuelve la vida y la infunde de sentido elevado, lo acerca a las fuerzas que hicieron posible el despertar de nuestra conciencia. Pero, ¿qué es geometría…? ¿Resolverá la Geometría los problemas de espacio-tiempo que nos preocupan? Para muchos, la geometría la constituyen extrañas figuras construidas con regla y compás, sin pararse a contemplar que todo cuanto nos rodea, puesto que es espacio y forma, queda bajo su jurisdicción.
Es imposible medir el espacio o comprender las formas derivadas de su estructura interna, sin un profundo conocimiento de sus principios elementales, de las estructuras ausentes en las que se basa.
La geometría es simbólica, una abstracción sígnica de la realidad percibida, una interpretación de los fenómenos más misteriosos y la única que posee el código formal preciso para desentrañar la inconmensurable obra del Creador.
Este análisis no puede ser expresado en su totalidad con palabras, con trazados o con voluntad de entendimiento. Es un análisis que exige mucha intuición y una predisposición positiva hacia una visión que se considera distinta a la habitual.

  • El espacio es geométrico

Para un ser unidimensional6, que vive feliz en su mundo bidimensional, una circunferencia es una línea que se desvanece por los extremos y que, al intentar, comprobar el final de ese extremo jamás lo encuentra porque estaría dándole vueltas al círculo eternamente, sin hallarlo. El círculo, en ese sentido, representaría para ese ser unidimensional la idea de infinito, inalcanzable.
Además, a ese mismo ser bidimensional le resultará físicamente imposible ver su centro por hallarse en su mismo plano de visión. Podría entender, después de comprobar su “redondez”, que la curva está formada por puntos que dependen de otro interior. Para un ser tridimensional, en cambio, ver el centro de esa circunferencia es algo normal, porque posee la dimensión que le permite elevarse del plano donde se encuentra dibujada y, desde arriba, mirar en dirección al plano del círculo y captar, con plenitud, la forma circular cuyos puntos dependen de su equidistancia al centro.
Si se le preguntara al ser bidimensional qué es lo ve cuando se le muestra un punto. Dirá que él sólo ve “un punto”, imposibilitado para sospechar otra forma. Sin embargo, ese punto mostrado, en realidad era una línea recta infinita aunque en una posición extrema, de canto, o perfil.
Del mismo modo, para nosotros, seres tridimensionales, también existe un espacio superior donde se puede ver todo aquello que permanece oculto a los seres del espacio tridimensional. Por ejemplo, el centro de una esfera. Ante una esfera el ser tridimensional se encontraría como el ser bidimensional, palpa su superficie e intuye su regularidad y su dependencia a un centro, pero literalmente “no lo ve”, impedido por la propia superficie. Para “verlo” tendría que cortar la esfera en dos y abrirla. Es decir, producirle “secciones planas máximas” que contengan al centro, para verlo. Es decir, transformando la esfera tridimensional en algo bidimensional (sus cortes planos), [ilustración 2]. Dicho de otro modo, para ver los objetos tridimensionales, los seres tridimensionales han de percibirlo como de dos dimensiones, mediante percepciones simples que lo reduzcan a una dimensión menor. En realidad, vemos el espacio tridimensional porque se “reconstruye” a partir de datos bidimensionales obtenidos mediante operaciones tan simples como proyectar y cortar.


Por eso, cuando se restituye el cuerpo tridimensional completo el centro aparece oculto a nuestra mirada tridimensional, aunque no para nuestra intuición que “ve” el sólido recompuesto. Si se desarrolla esta disciplina de la intuición se tendrá la capacidad, incluso, de moverlo, transformarlo, compararlo y, en definitiva, operar mentalmente con él.
Esto es lo que desarrollan los sistemas de representación espacial (diédrico, triédrico y perspectivas centrales) y que los alumnos estudian como “dibujo técnico”, ¡no hay nada tan burdo como llamar así a esta capacitación de lo espacial, reducida a una herramienta de usar y tirar, y no a una disciplina de desarrollo de la intuición, de ver en el espacio!…
Por eso, los que se acercan al estudio de las dimensiones ausentes, han considerado la existencia de un espacio donde las dimensiones sólo sean “una parte de un todo más complejo”, aunque más fácil de concebir. Es posible que lo que se interprete como dimensiones no sean más que manifestaciones fenomenológicas de ese todo. Que la singular manera de percibir del ser humano las interprete como dimensiones inexistentes.
Ahora bien, ¿cuál es ese todo continente de las ene dimensiones? ¿Dónde está; cómo se puede acceder a él…?

