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Un enigma llamado Julio Verne

In Especulación on 21 mayo, 2014 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 19.4.2014

 

El enigma brota al analizar la frase póstuma de Verne: “Me siento el más desconocido de los hombres”. Resulta paradójico que dijera eso uno de los escritores más leídos de la historia universal de la Literatura. Que alguien que defendió la naturaleza hueca de la Tierra, pionero de los ovnis y uno de los primeros ecologistas conocidos, creyera ser víctima de una lectura superficial de su obra.

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En Julio Verne, ese desconocido, Miguel Salabert la explica argumentando que en los relatos de Verne “el continente ha ocultado el contenido”. Tal vez, esta obsesión por ocultar se deba a una sobreprotección de su editor Pierre-Jules Hetzel, exhaustivo controlador de las ideas ocultas de Verne, que le permitiera seguir editando para supuestos lectores juveniles.

Al analizar su obra desde otra perspectiva, observaremos que Verne no escribe sólo aventuras para este público adolescente, sino que maliciosamente ha querido trasmitir “secretos” que, unas veces están relacionados con su dramática vida, y en otras revela conocimientos ocultados por sociedades iniciáticas de su época. 

¿Quién era Julio Verne? ¿Qué vida llevó este genial bretón, nacido en Nantes un 8 de febrero de 1828, y bautizado como Jules Gabriel Verne Allott? ¿Fue un “iluminado”, en el sentido esotérico del término, o un profeta que se adelantó a su tiempo con descubrimientos como el ascensor, las armas de destrucción masiva, el helicóptero, las naves espaciales, la red de comunicación terrestre (internet), los motores de explosión y eléctricos, los trasatlánticos y las plataformas marinas (portaviones), así como la navegación subpolar a bordo de un submarino?

¿Qué fatalidad le persiguió a raíz del rechazo de su prima Carolina Tronon que convirtió su juventud en un infierno, agravada a raíz del casamiento de esta con un “presumido de Nantes”?

¿Qué extraña novela escribía cuando en 1886, con 58 años e instalado en Nantes, Gaston, su sobrino –hijo de su hermano Paul-, le dispara dos tiros de revólver que lo deja cojo para el resto de su vida?

Tal vez se trataba de la novela titulada París en el siglo XX, donde un joven vive en una ciudad con rascacielos de cristal, trenes de alta velocidad, automóviles propulsados con gas, calculadoras, red mundial de comunicaciones, pero que le resulta imposible lograr la felicidad y acaba trágicamente.

Esta novela pesimista habría deprimido al sobrino, enloqueciéndolo y acabando internado en un manicomio. Su editor la juzgó como peligrosa y decidió esperar veinte años para publicarla, guardándola en una caja fuerte, y viendo finalmente la luz en 1994. 

Como cualquier autor, en Verne no todo fueron triunfos, glorias y parabienes. El manuscrito de su primera novela, Cinco semanas en globo, recorrió los despachos de quince editoriales –”quince necios”, como escribiría más tarde-, antes de convertirse en éxito.

La suerte fue seguir los consejos de su amigo Nadar que le recomendó al editor Julio Hetzel. Al acabar de leer el manuscrito, Hetzel le sugirió que convirtiera aquel libro polémico sobre la aerostática en una “auténtica novela”, porque “usted tiene talento”.

Desde su publicación en 1863, se convierte en un apabullante éxito de ventas. Ese mismo año, Hetzel le ofrece un contrato por veinte años, a razón de 20.000 francos por año, y con la obligación de escribir dos novelas anuales.

Y no todas sus novelas son creaciones propias y misteriosas anticipaciones. Aunque nunca dispuso de “negros” –de escritores anónimos que trabajaban para él-, en su novelaLa vuelta al mundo en ochenta días, toma los datos de un folleto turístico de la Agencia de Viajes Cook; el título, de un cuento de Edgar Allan Poe Tres domingos en una semana; y el itinerario, de un artículo de Le Magasin Pittoresque (1870).

El anuncio aseguraba que “gracias a la excavación del istmo de Suez, es posible ahora, partiendo de París, dar la vuelta al mundo en menos de tres meses. El servicio para este viaje circular no ha de tardar en ser organizado (…) en total, ochenta días”.

Julio Verne fue siempre un desgraciado. Sus padres pertenecían a familias burguesas, ascéticas, católicas a ultranza y maníacas del orden y la puntualidad, que le negaron seguir su auténtica vocación, la de marino.

Por esta razón, a los once años, se fuga de casa y embarca clandestinamente en La Coralle que se dirigía a la India. Descubierto en Paimboueuf, fue devuelto a Nantes, donde fue azotado sin piedad, rompiéndose de este cruento modo las frágiles relaciones paterno-filiales.

En París estudia para abogado, aunque escribe piezas teatrales, óperas cómicas y sainetes. Alejandro VI, escrita en 1848, le sirvió para conocer a los Dumas, padre e hijo, y entrar en los círculos literarios parisinos.

Enterado el padre, suspende el envío de la pensión de 100 francos semanales y Julio malvive como secretario del Teatro Lírico. En 1856 se traslada a Amiens donde conoce a Honorine, viuda con dos hijas pequeñas, con la que se casa al año siguiente.

Pronto descubrirá que su matrimonio es un fracaso porque Honorine vive más pendiente de los fastos sociales que de su hogar. La muerte de su madre y los problemas de rebeldía de su único hijo, Michel, recluido en un manicomio a petición de Julio, le produjo drásticos cambios en su personalidad, que la muerte de su editor Julio Hetzel, hombre trabajador y dedicado a supervisar la obra de Verne, vino a acentuar.

El hijo de Hetzel, que continuó la empresa de su padre, no era tan riguroso en las correcciones como lo había sido aquel. Esta circunstancia obligó a Verne a dedicarle muchas horas a la corrección, lo que le ocasionó una parálisis facial.

Sin embargo, sus biógrafos afirman que el deterioro de la salud de Verne se debió a los tremendos desarreglos intestinales que sufría desde que estudiaba Derecho en París, donde gastó todos sus ahorros en libros y los esporádicos trabajos apenas alcanzaban para comer, lo que le ocasionó desarreglos estomacales e incontinencia fecal, que acabarían por desfigurarle la cara.

En una carta a su madre revelará el infierno de su vida: “Una vida que limita al norte con el estreñimiento, al sur con la descomposición, al este con las lavativas exageradas, al oeste con las lavativas astringentes (…) Es probable que estés enterada, mi querida madre, de que existe un hiato que separa a ambas posaderas y no es sino el remate del intestino.

Ahora bien, en mi caso el recto, presa de una impaciencia muy natural, tiene tendencia a salirse y, por consiguiente, a no retener tan herméticamente como sería deseable su gratísimo contenido (…) acarrea graves inconvenientes para un joven cuya intención es alternar en sociedad y no en suciedad“.

En 1888, Verne fue elegido concejal de Amiens formando parte de una lista de republicanos progresistas. Sus motivos para tal “locura” no fueron por vanagloria del poder, sino para servir a la sociedad, mejorar la ciudad, impulsar la instrucción y las Bellas Artes.

En los doce años que estuvo de concejal –en tres mandatos: 1892, 1896 y 1900- potenció el teatro, consiguió becas para la Escuela de Medicina, mejoró el trazado de Amiens y construyó un espléndido circo. 

El 26 de julio de 1905 escribe que tiene el “estómago deshecho, piernas enfermas, reumatismo por todas partes. Y a mi edad, uno no se recupera”. El 24 de marzo de 1905, viernes, a las ocho de la mañana, moría a causa de una diabetes. Antes de perder el conocimiento exclama “sed buenos”.

Fue enterrado en el cementerio de La Madeleine, al noroeste de Amiens. Le colocaron los brazos a lo largo del cuerpo y no sobre el plexo solar, pues decía que esta postura “obstaculizaba la salida del astral”.

La tumba es obra del escultor Albert Roze, íntimo amigo de Verne, que podría contener la clave de sus conocimientos, sus sueños y su obra. Siguiendo instrucciones de Verne, capaz de plantear en sus escritos más de cuarenta mil criptogramas, sobre el sepulcro, erigido en 1907, mandó esculpir una serie de objetos, como una rama de palmera, símbolo de la inmortalidad o del “ave phoenix” que resurge de sus cenizas; una palmera, Arbol de la vida, o “etz hajaim” de los cabalistas (etz, árbol; jaim, vida eterna).

Sobre la palmera, una estrella de seis puntas, la superposición de dos triángulos equiláteros antagónicos, el que simboliza a la tierra (vértice apuntando al suelo) y al aire (vértice apuntando al cielo).

También hay una cruz inscrita en un círculo, que simboliza las cuatro direcciones del templo, o la realización de la obra alquímica; y una rama de olivo, símbolo de “la paz del justo”. La losa tiene forma de pentágono pitagórico. De él irrumpe, como brotando del suelo, un Julio Verne con la mano derecha alzada y orientada hacia el oeste, donde se destaca la posición de los dedos (1-3-1).

Según los biógrafos, Verne elaboró un epitafio que debía presidir el muro del mausoleo:Vers l’immortalité et l’eternelle jeunesse (hacia la inmortalidad y la eterna juventud), pero no existe tal epitafio.

En su lugar, Roze lo cambió por un acróstico incluido en el nombre Jules Verne, en donde destaca las letras J, L, V, R y E; es decir la la primera, tercera, sexta, octava y última E resaltan sobre el conjunto con un dorado especial.

Para J.J. Benítez, en su libro Yo, Julio Verne, sugiere que el acróstico podría significar, con las pertinentes correcciones en el orden: «Albert decide été, jour magique note, sepulture vers west (ouest)». Que se traduciría como “Verano, nace sepultura hacia Oeste”; es decir que, supuestamente, el sol del solsticio de verano, 21 de junio, por el camino del oeste, en el ocaso, «ennegrece» u «oscurece» el sepulcro.

La sombra de la mano abierta de «Verne» oscurece las fechas 1828 y 1905, de nacimiento y fallecimiento. Tras muchas reducciones numéricas y conjeturas, los números señalarían a la novela El testamento de un excéntrico, como el lugar donde Verne “escondió” las claves de su enigmático conocimiento. 