  • El tiempo geométrico incluido en el espacio

Parece una contradicción. La misma palabra “geometría” hace alusión a espacio y nada dice de tiempo. Los seres humanos damos categoría de tiempo al espacio que no comprendemos. Si somos capaces de imaginar que la línea es la consecuencia del “movimiento(7)” longitudinal de un punto; que la superficie lo es, a su vez, de una recta; y, finalmente, que el volumen, o sólido, es el movimiento de una superficie plana; llegaremos a la conclusión de que algo falla en el planteamiento porque bajo el disfraz del movimiento que añade infinitas posiciones al elemento, se oculta lo fundamental, la esencia del concepto espacial, independiente del tiempo, y viceversa.
Pero, ¿dónde se produce el movimiento puesto que, para que se desarrolle esa dimensión ausente en el elemento de partida, tendría que moverse en una dimensión que no contempla el espacio del propio elemento?
El movimiento de un punto, que es sólo posición, es inconcebible si no existe un espacio superior que permita su movimiento; si no es así, todos los espacios del mundo puntual quedarían limitados al mismo punto, sin más dimensiones que esa.
Ouspensky(8), a finales del siglo pasado, observó que cada espacio superior podía considerarse movimiento de otro inferior: «El espacio tetramensional sería la repetición infinita de nuestro espacio tridimensional, como la línea lo es de un punto». Propuso una nueva consideración, que coincidiría años después con las teorías relativistas de Einstein(9) y con las teorías de Hinton(10), muy posteriores. Puso el ejemplo de la rueda de bicicleta, compuesta por decenas de radios que mantienen el eje equidistante del aro. Cuando la rueda está quieta, estática, no gira, podemos atravesar los radios con un palo, aprovechando los intersticios dejados por dos radios contiguos. Pruébese a hacer lo mismo cuando la rueda gira. Resultará imposible porque los espacios huecos entre dos radios se ocupan por radios que se suceden a una velocidad diferente a la del palo que intenta entrar entre los mismos.
¿Qué sucedería si se intenta mover el palo a una velocidad tan grande que diera tiempo a aprovechar el espacio dejado por dos radios consecutivos? Que el palo, naturalmente, pasaría a través de ellos sin apenas rozarlo. Cámbiese el palo por un proyectil disparado por un arma de fuego. La bala atraviesa la rueda en movimiento sin dañarla, actuaría con la rueda como si estuviera quieta.
Algo parecido ocurre con la concepción del espacio. Todo está en movimiento: La Tierra se mueve alrededor de su eje; los planetas alrededor del sol; el sistema se desplaza hacia la constelación de Hércules… Los seres humanos no ocupamos jamas el mismo espacio físico aunque permanezcamos quietos. Vivimos en un continuo espacio-tiempo que concebimos en quietud, parado. Delimitamos pequeños espacios irreales desligados del macroespacio donde se haya sumergido. En ese contexto el punto es irreal, la línea, también, y el plano… Debe cambiarse el chip espacio-temporal y adoptar cuanto antes del todo cuántico en donde estamos inmersos.
En este sentido, la conclusión a la que llega Hinton es que,
“Si cada espacio superior puede ser considerado movimiento de otro inferior, no quiere esto decir que la dimensión que le falte al espacio inferior para transformarse en superior sea de naturaleza lineal, sino temporal, al ser el movimiento un fenómeno que se desarrolla en el tiempo.”
Añadiendo:
“Existen hipersólidos(11) en nuestro espacio que no son considerados como tales por no haber sido comprendidos en toda su extensión. Por ejemplo, el fenómeno del crecimiento, de la germinación de la semilla que se transforma en un árbol… Todos ellos pueden ser considerados hipersólidos.”
Y, de igual modo, cuando se contempla la figura de un cubo o hexaedro regular, cuya figura más representativa y vulgar es la del dado, se podrá imaginar que está formado por infinitos cuadrados dispuestos tan pegados entre sí que es imposible diferenciarlos. Cada uno de esos infinitos cuadrados sería una posición en el tiempo del cuadrado de partida, antes de moverse para transformarse en cubo. Si se dispone de la capacidad de imaginar cada una de las infinitas secuencias del movimiento del cuadrado se podrá detener en cualquier momento porque cada éste describe un momento tensional(12) del cuadrado de partida. La concepción del espacio superior que sugiere Ouspensky es fenomenológico y la geometría que lo explique debe ser de igual tipo.

El crecimiento es un desarrollo en el tiempo. Es espacio fenomenológico donde interviene el tiene y el aumento de tamaño. El crecimiento permite a la semilla hincharse y aumentar de tamaño, dejar de ser continuamente para trasformarse en instantes de presente que se funden en el tiempo. Este concepto de espacio como fenómeno del tiempo que se manifiesta en el crecimiento, llevaría a los geómetras egipcios a intentar encontrar ese límite en la monumentalidad de sus colosales pirámides. Lo que se levanta en pleno desierto no es la materialización de la soberbia de un faraón maniático de eternidad, sino el concepto mismo de ella. La Gran Pirámide es un trascender de la dimensión temporal mediante el tamaño, manejar una escala diferente e inconcebible para una percepción visual normal: La que se experimenta cuando se contempla desde el pie o penetra en aquella montaña de bloques descomunales. El espectador, asombrado, siente que entra en otra dimensión que lo supera.
En este sentido, es fácil imaginarse un espacio que es consecuencia del que entendemos como tridimensional; o, mucho más simple de entender, saber dónde se produce el “movimiento” de un sólido, y más concretamente, el movimiento mismo. Así, no es raro encontrar autores(13) que explican el espacio tridimensional como una de las muchas “secciones posibles” de un “hiperespacio”; en donde el sólido es una sección volumétrica o tridimensional de un hipersólido tetradimensional; como la superficie plana es la sección de un sólido; y, finalmente, la línea, sección de una superficie.
La mecánica del planteamiento es tan simple que todos podemos entenderlo: ¿Queremos explicar espacios con menos dimensiones?, quitamos alguna al nuestro; ¿queremos hallarle explicación a espacios con más…?, se la añadimos… Tanto si vamos añadiendo o quitando dimensiones, el hecho es que nunca abandonamos nuestro inexplicable espacio.
Y, se preguntará el escéptico: ¿Dónde está la cuarta dimensión?, ¿y la quinta, o la décima?… Si hemos ido añadiendo dimensiones a medida que nos fue haciendo falta para justificar nuestros planteamientos, el número de dimensiones no tendría fin; aunque sólo estemos capacitados para ver tres dimensiones espaciales más la temporal, de la que no estamos seguro de que sea una dimensión espacial…
La geometría de los fenómenos tensionales iría encaminada a desarrollar habilidades psíquicas, o, si me lo permiten, mágicas(14). Y ese será el objetivo de este libro, explicar una geometría de los fenómenos, comenzando por el plano Básico, en donde interviene el tiempo. El plano Básico es un cuadrado, que estudiaremos desde todos los puntos de vista posible, a fin de concretar todas sus propiedades.
Los físicos ya estaban acostumbrados a considerar al tiempo como la cuarta dimensión. La teoría de la relatividad revela que espacio y tiempo no son, en sí mismos, cualidades físicamente universales. Al contrario, necesitan unificarlos en una sola estructura tetradimensional, llamada espacio-tiempo. Kaluza fue más lejos y postuló que existe aún otra dimensión, una dimensión adicional del espacio; hay así cuatro dimensiones espaciales y cinco dimensiones en total:
“El campo gravitatorio de este universo pentadimensional se comporta exactamente como la gravedad normal más el campo electromagnético de Maxwell, al ser contemplado desde la restringida perspectiva de las cuatro dimensiones”.