De todo lo anterior, muchos estudiosos apuntan a que Verne pudo tener acceso a otras “fuentes” del conocimiento, mucho más depuradas y secretas, sugiriendo una lectura iniciática de la obra de Verne.

El Viaje al centro de la Tierra, El castillo de los Cárpatos, etc., pudieran contener una simbología alquímica, ocultas doctrinas de masones y rosacruces; o revelarnos su pertenencia a hermandades tan secretas y esotéricas como los “Iluminados de Baviera”, la “Sociedad angélica” o la peligrosísima “Golden Dawn” (“Hermanos del alba dorada”) que, según Samuel Lidelí Mathers, estaba organizada en torno a once grados iniciáticos, bajo la protección y dirección de los llamados “Superiores desconocidos”.

¿Quiénes eran esos “Superiores desconocidos”? ¿Tal vez, conciencias cósmicas, seres astrales o demonios? En Verne nada debería sorprendernos y, quizás ahora, la lectura de sus apasionantes relatos nos revele lo que ha permanecido oculto durante más de un siglo. 

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Arquitectura sagrada

In Análisis de plantas, Análisis geométrico, Geometrías ocultas on 21 mayo, 2014 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 6.4.2014

 

Las construcciones sagradas, desde la más remota antigüedad, estaban destinadas a alojar al dios imperante. Respondían a una estructura también sagrada, derivada de formas geométricas consideradas secretas, basadas en el círculo, triángulo equilátero, cuadrado y rectángulos irracionales. 

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Durante muchos milenios, este conocimiento geométrico estuvo regido por las castas sacerdotales, reticentes a su divulgación, y tuvo su origen, según se cree, en los templos egipcios. De Egipto pasó a la civilización de Occidente por dos vías: el Génesis de Moisés, y por los escritos de los más grandes iniciados, que demostraron su habilidad para mantener el secreto una vez que tuvieron acceso a este conocimiento. Pitágoras, Herón de Alejandría, Platón, Apolonio de Perga, etc.

Los egipcios conocían las unidades físicas, como nuestro metro, pero jamás las aplicaron. Preferían medidas más casuales, como el codo. Comprendieron, como los pitagóricos después, que las medidas reales son sólo unidades abstractas.

A nosotros nos ha costado cientos de años llegar a comprender el mundo de las ideas de Platón, donde tienen existencia la abstracción geométrica de la realidad, como la línea recta real imposible en un Universo en continua expansión.

Sólo desde la abstracción es posible concebir la existencia de ejes de rotación, diámetros imaginarios de circunferencias, diagonales y mediatrices. Esta imposibilidad nos lleva a creer que realmente es imposible adoptar una base comparativa inmutable que sirva de aplicación para todo, puesto que el universo se mueve. Incluso, si la medida es el propio ser humano o cualquier otra referencia tomada como canon.

En estos casos, sería una solución paliativa, no definitiva. De ahí que los egipcios aplicaran a sus templos medidas casuales –posiblemente por imitación a los sumerios y acadios, que la aprendieron de las civilizaciones antediluvianas, muy anteriores a la egipcia-, conscientes de que los muros y cubiertas de un edificio son planos que, al reunirse, delimitan un espacio interior que debía ajustarse al ser humano para hacerse habitable.

La misión del geómetra arquitecto era fundamental. Nada menos que ajustar las medidas del Templo para ser habitado por la divinidad. En el origen de la humanidad, cuando las divinidades eran femeninas e identificadas con la Madre Tierra, el ser humano las localizaba en grutas y cuevas –de las que hemos citado algunas de las más espectaculares-.

Más tarde, cuando la humanidad prefirió adorar a dioses masculinos, levantó piedras puntiagudas de enormes proporciones, denominadas menhires –individuales, alineaciones de diferentes ordenaciones, círculos concéntricos, o como pilares de sustentación de otras piedras adinteladas-. Para volver a las navetas, talayots, taulas y construcciones más complejas, cada vez más parecidas a las pirámides mesopotámicas. 

Pero, si Dios se manifiesta en los cielos, en el aire, en el agua y habita en la tierra, es el dueño de la vida y de la muerte, ¿cómo acotar un espacio material, en mi pueblo, junto a la casa del párroco, y pretender que duerma allí el Creador del Mundo? Si esto fuera posible, ¿cómo construir un espacio así?

Resulta evidente que debió ser una tarea imposible y los grandes iniciados optaron por recurrir a los símbolos para representar en medidas humanas la infinitud de Dios. Un claro ejemplo de este simbolismo es la figura tetraédrica de la pirámide egipcia, síntesis abstracta de un montículo de arena del desierto, siempre cambiante y vencedor de las más terribles tormentas.

Al ser escalonada y acabada en forma puntiaguda, representa al sol –el vértice superior de la pirámide cuadrada de base cuadrangular regular-, siendo las aristas laterales, los rayos benéficos del mismo, que se hunden en la Tierra fecundándola. 

Este conocimiento sagrado pasó al pueblo de Israel a través del Libro del Génesis, escrito por Moisés que, como se recordará, fue educado por los egipcios para convertirse en sumo sacerdote. No hay otro pueblo sobre la faz de la Tierra que haya inventado tantos mitos como el hebreo, experto en asimilar las costumbres de las naciones que han ocupado o bajo las que ha vivido esclavizado.

De todos ellos ha sabido extraer, sintetizar y divulgar primitivas creencias, ancestrales ritos y saberes de iniciación con los que ha conformado una religión ecléctica y sincrética con la que, a lo largo de su larga y obligada trashumancia, ha inoculado también a muchas otras.

Durante mucho tiempo, la geometría sagrada se transmitió encubierta en una disciplina cabalística denominada Gematría que, indirectamente, formaba parte de las enseñanzas esotéricas que el maestro de obra iba mostrando al aprendiz.

En Gematría, al triángulo qquilátero se le asigna la letra Alef (a); al Cuadrado, Mem (m), y al Pentágono, Shin (c). Alef, Mem y Shin son letras-Madre porque originan las restantes letras. Efectivamente, si tomamos los polígonos regulares simples como punto de partida y tratamos de generar polígonos de número de lados múltiplo de los anteriores:

  • Triángulo Equilátero (3 lados) –> Hexágono regular (6 lados = 3 x 2) –> Dodecágono regular (12 lados = 6 x 2 = 3 x 4) –> Polígono de veinticuatro lados (24 lados = 12 x 2 = 6 x 4 = 8 x 3); es decir, todos ellos múltiplos de tres y obtenidos por el duplicado del anterior.
  • Cuadrado (4 lados) –> Octógono regular (8 lados = 4 x 2), consecuencia de duplicar el número de lados del Cuadrado.
  • Pentágono regular (5 lados) –> Decágono regular (10 lados = 5 x 2) –> Polígono regular de veinte lados (20 lados = 10 x 2 = 4 x 5) –> Polígono regular de cuarenta lados (40 lados = 20 x 2 = 10 x 4 = 8 x 5); es decir, todos ellos múltiplos de cinco y obtenidos por duplicado del anterior.

Durante la Edad Media, en la época de las catedrales, románicas y góticas, el maestro de obra, “qui messoribus prærat”, y el “magister muri” optaron por la majestuosidad, por espacios interiores grandiosos, por estructuras parecidas a una nave invertida –la nave de Pedro capaz de surcar el firmamento-, por el primitivo método de poner una piedra sobre otra. En realidad, un pilar sobre otro, que no es lo mismo. 

Lo más apasionante de estas construcciones sagradas que podemos disfrutar de ellas, porque en la arquitectura española hay un itinerario de edificios sagrados con marcados significados esotéricos, labrados por una geometría vital y trascendente, y cuya lectura queda reservada a unos pocos escogidos. Sólo les falta indicar con un cartel, a la entrada, la famosa frase de Platón: «No entre quien no sepa geometría».