Lo que decía Kaluza con su atrevida conjetura era que si ampliamos nuestra visión del Universo a cinco dimensiones, reduciríamos los campos de fuerza a sólo uno: la gravedad. Lo que llamamos electromagnetismo es tan sólo esta parte del campo gravitatorio que opera en la quinta dimensión, la nueva dimensión espacial que no se había reconocido; explicaría, de este modo, los fenómenos de la gravedad y el electromagnetismo con una misma teoría; además, ofrece formulaciones geométricas para los dos campos de fuerza. En su teoría, una onda electromagnética de radio, por ejemplo, no es más que una ondulación en la quinta dimensión, puesto que el movimiento característico de las partículas cargadas en los campos magnéticos y eléctricos explicarían estas cabriolas en esta quinta dimensión.
Para comprender un espacio de más dimensiones, de nada nos serviría emplear la perspectiva fisiológica de Borissavlievitch que deja al descubierto la deformación perceptiva de un objeto curvo; las consideraciones de Hinton o las conclusiones de Ouspensky(15), si el ser humano no tiene desarrollada la capacidad para verlas. Todo lo anterior quedaría como procedimientos capaces de reconstruir espacios aplicando tensiones a elementos estáticos inmersos en sistemas inestables, al igual que disponemos de procedimientos para reconstruir un poliedro a partir de su desarrollo plano(16), constituido por caras recortables.
En la versión moderna de la teoría de Kaluza-Klein(17) se postula un universo de once dimensiones18, todas las fuerzas de la naturaleza, no sólo la gravedad, son tratadas como manifestaciones de la estructura del espacio-tiempo. Lo que normalmente llamamos gravedad es una curvatura en las cuatro dimensiones del espacio-tiempo mientras que las otras fuerzas se reducen a curvaturas espaciales de más dimensiones. Si consideramos que las cuerdas elementales vibran en más dimensiones espaciales que las tres clásicas, tenemos la puerta abierta para aceptar que la gravedad se manifiesta a través de una dimensión no considerada hasta ahora. De este modo, y a esos niveles microscópicos, un átomo que se desplaza por una dimensión macro, manifiesta su movimiento lineal, como un vector, resultado de la composición de su movimiento a través de los ejes cartesianos X, Y, Z. Pero ese mismo átomo, como cualquier partícula, vibra durante el desplazamiento, ejecutando un movimiento extra, revelado por De Broglie, invadiendo los tres ejes espaciales, aunque su trayectoria sea lineal. Manifiesta sus dimensiones materiales de ancho, largo y alto; al mismo tiempo que se desplaza por un espacio contenedor de las mismas en cada punto de su recorrido. Este movimiento vibratorio ya establecería dimensiones espaciales asumibles y que estarían por encima de las generales aceptadas. Este movimiento vibratorio de las partículas no ocupan espacios misteriosos, son los mismos espacios ocupados por su átomo; por eso, se debe estimar que se hallan en su interior, en una acción denominada inferencia. Y, puesto que también se mueven en otras dos dimensiones dentro del átomo, realiza un total de tres movimientos en cada uno de los ejes X, Y, Z, por los que se mueve, mostrándonos un total de nueve dimensiones, que sumadas a la dimensión temporal, resultarían las diez dimensiones promulgadas por Kaluza-Klein como existentes.
Naturalmente, seis de ellas son tan diminutas que se consideran infranqueables. Sin embargo, algún día podrá salir una nueva teoría, que continuando la serie mentada, aduzca razones para atribuir otras dos extras para cada una de las nueve, obteniendo el resultado de veintisiete, más la temporal veintiocho.