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Esoterismo del Ajedrez

In Especulación on 21 mayo, 2014 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 23.3.2014
¿Alguna vez nos hemos parado a pensar sobre el origen y finalidad de muchos de los juegos que entretuvieron nuestra niñez? Aventuras tan extrañas como el Juego de la Oca, que nos obligaba a saltar de una casilla a otra porque aplicábamos la regla del pareado “de oca a oca y tiro porque me toca”; los castigos que sobrevenían al caer a un pozo; pasar varias manos inactivos por estar en la cárcel; o dejarse llevar por la corriente al caer en el casillero de un puente.
® AD ENTERTAINMENTS ||| PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓNMuchos creemos que este juego es esotérico, con mensajes que escapan de nuestra habitual comprensión; siendo el preferido de los maestros canteros, constructores de catedrales, que se veían obligados a viajar de una obra a otra bien porque el cabildo de la catedral se hubiera quedado sin recursos o porque sobrevenía el invierno. Algún día, hablaremos del Juego de la Oca, así como del Tres en raya, la Gallinita ciega, el Dominó, las Damas, o la Rayuela, cuyos orígenes se pierden, como decía el poeta, en la nebulosa del tiempo.
Hoy nos ocuparemos de saber un poco más sobre el Ajedrez, ese maravilloso juego de estrategia creado, según conocemos por la narración de Al-Sefadi referida al rey de Persia que estuvo tan encantado por el juego que prometió regalar al inventor lo que deseara y él se limitó a señalar que “sólo” deseaba un grano de arroz en el primer casillero; dos, en es segundo; cuatro (22), en el tercero; dieciséis (42), en la cuarta; y doblando en las siguientes. De manera que llegado al casillero séptimo, la cifra iba por 4.294.967.296 granos.
No hubo arroz ni en toda Persia, ni en todo Asia para pagar al inventor del ajedrez. ¿Sabéis cuál fue la cifra final: 18.446.744.073.709.551.615 granos de arroz. Es decir, el equivalente a la producción mundial de toda la superficie de la Tierra durante ocho años. Todo en el Ajedrez es prodigioso y misterioso. Algunos maestros orientales empleaban el juego de ajedrez para desvelar la Sabiduría secreta encerrada en sus reglas y en su estructura. En los Puranas, todos los juegos de azar estaban absolutamente prohibidos por Manu. Sólo el ajedrez era enseñado por los brahmanes. Porque, para los kshatriyas, la guerra es una actividad sagrada, una manera de combatir los errores y afirmar las virtudes del Ser. Es también un ritual que permite dominar la realización en el plano presente de manifestación. Lo que se sabe a ciencia cierta es que el Ajedrez es una variante de otro juego de estrategia muchísimo más antiguo, el chaturanga (que significa, “cuatro miembros”), que sirvió para desarrollar el xiangqi, el shōgi o el markuk, y originario de la India septentrional como juego para cuatro jugadores que situaban sus fichas alineadas con las cuatro esquinas del tablero. Tras la conquista del imperio sasánida por el Islam, entre los años 632 y 651, el juego se introdujo en otros continentes.
El que conocemos en nuestros días, se desarrolla sobre un tablero cuadrado, o damero, dividido en 64 cuadrados (8 x 8) del tipo mercurial (Mercurio-Hermes es el iniciador en los misterios) que se relaciona con Hod, la sefirah número ocho del Árbol de la Vida, en la Cabalá judía. Su número mágico es 1, por reducción esotérica [8 x 8 = 64; 64 = 6 + 4 = 10; 10 = 1 + 0 = 1], que se asocia con la vuelta al origen, y en el Tarot con el arcano de La Rueda de la Fortuna, la Rueda de Sâmsara para los budistas, anunciador de un nuevo ciclo, representado por dos animales girando sobre la rueda, uno asciende y otro desciende. El uno es símbolo de la unidad. Para Lao Tsé, “el Tao origina lo Uno, lo Uno original, del que deriva el Yin y el Yang, del que parten todas las cosas”. El I Ching va más lejos añadiendo que ambas energías (positiva y negativa) engendraron las cuatro figuras (szu-hsiang) y estas engendraron los ocho signos. En La Doctrina Secreta de H. P. Blavatsky el ocho es la ogloada, el movimiento eterno y su espiral de los ciclos, simbolizado por el caduceo (que corresponde a Mercurio).
Las piezas se dividen en dos bandos, o ejércitos: los de la luz o devas, las piezas blancas, y los de las tinieblas, o asuras. Para René Guénon, lo blanco es símbolo de lo manifestado o fuente original de toda la gama cromática y corresponde a la tierra; lo negro, es lo no-manifestado, o ausencia de luz, y corresponde al cielo.
Ambos contendientes parten con el mismo armamento: infantería, o peones; caballería, o caballos; carros de combate o torres; alfiles o elefantes); y los mandos o autoridades, el rey y la reina. Hablar de los peones, la infantería de vanguardia, es hablar de piezas susceptibles de sacrificarse (de sacrificio, o sacro oficio), y sus movimientos son limitados. Dentro de la mística del juego, la finalidad del peón es liberarse de la rueda de encarnaciones, o sámsara, y alcanzar el terreno enemigo, al otro lado del tablero, adoptando allí una nueva forma o categoría para regresar a la contienda purificado. El sacrificio del peón es ritual, es como el bodhisattva, o acto de renunciar al nirvana hasta que todos sus semejantes sean liberados.
Los árabes tradujeron por alfil la pieza que representaba al elefante que, en Europa, pasó a llamarse flor, o bufón (Francia); slom, o elefante (Rusia); bishop, u obispo (Inglaterra). Alfonso X El Sabio, en su Libro del Ajedrez, representaba a estas figuras como elefantes que sostenían sobre sus lomos una torre con arquero.
El elefante es el dios Ganesha de la sabiduría, o Krishna en China, y, como hemos visto antes, Hermes o Mercurio en Grecia. Entre los amonios (antiguo pueblo que habitaban en la zona del oasis de Siwa, en el oeste de Egipto) denominaban a un oráculo Alpha, o Alphi, palabra de dios, referido al buey Apis, que pasaron a ser los toros sagrados de Memphis y Heliópolis. Plutarco deriva la palabra buey, por la letra alpha de los fenicios, o el aleph del alefato judio, o la primera letra del abecedario islámico; el elaph, raíz de nuestro actual alfil. El movimiento en L del caballo (dos casilleros en cualquiera de las cuatro direcciones del tablero, y uno a la derecha o izquierda) representa la unidad entre la dualidad de los opuestos, el principio hermético del ritmo. Musicalmente hablando, es un compás de métrica binaria, o de dos tiempos, donde se alternan pulsos fuertes o acentuados y pulsos débiles o átonos, en la cual uno de cada dos pulsos es fuerte. Se relaciona con el dios Poseidón, dios de los caballos, y simboliza el paso de las aguas, el paso de un estado a otro. En los rituales griegos, derivados de los hindúes, el sacrificio de un caballo era habitual, y los iniciados se recubrían con piel de caballo.
La función de la torre es delimitar diversos espacios del tablero puesto que su movimiento ocupa los cuatro vértices del casillero (90º x 4 = 360º). Desde el inicial, ocupando los cuatro vértices del tablero, afianzándolo como cuatro sólidos pilares, como los cuatro límites del mundo. Es el castillo interior del ser, fortaleza mágica capaz de proteger al Rey mediante enroques, o estados de ánimos que lo salvaguarden de los embates externos. Visto de cada lado del tablero, las torres son las dos columnas del templo masónico, representación de las dos columnas del Templo de Salomón, o las dos columnas de Hércules. Simbolizan las dos columnas del Árbol de la Vida Sefirótico, el Rigor y la Gracia, constitutivos de la Creación. Son las puertas de paso en el camino del conocimiento, auténticos pilares de Sabiduría, las construidas por Henoch que sobrevivió al diluvio. Las torres recuerdan al guerrero de la vida la obligación de cultivar las virtudes de la perseverancia, altruismo, moderación, meditación, concentración y compasión, para vencer en su lucha contra el mal.
Primitivamente, la función de la reina era la del consejero, o firzan, por la gran capacidad de movimiento que el asesor poseía. En el siglo XV, se cambia por el único elemento femenino del tablero, como Rey desdoblado en mujer. Si el Rey es la energía de la creación, la fuente de agua pura, desbordante e imperecedera, como Júpiter, progenitor de todos los dioses, amante de la vida y misericordioso Señor del mundo, la reina es la única con capacidad para expandir y transformar ese torrente de fuerza.
El rey es la figura principal, el alma del jugador, que trata de aprender a eludir los peligros de la vida, a enfrentarse a ellos con lealtad, coraje y hasta las últimas consecuencias. Sus cualidades más notables son la paciencia, la experiencia, la soledad y la sabiduría, que le permitirá huir del laberinto de los sentidos que acaba con el jaque-mate a la ilusión; es decir, con el acorralamiento y captura del rey. La corona que ostenta sobre su cabeza es la de Adam Kadmon, el hombre primordial, y tiene forma circular, como el cielo. Simboliza la posesión de la realeza interior que le permite gobernar con orden la voluntad Divina. La raíz simbólica de corona (k-r-n), es la misma que Kronos, cráneo, cuerno o Karn, palabra griega que significa “cima” o “cúspide”. Corresponde a Kether, la Unidad, la sefirah más elevada del Arbol Sefirótico.

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Principios latentes en la piedra

In Geometrías ocultas on 28 marzo, 2014 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez

Platón fue remiso a transmitir algunos de los conocimientos que obtuvo en Crotona, junto a Pitágoras y los pitagóricos, y que el buen observador podrá deducir de un análisis detallado y paciente de las estructuras de los templos de iniciación.

«Si se encuentra alguien para escribir un libro en que pretenda exponer mi doctrina sobre los puntos que más afectan a mi corazón y que crea haberlos aprendido de mí o de algún otro, o haber llegado a ellos por mí mismo, sabed que tal hombre no comprende nada del asunto. Porque no existe ningún escrito mío que trate de estos puntos y no existirá jamás. Porque este conocimiento no es susceptible de transmitirse como una serie de teoremas. Sólo después de largas meditaciones y de una íntima familiaridad con su objeto, es cuando brota la llama, como el incendio que produce el relámpago…, y su luz continúa sin que ya necesite de alimento exterior»

Muchos hechos están gobernados por pocas leyes. Este pequeño grupo de leyes estaría regido, a su vez, por siete principios o causas primeras de los hechos cotidianos. El mecanismo del universo, por tanto, funciona como una tríada formada por principios, leyes y hechos; cuyo símbolo es un triángulo equilátero femenino, cuyo vértice superior son los principios y, los vértices del lado de la base, las leyes y los hechos. Platón advertía de la simpleza de esta Verdad.

«El que ha captado una vez esta enseñanza, no corre peligro de olvidarla. Por lo demás, se trata de algunas fórmulas muy breves… Sólo unos pocos hombres las conocen»

Principio de mentalismo

Conservado en una máxima que actúa como regla mnemotécnica. Es muy conocida, aunque muy pocos escogidos conocen el modo como aplicarla a sus quehaceres cotidianos y, sobre todo, al trabajo interior. 

Todo es mente, el universo es mental

El mundo es una fantasía creada por nuestra mente. Sólo las ideas son reales. Los seres y objetos que nos rodean son meras entelequias, fantasmas que nuestra mente crea y mueve, meras apariencias… La Física, consciente de este hecho, ha desarrollado una teoría para conocer el estado de un sistema en su estado instantáneo, o cuántico; es decir, en el instante en que permanece quieto. De este modo, se podrá codificar la distribución de probabilidad de todas las propiedades medibles, u observables de la misma. Sin embargo, David Joseph Bohm, profesor de física teórica en la Birbeck College de Londres, creía que existen variables ocultas que no nos son accesibles. 

«Existen planos de realidad a los que únicamente podemos acceder mediante estados místicos, de éxtasis o estados modificados de conciencia»

El Templo no se habita, se vive; no se percibe, se siente en lo más profundo de nuestro ser. Como lugar de meditación, de recogimiento y trascendencia emocional, es el único medio de que dispone el ser humano inquieto para constatar con esta realidad interior, llegar a su verdadera esencia y avanzar en su reconocimiento. Muchos de los ritos y ceremonias que se desarrollan dentro del recinto van encaminadas a este despertar de las fuerzas y sentidos interiores. Nosotros lo llamamos iniciación pero es mucho más que ese drama psicológico, más que un mero cambio de nuestros puntos de vista.

Principio de vibración, de movimiento

El movimiento explicaría las diferencias entre lo que denominamos materia (como soporte inanimado), energía (fuerza o voluntad que impulsa el movimiento) o espíritu (resultado de la aplicación de la fuerza sobre la materia, el rastro del suceso, acción, fenómeno). De ahí que el principio rece así:

Nada está quieto, todo se mueve, todo vibra

Si todo es mental (por el principio anterior) y, además, son el producto de movimientos a niveles moleculares, el mundo es ahora más fantasía que nunca, al ser fenomenológico. 

La Creación se produjo mediante el Verbo, según el Génesis, pero, ¿cómo? La voz, la palabra, es la materialización inmediata y explosiva de un pensamiento-idea. Es inmediata porque los mecanismos mentales están acostumbrados a esta “traducción simultánea”, y es explosiva porque irrumpe en el aire como un choque y hace vibrar las partículas del mismo, en un simple cambio oscilatorio, que produce un torbellino que, después, el tímpano es capaz de recoger. Cuando la Voz divina irrumpió sobre la masa galáctica, plasma ionizado pre-gaseoso según los físicos, la nada informe del universo según los exégetas, produjo un cambio de presión, o densidad, tan increíble que hizo brotar de ella los planetas. Dios sólo tuvo que poner orden en el caos posterior, establecer el principio del orden mediante geometría. 

Todo conocimiento tiene un lado esotérico, oculto, que se rescata cuando los fieles reunidos rezan en alto, entonan cantos de una sonoridad increíble capaces de vibrar los cimientos del edificio, cuando el órgano entona los primeros compases y resuenan en la oquedad de un espacio destinado a potenciarlos, cuando el coro de voces angelicales entona el “Mea culpa” o alaba al altísimo con esos agudos tan altos que llegan hasta la superficie cóncava de la cúpula iluminada por el resplandor divino y vuelven numinosos a violentar nuestras almas. Transmitido por la voz, la energía vibratoria inunda todo el espacio del Templo y le llega a los fieles como un campo de fuerza que interpreta como el Verbo divino que recrea nuestro interior.

La sonoridad, el eco de sus muros, el sonido envolvente que se funde en la penumbra creadora de un espacio que no dominamos…; no necesitamos más pruebas que demuestren este principio.

Y, puesto que todo está en permanente cambio, en un devenir, el Templo es el recinto donde los cambios pueden y deben ser para mejorar el interior del ser humano. 

«Los verdaderamente sabios, conociendo la naturaleza del universo, usan la ley contra las leyes; lo superior contra lo inferior; y por el arte de la alquimia transmutan lo que es indeseable en lo que es apreciable, y así triunfan. La maestría no consiste en sueños anormales, visiones, e imaginaciones o vivencias fantásticas, sino en usar las fuerzas superiores contra las inferiores, escapando a los sufrimientos de los planos inferiores vibrando en los superiores. La transmutación, no la negación presuntuosa, es el arma del maestro.» El Kybalion

Principio de correspondencia

Es el más conocido y, quizás, el peor comprendido. Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba, todo está en todo

Que implicaría una correspondencia entre los diferentes planos de manifestación: Físico, mental y espiritual. Tres grados ascendentes que, partiendo del microcosmos, representado por el ser humano, acaba en el macrocosmos, el universo cósmico de los fenómenos elevados al que tiende.

En el Templo, estos tres planos están perfectamente delimitados: En el Nártex o vestíbulo, se realiza la preparación física y psicológica del neófito; y desde él, se baja a la cripta, donde se representará el drama de la muerte física. Los diferentes tramos de las naves del templo medieval, el Hekhal hebreo o la sala Hipóstila egipcia, lugar para el adiestramiento mental del iniciado. Los diferentes grados en la maestría se representaría obligando al candidato a permanecer en determinadas zonas, iniciales o finales, de este tránsito. Finalmente, el plano espiritual se localiza en el crucero o en el sagrario, como sanctasantórum. La muerte espiritual para resucitar en estado de gracia, se representará en la linterna, a la que hay que subir para acceder a la misma. Por tanto, el Templo está perfectamente equipado para que en él se den hasta tres tipos de iniciaciones: Trascendencia del plano físico, que se realiza superando las limitaciones de los sentidos externos y asumiendo el principio de mentalidad. La iniciación mental, permite desarrollar los sentidos internos; de ahí que en muchas disciplinas iniciáticas, el iniciado permanezca todo el tiempo con los ojos tapados o en recintos a oscuras, a fin de apagar los sentidos externos y potenciar los internos. La última iniciación, o Iniciación Mayor, es la espiritual, o Piedra Filosofal, a la que se llega a través de muertes sugeridas, y trances emocionales.

Principio de Polaridad

Expresado del siguiente modo: 

Todo es dual, tiene dos polos Todo tiene su opuesto. Los extremos se tocan. Todas las verdades son semi-verdades. Todas las paradojas pueden reconsiderarse, puesto que son grados de una misma verdad

El calor y el frío son relativos, se reducen a una cuestión de grados. El arriba o el abajo, o la izquierda y la derecha, dependen del punto de vista. 

En el Templo, este principio de polaridad se agudiza con la simetría axial acusada que manifiestan. Todos los objetos son dobles, tienen su simétrico, el eje, el medio, es el plano donde el principio se anula y la “realidad” se evidencia. Pasar de la luz a la sombra, del izquierdo al derecho, del odio al amor, no es un acto de transmutación, un cambio en la esencia; bastará variar el grado, la posición o el punto de vista.

Por otro lado, la dualidad polar de los templos explicaría la existencia de dos corrientes de pensamiento: El lado izquierdo, la del conocimiento racional, representados por los cainitas; el lado derecho, para los abelitas, los del rezo y la misericordia divina. Ambos, unidos por el pacto de Salomón, representante de los abelitas, con Hiram Abitt, descendiente cainita, para construir la morada de Dios.

Los masones reclaman como parte de su historia legendaria, algunos sucesos míticos que sucedieron, según se cree, durante la construcción del templo de Salomón. El Templo de Salomón, en este sentido, se alzaría como una alianza de estas dos corrientes, el pacto firmado de una cooperación iniciada entonces tendente a la búsqueda de la Verdad y su transmisión a la Humanidad. Los templos medievales confirmaron esta intención de alianza y potenciaron esta cooperación con la corriente espiritual de entonces: El cristianismo; aunque conservando las vías esotéricas de conocimiento, en vista de la persecución que inició la Iglesia, reacia a cualquier pacto.

• Principio de compensación, o de ritmo

Todo fluye afuera y adentro; todo tiene sus mareas; todas las cosas se elevan y caen; la oscilación del péndulo se manifiesta en todo; la medida de la oscilación hacia la derecha es la medida de la oscilación hacia la izquierda; el ritmo compensa

Fluir y refluir, avanzar y retroceder, ascender y descender; a cada acción le sigue una reacción, a la vida le sucede la muerte, y viceversa. Sin embargo, los sabios descubrieron que el principio de compensación cumplía su mismo principio. Comprobaron la existencia de dos planos mentales: Uno, inferior, inconsciente, donde imperaba la ley de compensación; otro, superior o consciente, regido por la ley de neutralización. El péndulo rítmico no afectaba a la conciencia. 

El iniciado, ubicado en el lugar idóneo del Templo, es capaz de escapar de las oscilaciones del péndulo rítmico, al elevar su conciencia hasta los planos emocionales y espirituales. En ese estado de gracia y felicidad infinita, el espacio y el tiempo se condensan en la bruma angelical donde son posibles los fenómenos trascendentes y el Macrocosmos se manifiesta como una inundación interior que lo desborda.

Principio de Concepción

Si el Templo representa, como hemos dicho, una alianza entre dos corrientes de pensamiento, cainita y abelita, no deja de ser representativo la manera como se manifiesta el género en estos recintos sagrados.

El género está en todo; es el principio activo (masculino) y pasivo (femenino)

Los gnósticos, una corriente de pensamiento más próxima a los cainitas, pensaban que ciertos atributos, como Sabiduría, Silencio, Verdad, Pensamiento, Fe, Gracia, eran femeninos y Dios los posee desde antes de la Creación. El primer Adán era andrógino porque fue creado a imagen y semejanza del Creador. La costilla de la que derivó Eva simboliza el atributo femenino extraído de Adán. 

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Geometría de algunos números

In Especulación on 21 marzo, 2014 by alvarengomez

© álvaro Rendón Gómez

Porcuna Digital 2.11.2013

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La Geometría, como los números, posee la capacidad de expresar toda la complejidad de los símbolos, de transcribir gráficamente su quintaesencia y valores abstractos. Sería difícil exteriorizarlos de otro modo.

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Su poder de abstracción de lo cotidiano, de despertar fuerzas ocultas e inexplicables, de evocar conocimientos esotéricos que ignoramos conocer por hallarse olvidados en el subconsciente de nuestro primer despertar, y, lo mejor, de decirlo bajo claves que lo convierten en algo inútil al profano, la hacen ser el vehículo idóneo de transmisión de ideas sempiternas.

«¿Acaso no sabéis que los geómetras utilizan las formas visibles y hablan de ellas, aunque no se trata de ellas sino de esas cosas de las que son un reflejo y estudian el cuadrado en sí y la diagonal en sí, y no la imagen de ellos que dibujan? Y así sucesivamente en todos los casos. Lo que realmente buscan es poder vislumbrar esas realidades que sólo pueden ser contempladas por la mente».

Platón, La República, VII

El número, como explicación cuantitativa del concepto abstracto de medida y longitud que transmite la Geometría, permite ahondar en conceptos que, por su amplitud y profundidad, nos despistaría. Así el triángulo equilátero, como figura regular de menor número de lados, es indeformable; cuando se une a otros muchos triángulos teje una red triangular que llamamos “isométrica”; además de estructuras sólidas y estables.