Todas las fuerzas de la naturaleza no son más que geometría oculta en acción. Para acabar con esa idea de espacio multidimensional, solo mencionaré las conclusiones a las que llegó el matemático W. K. Clifford(19), en 1870:
«Que las pequeñas porciones de espacio son como colinas en una superficie que por lo general es plana… Que la propiedad de ser curvado o distorsionado se transmite constantemente de una porción del espacio a otra a la manera de una onda. Que esta variación de la curvatura del espacio es lo que ocurre realmente en ese fenómeno que llamamos movimiento de la materia. Que en el mundo físico no hay nada excepto esta variación.»

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(1) Cum templatio
(2) Casa es bait, letra que deriva de la letra beth hebrea
(3) El Templo de Dios se organiza tanto en el espacio como en el tiempo.
(4) Capacidad de espacialización es habilidad para ver espacio.
(5) La capacidad de espacialización es, para Graham, inteligencia espacial, o la capacidad de pensar en tres dimensiones, que incluye tanto la percepción de imágenes externas e internas, como recrearlas, transformarlas o modificarlas; así como, recorrer el espacio, o hacer que los objetos lo recorran, y producir o descodificar información gráfica. Extraído de GARDNER, H. 1995. Inteligencias Múltiples. Editorial Paidós. Barcelona.
(6) Que a pesar de vivir en un mundo de dos dimensiones él sólo es capaz de percibir una.
(7) En geometría el movimiento se considera una relación que une dos figuras congruentes: Traslación, giro, homología y homotecia.
(8) Para alcanzar siquiera un asomo de verdadera comprensión de nuestro mundo tendría que reconstruir completamente todas sus ideas, que revaluar todos sus valores, que revisar todos sus conceptos, que separar los conceptos unitarios y unir los que están divididos; y, lo que es más importante, tendrá que crear un numero infinito de otros nuevos P.D. Ouspensky “Tertium Organum”, pág. 63
(9) Durante toda su vida, Einstein soñó en construir una teoría en la cual todas las fuerzas de la naturaleza se fundieran en un solo esquema descriptivo basado en la geometría pura. De hecho, dedicó una gran parte de sus últimos años a la búsqueda de este esquema. Irónicamente, las mejores esperanzas que tenemos de realizar el sueño de Einstein surgen del trabajo de un oscuro físico polaco, Theodor Kaluza, que ya en 1921 sentó las bases para un nuevo y audaz enfoque de la unificación de la física. (“¿Vivimos en Once Dimensiones?”, por Paul Davies)
(10) Para explicar este hiperespacio empleó un cubo coloreado con 52 matices diferentes (como el juguete del cubo que sus caras se descomponen en 9 partes iguales y que pueden girar y descomponerse, inventado por el escultor y profesor de arquitectura húngaro Ernö Rubik en 1974). El hipercubo de Hinton se supone animado por un movimiento desconocido en ángulo recto respecto de todas las direcciones conocidas (las famosas direcciones “kata” -del griego “abajo”- y “ana” -del griego “arriba”- opuestas en la cuarta dimensión, equivalentes a derecha-izquierda, arriba-abajo, y adelante-atrás) y perpendiculares a las otras tres direcciones, que ya son perpendiculares entre sí. Este hipercubo recibió el nombre, inventado por él, de tessaracto o supercubo, o sucesión infinita de cubos que se desplazan en las direcciones kata-ana.
(11) Sólidos con más de tres dimensiones.
(12) La palabra tensional, referida a tensión, que empleamos proviene de tensor, una recta ponderada que posee situación, dirección y sentido; es decir, un concepto útil para designar una unidad de fuerza aplicada siguiendo una dirección determinada.
(13) Feinner lo concibe mediante analogías; Zönner empleando técnicas que rayan con el espiritismo y medionismo; N.A. Morosoff en fenómenos paranormales, o, finalmente, C. Flammarion, como explicación del movimiento expansivo, por el que los elementos desconocidos pueden manifestarse (refiriéndose a fuerzas imposibles de percibir físicamente)
(14) La magia es el conocimiento de hacer posible lo imposible a través de encantamientos. Si todo a nuestro alrededor depende de una deformación perceptiva, derivada de nuestra educación, ¿por qué no comenzar a aprender a educar nuestros sentidos para que lo perciban a través del prisma de la ilusión? Sólo entonces, será mágico y especial.
(15) Es interesante consultar, a este respecto, los libros siguientes: Bonola, “La Geometría no-euclidiana”; Hinton, C.H. “Una nueva era del pensamiento”, o “La Cuarta dimensión”; y Abbott, E.A. “Planilandia”. El mismo Ouspensky, en la pág. 417 de su obra citada, “Un nuevo modelo del Universo”, dice que la física, la química y la astronomía concebían el mundo en geometría euclidiana; alentándonos a hacerlo en una de tres dimensiones.
(16) Si no la reconstrucción del sólido como tal, sí, al menos, el espacio tridimensional que ocupan sus caras, consideradas como el límite entre el espacio tridimensional interior (invisible para nuestra percepción superficial, aunque no oculta a nuestra capacidad de inspección) y el espacio exterior que no es el poliedro.
(17) Con el descubrimiento de las fuerzas débil y fuerte en la década de los 30, la idea de unificar gravedad y electromagnetismo perdió mucho de su atractivo.
(18) ¿Dónde están las siete dimensiones espaciales que no vemos en nuestro espacio tridimensional? Kalusa dice que enrolladas” en círculos de modo que su tamaño sería ínfimo. Aunque los espacios de más dimensiones pueden comprimirse de muy distintas formas (como esfera, toro esférico-donut–, hiperboloide de Hinton, paraboloide de Lovachevsky, etc.), con siete dimensiones, el número de topologías posibles sería enorme. La que parece más simple es hacerlo como heptaesfera, que se diferenciaría de la esfera simple en la posibilidad de conformar simetrías: En la esfera simple las simetrías serían respecto del centro, en la heptaesfera, poseería sólidos, planos, líneas y centros de polisimetrías añadidas. De este modo, en un espacio heptaesférico un punto (del espacio bidimensional) tendría la forma de una diminuta “hiperesfera” de siete dimensiones.
(19) W.K. Clifford: “Sobre la teoría espacial de la materia”, conferencia pronunciada en la prestigiosa Sociedad Filosófica de Cambridge.

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