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También puede crecer numéricamente; al igual que las demás figuras geométricas, originando números poligonales [ilustración XX]. El menor de todos los presentes es el número triangular, que adopta la forma:

1, 3, 6, 10, 15… [n · (n - 1)/2]

Si se suman los cuatro primeros números de la serie natural, la suma será 10, que es el número de Dios, pues lo integran el uno (1) y el cero (0). Dios es la Unidad primordial, la mónada primera, origen de todo el orden cósmico. Simbólicamente, es el punto de partida de todos los números, implícito como substrato a lo largo de toda la serie numérica, latente tras la aparente multiplicidad de los seres y las cosas:

1 + 1 = 2; 2 + 1 = 3; 3 + 1 = 4; … [(n + 1) = N]

Es decir, cada número natural resulta de sumarle la unidad al anterior; de tal modo, que todos son susceptibles de quedar reducidos a dicha unidad. El cero (0), en cambio, es la nada. En la suma de la Tetraktis pitagórica menor [1 + 2 + 3 + 4 = 10], el 10 es la decena y simboliza el número de la clausura, fin de ciclo: A partir de él, la posición de la nada, el cero (0), multiplica por diez el valor del número situado a su izquierda. La diferencia entre 01 y 10, está en la posición del cero.

El cero a la izquierda no da valor a la unidad; explica la procedencia de lo creado, representado por la unidad, por la mónada. Situado a la derecha, en cambio, el cero indica todos los números anteriores derivados de la misma unidad [(1), (1+1), (1+1+1), (1+1+1+1)…]; es decir, todo lo comprendido en la unidad (1). El cero (0) a la izquierda es el vacío del todo y, situado a la derecha, la Década o la suma de todo el ciclo, el Cosmos.

La suma de los siete primeros números es 28 [1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7 = 28], que corresponde al plano de la Creación y oculta al Creador en el que se siente reflejado; de ahí que se pueda acceder al conocimiento de la grandiosidad del Creador estudiando los seres y objetos de la creación. Desde un punto de vista cabalístico el 10 y el 28 significan lo mismo; puesto que,

[28 => 2 + 8 = 10]

Si 28 es la suma de los siete primeros números, el número 7 simboliza el reencuentro, en el plano de la Creación, de la Unidad inmutable que es origen y síntesis de aquella. Es, de igual modo, el número de la formación, invitándonos a distinguir entre la forma aparente de la creación y lo que representa, entre la apariencia formal y el significado que velan.

La suma de los ocho primeros números es la Tetraktis pitagórica mayor:

1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7 + 8 = 36

Sumados entre sí : 9

3 + 6 = 9

Reducidos esotéricamente (es decir, utilizando base 9; es decir, que a las sucesivas sumas se les va restando 9 hasta que ya no sea posible)

9 => 0

De este modo tan sencillo, podemos ir sumando los nueve primeros, e igualmente los diez. La primera suma daría 45, que sumados sus dígitos, curiosamente, sumará 9. Por la reducción esotérica (de base 9) el resultado finalmente sería 0 (cero). La segunda suma, 55, sumarán sus dígitos entre si, 10; que reducidos esotéricamente, el resultado es 1 (uno), la Mónada.

El lector podrá combinar todos los conceptos vertidos y curiosear por los números. Será una curiosa experiencia.

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Masonería y número

In Especulación on 21 marzo, 2014 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 7-12-2013

 

La Masonería es una institución iniciática. Lo fue en su primera etapa operativa y lo sigue siendo en su actual momento especulativo. Durante el trabajo de la Obra, en cada iniciación el masón recibe los conocimientos y herramientas necesarios para superar los retos y avatares de su naturaleza cambiante; ilustrando los diferentes cambios en su estado y viviendo lo oculto que se esconde en el interior de cada individuo.

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Este proceso de búsqueda evolutiva no culmina al alcanzar el grado de Maestro. En la atalaya que ese estado de gracia le permite, observa desde otra óptica el sendero que ha de seguir. Como ser imperfecto ha alcanzado un punto sin retorno, sabe utilizar con propiedad las herramientas del libre albedrío, conoce dónde está el bien y cuando se convierte en mal, y puede elegir entre la virtud y el vicio, entre avanzar o retroceder, entre mostrarse tal cual es o seguir con la máscara que disfraza su verdadero yo interno.

Cada masón pule su piedra bruta, su personalidad, mediante el estudio de los símbolos masónicos; en una disciplina hermética donde misterio y ritual son claves para acercarse a la verdad. Una verdad, por otro lado, vivencial y revelada a cada individuo durante la soledad introspectiva, al alcanzar el momento dramático y trascendente donde la cera que ciega los ojos de su interior, se funde y cae.

Durante la iniciación el neófito ve la luz al final del túnel, comprende la arista que ha de tallar, la forma final que adoptará la piedra; consciente de que la Perfección está en el oriente, de que la luz cegadora únicamente la posee el Gran Arquitecto del Universo (G.A.D.U.).

Números y conocimiento

El significado profundo del uno se reserva a estadios superiores del aprendizaje esotérico. Entraña tal trascedencia que su transmisión oral se reserva a los iniciados superiores, a los que han logrado desarrollar ciertas habilidades introspectivas. Para muchos masones, el uno es la letra “G”, y su amplia gama de significados.

En griego, gé significa engendradora, madre. Es la primera letra de Geometría, Generación, Genio, Gnosis, Gravitación o Gracia. Palabras, todas ellas, que recogen los símbolos más secretos de la Masonería, omnipresentes en el G.A.D.U.

Será a través del estudio de la Geometría, de las medidas de la naturaleza y de sus principios, como se manifiesta la creación. La Geometría actuaría, así, como el orden en que la Mater Genitrix, la Diva-Mater, equivalentes a Demeter (de-mater), genera y conserva la vida.

La dualidad

El dos es la suma de lo uno consigo mismo y encierra el germen de la Creación. Todo procede del Uno a través del Dos. No es su antítesis, su contrario dual. El dos tiene entidad propia, es uno y uno, en idénticos valores. Es Géminis, los Gemelos, las identidades que no se suman pero interactúan: Dios y el Verbo, durante la Creación del Universo. El Verbo es Dios, y la creación es la Tríada, creada mediante un acto de interacción introspectiva.

«Él formó del Tohu (vacío) algo e hizo de lo que no existía algo que sí existe. Talló grandes columnas del éter inaprehensible. Él reflexionó, y la Palabra (Memra) produjo todo objeto y todas las cosas por su Nombre uno». (Sepher Yetsiráh, IV, 5)

Tres ventanas

En el grado de Compañero, el aprendiz dispone de tres ventanas abiertas a oriente, occidente y mediodía; y su aprendizaje dependerá de sí mismo. La luz de la ventana de oriente representa el conocimiento metafísico, necesario para comprender y asimilar los principios y leyes que lo gobiernan, cuyo fundamento geométrico debe dominar.

La luz de la ventana de oriente simbolizaría a la ciencia adquirida por la experiencia y el conocimiento de lo externo de los seres y objetos de la Naturaleza. Finalmente, la luz de la ventana de mediodía, simbolizaría la luz que emana del interior imprescindible para diferenciar los conocimientos que entran por cualquiera de las dos ventanas anteriores.

Cuatro velos

Durante la primera iniciación, el neófito atraviesa cuatro velos disponiendo de tan sólo tres modos de conciencia: Conocer; Sentir; Obrar. El color del primer velo es azul, que exotéricamente es el color de la amistad. Esotéricamente es el color espiritual. Es el color de la verdad eterna, el símbolo de inmortalidad. En hebreo es “teklet” derivado de la raíz que significa “perfección”. El emblema es el águila, el que se desarrolló del escorpión del Egipto, uno de los signos fijos del zodíaco, un signo acuoso. La tribu de Israel que corresponde al primer velo es Dan, de la que Jacob dijo:

«Dan juzgará a su pueblo, como una de las tribus de Israel. Dan será una serpiente en el camino, una culebra en el sendero, que muerde el talón del caballo, de tal manera que su jinete se caerá de él». (Génesis 49: 16)

El color del segundo velo es púrpura, combinación de azul y rojo, y color de la realeza. En la antigüedad, la púrpura se reservaba para las vestiduras de los reyes. Durante el ritual del Arco Real se denomina el color de la unión1. El emblema es Acuarius y la tribu de Israel, Rubén, de quién Jacob dijo: «Tú eres mi hijo primogénito, mi autoridad y el inicio de mi fuerza, la excelencia de la dignidad y 1a excelencia del poder: “Inestable como el agua”, tú no te distinguirás». (Génesis 49: 3)

El color del tercer velo es escarlata, emblemático para las emociones. Hace referencia al cuerpo emocional o del deseo, el tercero en la escala ascendente de los cuatro cuerpos del hombre. La simbología se refiere tanto a lo mental como a lo emocional del ser humano. El emblema es el Toro2, y el signo astrológico Taurus. La tribu de Israel que le corresponde es la de Efraim, de la que Jacob dijo: «Mira, yo haré que seas fecundo y que te multipliques; haré de ti una asamblea de pueblos, y daré esta tierra a tu posteridad en propiedad eterna». (Génesis 48: 4)

El color del cuarto velo es blanco, símbolo de pureza e inocencia. El emblema es el león, uno de los signos fijos del zodíaco. Leo es un signo del sol; de modo que, en muchas representaciones, el sol se asemeja a un león con las melenas extendidas a alrededor de la circunferencia, como si fueran irradiadas.

La tribu de Israel que le corresponde es la de Judah, de quién Jacob dijo: «A ti, Judah, te alabarán tus hermanos, pondrás tu mano en la cerviz de tus enemigos, se inclinarán ante ti los hijos de tu padre. Como cachorro de león, Judah, te has levantado, hijo mío, de la presa. Se ha agachado, se ha agazapado como un león y como una leona, ¿quién lo hará levantar? No se retirará de Judah el cetro, ni la bengala de entre sus pies, hasta que venga Aquél cuyo es el mando y a quién deben obediencia los pueblos. A la vid ata su jumentillo y a la cepa el pollino de su asna; lava en vino su vestido y en sangre de uvas su manto».(Génesis 49: 18)

Cinco viajes

Antiguamente, cuando el aspirante a ingresar en la Hermandad era aceptado, se le asignaba un Maestro Instructor que le enseñaba las reglas del oficio, y los deberes y derechos que adquiría al convertirse en compañero de la Camaradería. A cambio, se comprometía a servirle por cierto número de años. Después, cuando se convertía en compañero y adquiría las habilidades del oficio, viajaba por diversas obras a fin de perfeccionar el arte. Cuando creía hallarse preparado para adquirir el grado de maestro, se sometía a un examen teórico-práctico que, generalmente, acababa en una iniciación.

Actualmente, la instrucción se realiza en la Cámara del Aprendiz para que todos los hermanos se percaten de sus progresos. Una vez superada la prueba de grado se le someterá a cinco viajes simbólicos; consistentes en un paseo que se inicia en el norte y continúa en el oeste, para acabar en el este.

Como ocurría en la antigüedad para probar al mysto, recién convertido en epopto o vidente, que está capacitado para seguir el resto de la instrucción por sus propios esfuerzos y bajo la guía de su propia luz Interior, en cada uno de esos puntos se le hará entrega de un instrumento. Así, el primer viaje, iniciado en occidente y acabado en el norte, el aprendiz lleva el mallete y el cincel, con los que ollar y pulir la piedra irregular.

En el segundo viaje, con la finalidad de que actúe en armonía y equilibrio, se le entrega la escuadra y el compás; imprescindibles para medir y trazar círculos. Durante el tercer viaje, se le muestran la regla de 24 pulgadas y la palanca. Utilizará la primera para medir y ordenar las actividades. La segunda le servirá para desarrollar fuerza con un mínimo de esfuerzo; para ello, deberá emplearla con ambas manos a la vez, coordinando y equilibrando lo activo y lo pasivo que hay en él, añadiendo voluntad y pensamiento.

Es decir, armonizando las capacidades de potencia, resistencia y punto de apoyo. El viaje comienza en el este y acaba en las proximidades del Segundo vigilante. En el cuarto viaje, provisto de regla de 24 pulgadas y escuadra, que simboliza la Tau egipcia, la empleará para verificar la rectitud de los ángulos triédricos de la piedra y así adaptarla al trabajo del edifico en conjunto.

Inicia su viaje en el norte, próximo al Segundo vigilante, y acaba en el sur, próximo al Primer vigilante que le pedirá el signo y la palabra de pase. Si supera la prueba, iniciará el quinto y último viaje, denominado de retrogradación, consistente en una revisión, o reflexión en voz alta, de todas las actividades realizadas en los viajes anteriores, para que los examinadores tasen los esfuerzos y currículos del candidato.

Este repaso se realiza en este quinto viaje porque el cinco simboliza la caída del hombre, la involución del espíritu, la caída del yo en los lazos de la espiritualidad. Se inicia en la columna del norte y acaba en la del sur; es decir, siguiendo la altura de la escuadra que configuran los recorridos de los anteriores viajes.

Seis caras del Cubo

Es la auténtica piedra filosofal del masón, la representación de la Gran Obra masónica es el hexaedro regular o cubo, una figura geométrica compuesta por seis caras regulares, cuadrados, y ocho ángulos triédricos. En contraste con la tosca piedra vulgar, amorfa y sin tallar, el pilar cúbico representa al Maestro masón y, como él, está preparado para cumplir la función que el edificio social le demande.

Ideal de la perfección humana, el cubo representa las tres dimensiones físicas del espacio: Longitud, Anchura y Profundidad; que el masón interpreta como deberes que ordenan y rigen sus quehaceres, tanto mundanos como espirituales; que mide y organiza empleando la regla de 24 pulgadas, dedicando ocho horas para cada una de estas dimensiones espirituales, que cumplirá con rigor y justicia equitativa.

Llenará de trabajo y obligaciones las ocho horas de la longitud; de descanso y elevación individual e intima la dimensión de anchura; y, por último, empleará las ocho horas de la dimensión de profundidad para alimentar el cuerpo y el espíritu.

No es una casualidad que el desarrollo plano del hexaedro regular resulte una cruz latina compuesta por seis cuadrados que señalan dos direcciones planas (dirección vertical, con los sentidos norte-sur; y dirección horizontal con los sentidos este-oeste); las verticales vienen indicadas por cuatro cuadrados, y las dos horizontales, por tres.

De modo que, el cuadrado que sirve de unión a la verticalidad y a la horizontalidad, es común y superpuesto a ambas direcciones bipolares, correspondiendo al plexo solar, los pulmones y el corazón, cuando simboliza al microcosmos humano.

Siete dimensiones del espacio constructivo

El Santo Palacio o el Palacio Interior, en el Sepher Yetsirah, es el Centro del Mundo y está en el centro de las seis direcciones espaciales; es decir, las que establecen los cuatro puntos cardinales más los dos sentidos de la verticalidad, el arriba y el abajo.

Estas siete dimensiones componen el Septenario, insertado en el nombre divino, Jehová, representado por las cuatro letras iod [iey], hé [h], vau [a], hé [h], hyha; de las cuales, tres son distintas y una se repite, la hé [h]. Esta letra repetida sería el séptimo elemento, el centro alrededor del que giran las otras seis; y simbolizaría la inmanencia de Dios en el Mundo, la manifestación del Verbo Creador, el punto primordial del cual las extensiones indefinidas no son más que la expansión o el desarrollo.

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La Iglesia Mayor Prioral del Puerto de Santa María

In Análisis geométrico, Especulación on 2 agosto, 2013 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez, junio 2013

Parte 1: Análisis estructural de la Portada del Sol

Motivación. Siempre quise dibujar la fachada lateral de la Iglesia Mayor Prioral de mi pueblo, El Puerto de Santa María, la conocida como Portada del Sol. Deseaba aplicarle un análisis geométrico y mediante interpretaciones icónica y simbólica de sus formas descubrir los posibles mensajes ocultos. Para ello, debía partir de un dibujo a líneas lo más exacto posible. Ahí comenzaron las dificultades pues no se han conservado planos de construcción y realizar un calco sobre fotografías se me antojaba una tarea lejos del rigor exigido; pues, tomar un punto de vista excesivamente bajo, el de la altura a la que colocamos la cámara de fotos, implica una deformación anamórfica difícil de compensar. Para desaparecer la deformación óptica de la perspectiva cónica invertida que realizan las máquinas fotográficas habría que aplicarle una perspectiva óptico-fisiológica inversa (M. Borissavlievitch)[1].

Fachada_Prioral(1)_1

Obsérvese en la [ilustración 1] la deformación proporcional que sufre el objeto real al ser visionado por un espectador de a pie. El punto de vista del espectador (PV) es el centro de una esfera que hemos representado como Circunferencia sobre la que se proyectan todos los puntos y líneas destacados del objeto real.

El resultado es un dibujo esférico deformado que, al ser idéntico al que se produce en nuestra retina, lo consideramos normal. En el caso que nos ocupa, la fachada del Sol, al ser un paramento teóricamente plano o con escasos relieves, la deformación anamórfica es apenas perceptible; exigiendo una aplicación correctiva moderada.

Fachada_Prioral(1)_2

Apréciese lo que ocurre con la imagen esférico-cónica[2] tras aplicarle una perspectiva óptico-fisiológica inversa[ilustración 2], la contraproyección de la imagen distorsionada de la fotografía se proyecta sobre el plano del papel (2D) situado a una distancia imaginaria que hemos establecido en el eje de simetría del objeto real (3D).

Obsérvese que durante la restitución la imagen fotográfica vuelve a distorsionarse, ampliando ligeramente el tamaño. Por todo lo anterior, las medidas del documento gráfico de partida donde desarrollaremos el análisis no es real; aunque se ha procurado aplicar medidas correctoras que las compensaron. De este modo, procedí dibujando un calco a partir de una fotografía facilitada por José María Morillo[3], primera fase, consciente de que la imagen resultante sería ligeramente menor. En una segunda fase, acomodé el dibujo-calco mediante una expansión proporcional basada en la perspectiva Borissavlievitch. Finalmente, averigüé dónde quedaba la línea de horizonte de la fotografía, que estableció dos partes diferenciadas: Desde el horizonte hacia abajo y desde el horizonte hacia arriba. Dividí la parte mayor en diez partes y fui multiplicando las medidas por 01, 0,2… etc a medida que se alejaba de la línea de horizonte; tanto por arriba como por abajo.

Fachada_Prioral(1)_3 El resultado se muestra en la [ilustración 3], donde apreciamos las diferencias entre la fotografía y el dibujo a líneas considerado como definitivo. No es un calco a líneas propiamente, pero sí una copia a la que le hemos aplicado ciertos coeficientes de aumento dependiendo de la altura del modelo respecto del espectador. No obstante, se han señalado sobre el papel las zonas donde más ampliación correctiva se ha empleado.

Algunos datos sobre la Portada del Sol. «En la remodelación de la Prioral portuense hay una ecléctica mezcla del estilo arquitectónico tardo manierista propio de su autor, con el estilo originario de finales del XV y principios del XVI, que los comitentes pretenderían conservar deliberadamente» (Esperanza de los Ríos Martínez[4], pp. 166), [ilustración 4]

Fachada_Prioral(1)_4

Con posterioridad a 1647 la nueva Iglesia se la encargan al maestro mayor Antón Martín Calafate[9] que dirigió las obras hasta su muerte, el 19 de septiembre de 1659. Se hacen cargo de la obra don Francisco de Guindos[10] y doña Mencía; esta última por testamento, otorgado por sus hijas y doña Mencía Benítez, su viuda; aunque, en palabras del propio Calafate[11] “la obra está acabada”. Podemos decir, entonces que la portada-fachada del sol que pretendemos analizar fue concebida y ejecutada por el propio Calafate; lo que nos brindará la oportunidad de conocer mejor al autor. Por las razones que trataremos de explicar más adelante, las columnas principales de la fachada aparecen muy destacadas, al igual que el arco triunfal.

El proyecto inicial fue cambiado sustancialmente, pues el maestro había diseñado la nave central con bóveda de cañón[12], pero, a diferencia de esta propuesta, fue la bóveda de crucería el cerramiento finalmente elegido para todas las naves del templo, incluida la principal, si bien en ésta lo hizo mediante arcos de medio punto, pilastras con capiteles de tipo vegetal y motivos decorativos propios del barroco, como las cabezas de ángeles de las basas de los soportes[13]. Entre agosto de 1662 y febrero de 1663 le sustituye Felipe de Santiago al frente de los trabajos, algo bastante normal en estos trabajos de larga duración durante los cuales podía surgir la necesidad de un desplazamiento o una enfermedad del responsable.

Cabe señalar que por el empleo de arcos de medio punto y bóveda de crucería Calafate recibió fuertes críticas de Juan de Aranda Salazar que lo censuró como absoluta falta de medida. La cornisa curvilínea del remate con dos grandes óculos barrocos es algo posterior a la finalización de las obras de restauración, que sucede en 1671[14] donde ha pasado el rancio estilo renacentista puro, y en Italia se construyen los primeros edificios barrocos.

Análisis estructural. La estructura planteada por Calafate queda inscrita en un rectángulo básico, de lados mayores las líneas de ejes de las columnas principales y lados menores las líneas correspondientes al plano de la base y la que delimita el plano superior de las peanas donde se ubican las esculturas alegóricas a la Fe y a la Caridad Ese rectángulo básico es de ratio 2:1 (rectángulo 1 de la ilustración 5), y en él se destacan varias zonas arquitectónicas peculiares que analizaremos en el apartado siguiente. Ahora, baste decir que la zona 1 es un elemento arquitectónico significativo que atañe a la puerta principal de acceso al templo [rectángulo 2, en la ilustración 5] y las zonas 4 y 5 la componen el Castillo y la hornacina central de la Virgen [rectángulo 3, en la ilustración 5].

Fachada_Prioral(1)_5

En una primera interpretación se nos antoja explicarlas como una clara referencia a las columnas Jachin y Boaz del Templo de Salomón, dándonos pistas de hacia dónde buscar para “leer” el programa de Calafate que, como tendremos ocasión de demostrar, no fueron puramente doctrinales y aceptados por la Iglesia. Podrían responder a esa obsesión que proliferó durante toda la Edad Media entre los maestros mayores por copiar o imitar las proporciones del mítico templo judío, el único cuyas medidas fueron reveladas por Yahvé a Moisés[15]: «La Casa que el rey Salomón construyó para el Señor tenía treinta metros de largo, veinte de ancho y quince de alto». 

Si el templo cristiano debía albergar a Dios, sus medidas tendrían que copiar las proporciones bíblicas. Esto implicaba un problema porque las medidas reveladas concretan una superficie muy pequeña, incapaz para albergar a tantos fieles. Ni siquiera las medidas del templo de Ezequiel[16], nunca construido, permiten un templo suficientemente espacioso. Las medidas del templo cristiano, por tanto, tendrían que ser proporcionales a las reveladas. Decisión que impulsó a la Cristiandad en la construcción de las grandes catedrales. Estas medidas bíblicas tan pequeñas se explicarían porque el acceso al templo judío era exclusivo de los sacerdotes; en cambio, en el templo cristiano, el acceso es de los fieles.

En ambas revelaciones, Yahvé especifica que tengan dos columnas de bronce de nueve metros de alto, rematadas por capiteles de granadas y girnaldas[17], denominadas Jachin y Boaz que aparecen en la fachada del templo, a ambos lados de la puerta del acceso al recinto. Jachin significa establecimiento, orden y armonía, y Boaz, fuerza y paraíso. ¿Hacen referencias las columnas de la Portada del Sol a las de bronce del templo de Salomón?

Por otro lado, este par de columnas también aparecen en las Logias francmasónicas, y con los mismos nombres y significados. Quedan situadas a ambos lados del umbral, orientadas hacia occidente, conocido como “el umbral de los pasos perdidos”. Por todo ello, si sólo hubo intencionalidad estético-estilista, o constructiva, y no simbólica, la coincidencia es pasmosa pues las columnas laterales de la Portada del Sol miden eso, nueve metros.

Tantas coincidencias no son casuales. Responden a una filosofía vital cuyos antecedentes encontramos en la Ma’at egipcia, un sistema peculiar de moralidad basado en el amor fraternal, la rectitud, la verdad y la justicia; era bondad pura repartida de manera altruista. El faraón, que vino a sustituir a los hombres-dioses del período antiguo, era descrito como el que hace Ma’at o vive a través de ella. Para ello, existían rituales mágicos, desarrollados en las pirámides (a imitación de los que se desarrollaron en los zigurats mesopotámicos) en los que el faraón recibía la Ma’at directamente de los dioses. Esta necesidad de orden y armonía venía representada por dos columnas, erigidas hacia el -3.200 aC, con motivo de la reunificación del Alto y Bajo Egipto, con capital en Menfis. La columna que representaba al Bajo Egipto estaba situada en Kehneb (o Tebas) y se denominaba Iwnu Shema; la que representaba al Alto Egipto, en Annu (la ciudad de On citada en la Biblia y conocida por los griegos como Heliópolis).

Simbólicamente, la diosa Nut unía ambas columnas mediante una viga transversal o dintel, conformando un portal arquitectónico orientado al este que daba la bienvenida a Ra, el Sol naciente. ¿Es por esto que las iglesias cristianas se orientan en esa dirección? Mientras las columnas se mantuvieran intactas, Egipto mantendría la estabilidad y prosperidad de los reinos; es decir, continuaría manando la Ma’at a través del faraón. Es curioso que el jeroglífico que simboliza a los dos territorios (taui) se representa por dos columnas que miran hacia el este, al sol naciente, como ocurre en la Fachada del Sol, con los significados primitivos de orden y perseverancia, armonía y fuerza.

A partir de los ejes de ambos postes pétreos sometamos el rectángulo (2:1) de la Portada –ver más adelante las características y propiedades del rectángulo (2:1)– a una división en partes iguales mediante el concurso de la diagonal del Cuadrado (ad cuadratum) y dibujemos la retícula básica. Comprobamos en ella que la mayoría de los principales elementos ornamentales quedan perfectamente colocados en la red cuadrangular, [ilustración 6]. Por la primera diagonal, la que pasa por los vértices inferiores del rectángulo, lo dividiría en dos Cuadrados: El inferior, que simbolizaría lo material, y el superior, lo espiritual.  El inferior, representaría al principio, con la puerta de acceso al recinto y las esculturas de los Santos Padres de la Iglesia; el superior, al final, con las hornacinas de la Virgen sobre el Castillo, los apóstoles Pedro y Pablo, y Dios-Creador. Obsérvese que el remate añadido ocupa dos mitades de cuadrantes; lo que demuestra que el maestro que lo proyectó conocía la retícula propuesta por Calafate. Fachada_Prioral(1)_6

Diez zonas. Dentro de la estructura general de la portada, podemos destacar diez zonas de interés: La puerta de acceso al templo (1); las basas que soportan a las dos columnas principales y la columnata secundaria (2 y 3); el Castillo y la hornacina central de la Virgen (4 y 5); las hornacinas laterales de la Virgen, llamadas de san Pedro y san Pablo (6 y 7); los triángulos mixtilíneos, en el trasdós del arco triunfal (8 y 9); y, finalmente, el elemento decorativo que remarca la clave del arco triunfal y señala el plano de simetría axial del conjunto (10), [ilustración 7]. Fachada_Prioral(1)_7 Examinemos con más atención estas zonas arquitectónicas. Formalmente, la puerta de acceso al templo (zona 1), es un rectángulo de ratio (5:3) –5 unidades de medida en su lado mayor y 3 unidades de medida en su lado menor–, en posición vertical. Perceptivamente, queda marcado por las columnas laterales en el intradós, ligeramente retraídas, y el espacio que ocupa el arco de medio punto, acabado en un dintel reiterativo del espacio. Este dintel sirve de línea divisoria vertical, delimitando secuencias de lecturas del paramento a fin de no distraer al espectador. Consideraremos estos espacios a su debido tiempo.

Las basas prismáticas del primer tramo, situadas a uno y otro lado de la puerta de acceso (zonas 2 y 3) son casi cuadradas pero consideradas juntas conforman un rectángulo de ratio (1:4), sirviendo de asentamiento a todo el grupo de la Portada, y aguantan directamente el cuerpo de columnas adosadas del primer tramo, por debajo del dintel. Este espacio lo utiliza Calafate para situar las primeras figuras del programa iconológico, hoy incompleto por la desaparición de algunas esculturas. Aunque, en palabras del profesor Aguayo[18]: «…en los intercolumnios, están representados los cuatro doctores máximos de la Iglesia latina: San Jerónimo, San Agustín, San Ambrosio y San Gregorio Magno (…) Estas figuras, al igual que las superiores, están identificadas, no sólo por los atributos específicos de cada santo y que cada uno porta, sino también por atributos alusivos, situados bajo el pedestal o repisa que soporta las imágenes.»

En el centro vertical y horizontal del conjunto arquitectónico nos encontramos con un binomio simbólico representativo de la ciudad, el comprendido por un Castillo en cuyo portón hundido se superpone una llave que lo abre (zona 5) y la hornacina que protege una Virgen que probablemente sea Santa María del Puerto (zona 6). Ambos elementos componen un rectángulo de ratio (5:3) (zonas 4 y 5). Debieron existir razones ideológicas que pesaran sobre Calafate para que colocara el símbolo de María, la madre de Jesús, en el centro del paramento, intermedio entre lo terreno, (zona 1), y lo divino, (zona 11). Destaca así la labor mediadora de la Virgen en el acto de Redención del género humano. Las hornacinas denominadas de san Pedro y san Pablo, que jalonan las zonas 5 y 6, son rectángulos idénticos de ratio (4:7) –4 unidades de medida de lado menor por 7 unidades de lado mayor–, aproximadamente √3; (zonas 6 y 7). Las (zonas 8 y 9) corresponden a los triángulos mixtilíneos de las enjutas del arco triunfal con bajorrelieves de figuras simétricas que portan filacteria, una con los ojos cerrados y la otra abiertos, y se miran entre ellas. La zona 10, casi insignificante, remarca la situación de la clave del arco triunfal dominante de la portada. Es como un remate vegetal que hace de eje de simetría axial o de falsa charnela entre las dos partes del programa iconológico, como tendremos ocasión de explicar más adelante.

La undécima zona. A otro nivel de análisis puesto que no existen líneas que lo demarquen, podríamos considerar una undécima zona arquitectónica, remarcada de manera artificial como un rectángulo de ratio indiferente. Nos referidos al alto-relieve que representa a Dios-Creador, en el frontón situado en la cúspide. Esta zona 11 y la zona 1 poseen parecidos significados, aunque a diferentes niveles. Así, el significado simbólico que le daríamos a la puerta física por la que se accede al templo cristiano, sería la primera fase del proceso de Redención por la Crucifixión, a través de la Santa Misa que se desarrolla en el interior del recinto sagrado. Mostraría, en este caso, el ámbito terrenal del programa iconológico planteado por Calafate. Los fieles entran en el templo a orar y oír la palabra sagrada que les permitirá acceder a un estadio superior, en el argot cristiano, el Paraíso, perdido por el pecado de Adán y Eva. Ese Paraíso es el lugar donde habita Dios-Creador, rodeado de su corte celestial, cuyo conocimiento y contemplación sólo es posible a las almas libres de pecado, redimidas por el sacrificio de la Misa. Esta “puerta” superior sólo es alcanzable tras desarrollar el programa completo, siguiendo los pasos señalados en los distintos tramos o fases del proceso. Ambas “puertas”, por tanto, se complementan porque atravesar la segunda exige traspasar la primera.

Tres cuerpos. En general, la función de las representaciones religiosas sobre muros, retablos y portadas de los recintos cristianos responde a una proclamación y exaltación de los valores litúrgicos, doctrinales y de historia de la Iglesia; además de los puramente decorativos y de modulación óptica de los espacios arquitectónicos. Existen diferencias entre ellas. Las representaciones murales se realizan mediante bajorrelieves y hundidos, y responden a motivos ornamentales (florales o geométricos). El retablo es una talla en madera, recubierta de panes de oro y policromada; consta de escenas encastradas en un programa que se desarrolla a lo ancho y a lo alto, mediante cuerpos y calles.

La portada que nos ocupa únicamente posee cuerpos muy marcados mediante molduras. De tal modo que, el despliegue de escenas iconográficas, que debía desarrollarse con un marcado carácter pedagógico, que se seguía de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba, en la Portada del Sol, Calafate recurre a un organizado juego de columnas que, sin marcar calles, establece la secuencia lectora requerida. No obstante este orden, no se entiende que deba recurrirse a interpretaciones complejas para descifrar el significado de su programa; cuando, lo aconsejable hubiera sido recurrir a representaciones más pedagógicas, máxime en una época donde la población seglar y la mayoría de los clérigos estaban poco formados en asuntos doctrinales y de liturgia.

A pesar de su complejidad interpretativa, sobre todo de los bajorrelieves decorativos-alusivos, el Cabildo aprobó la propuesta presentada por Calafate que, además de poseer una tendencia casi obsesiva a llenar los espacios de elementos (horror vacui, o miedo al vacío, propio del plateresco), establece un recorrido lector por fases y, como apreciaremos en otro capítulo, con significados compensados verticalmente mediante simetría axial. Los tres cuerpos que intuimos consideró Calafate quedan delimitados por líneas horizontales acentuadas por elementos arquitectónicos significativos [ilustración 8]. Fachada_Prioral(1)_8

La primera línea horizontal corresponde al suelo. Es una recta que pasa por los apoyos de los plintos que soportan el conjunto de columnas. Hacen de basas sustentadoras de toda la portada. La segunda línea pasa por la moldura superior del primer arquitrabe, sobre el que arranca el Arco triunfal. La tercera línea pasa por la moldura superior de la última cornisa, sobre los falsos capiteles de ambas columnas principales. La cuarta y última línea pasa por la moldura del último plinto correspondiente a la representación de la Esperanza.

El primer cuerpo queda comprendido entre la primera y segunda línea. Es el primero al que accede la vista del espectador y el de más fácil interpretación. En este cuerpo, Calafate sitúa todos los elementos necesarios para buscar la espiritualidad. Hacen alusión a los peligros del mundo y al vicio de considerar a la carne como un bien primordial. En él están representados los padres de Iglesia, los Evangelistas, tenantes y sostenes en las figuras del unicornio, querubines y el propio Lucifer.

El segundo cuerpo, entre la segunda y tercera línea, correspondería a la propuesta eclesiástica para combatir y superar los errores mundanos, a través de la Virgen y los santos fundadores de la Iglesia, san Pedro y san Pablo, en un renacer del espíritu a través de la nueva y única Religión.

El tercer cuerpo, entre la tercera y cuarta línea, propone un camino de santidad que conduce inexorablemente a la Divinidad, al disfrute del Paraíso contemplando al Dios-Creador[19].

Parte 2: Sistemas reguladores en la Portada del Sol

Desde un punto de vista mecánico y de cálculo, dos eran las principales preocupaciones del maestro mayor al abordar la construcción de un edificio con las características majestuosas requeridas. La primera y fundamental, que el alineamiento de los muros resistiera las tensiones verticales y horizontales, y segunda, que las distintas partes del edificio se relacionasen armónicamente con la estructura general del mismo. La primera tenía mucho que ver con la construcción y dependía de una buena elección de los materiales, una selección de los mejores canteros con experiencia y conocimiento del oficio, y compensar los pesos de la base con la altura del edificio.

Cada uno de los peones, obreros, oficiales y maestros de obra, tenían la experiencia precisa para que una simple inspección bastaba para que la edificación prosperara. Más complejo y exigente para el maestro era decidir el estilo, las medidas y los ornamentos, lo visible del edificio. Todo debía distribuirse de manera armoniosa y proporcionada. Para ello, disponía de dos sistemas distribuidores, el basado en la descomposición del Cuadrado (ad cuadratum) y el fundamentado en el triángulo equilátero (more germanicum).

Al contemplar la magnífica distribución de las piezas que conforman la portada, no nos cabe la menor duda de que Calafate empleó recursos basados en una matriz geométrica. Un primer boceto, hoy desaparecido, de este planteamiento, seguido de otro donde se habrían dibujado las esculturas y bajorrelieves propuestos, sería el que se presentaba al Cabildo, una vez aprobadas las trazas generales del nuevo edificio, con las soluciones aportadas para aprovechar la antigua planta y los muros y arcos que quedaron en pie tras el terremoto. Nuestro trabajo consiste en sugerir el planteamiento formal seguido por Calafate para llegar al resultado que se muestra en la actualidad y, de paso, aportar los mensajes que ocultan; diferentes, naturalmente, de los evidentes, de naturaleza litúrgica y de historia de la Iglesia. Hemos hablado de trazas, y no de maqueta, porque el Archivo Municipal del Patrimonio Histórico de El Puerto de Santa María que dirige don Ignacio Buhigas Cabrera, posee dibujos originales con el trazado de monteas y detalles del día a día de la obra. La probable maqueta desapareció; por lo que es difícil asegurar que la hubo.

La construcción de modelos tridimensionales del edificio completo o de las distintas partes del mismo, era un procedimiento habitual hasta el Renacimiento, donde quedaron relegados por la traza; debido, quizás, por el resurgir de la Geometría. De todos modos, hasta bien entrado en siglo XIX los oficiales planificaban el trabajo mensual a pie de obra, atendiendo a la transmisión oral de las órdenes del maestro mayor. Por tanto, es probable que en el caso de la Iglesia Mayor Prioral del Puerto de Santa María se trabajara de las tres maneras. Un modelo a escala con el que exponer al Concejo de la ciudad los pormenores de la edificación, un planteamiento de la ubicación de las partes sobre el solar y dibujos diarios, confeccionados sobre arena mojada o yeso. ¿Seremos capaces de descubrir estos trazados estructurales, estos modelos de organización del espacio constructivo, estas instrucciones…? Y, en el caso de la Iglesia Mayor Prioral, ¿descubriremos cómo entendía y aplicaba Calafate conceptos tan básicos como proporción, dimensión y simetría; igualdad, equivalencia o semejanza?

Si la dimensión es la medida del espacio comparada con un canon fijo “el metro” y sólo averigua el tamaño del objeto y del conjunto, no serviría para relacionar internamente dos partes entre sí. Para ello, se deben recurrir a sistemas de relación, con la simetría o correspondencia en igualdad entre las partes respecto de un punto, una recta o un plano; la semejanza es una relación en igualdad de formas con tamaños diferentes; la equivalencia, finalmente, es una relación en igualdad de superficie que poseen diferentes formas. L

a relación proporcional es semejanza cuando existe una razón entre ambos objetos; es decir, el menor está contenido en el mayor un determinado número de veces. La razón puede ser un número entero, fraccionario o irracional. Los maestros primitivos buscaban una razón irracional, alrededor de la cual girase todo el edificio. Esta razón irracional es lo que se denominaba en el argot constructivo, la clave de bóveda: un número, una fórmula compleja, las dimensiones de una habitación, una forma, o el diámetro del fuste de una columna, etc. «Se deben entender como proporciones las relaciones entre las partes y el todo, relaciones lógicas, necesarias y capaces de satisfacer al mismo tiempo a la razón y a los ojos.[20]» En el pasado, la razón armónica se basaba en razones matemáticas fundamentadas en ciertos números irracionales, como el número de oro (φ), la sección áurea, o el número π; que se transmitía oralmente como heredera de los maestros egipcios, griegos, romanos o musulmanes, y se ocultaba intencionadamente.

Retícula compositiva básica. Una obra que exige armonizar volúmenes, contrapesar y equilibrar bloques de piedra, no se deja a la improvisación. Se ajusta al trazado de una retícula abierta que asegure, primero, que las piezas armonicen en tamaño y posición; y, segundo, que los problemas que se resuelvan en el presente no afecten a las decisiones futuras[21]. Ya hemos visto en el análisis estructural de la Portada [ilustración 9] que el sistema empleado por Calafate para dividir proporcionalmente la Portada fue la diagonal del Cuadrado. Esta elección, creemos, fue primordial para desarrollar el programa pactado con el Cabildo; además, el sistema cuadrangular posee muchas más ventajas que el triangular y permite darle solidez y estabilidad a la composición. A partir del rectángulo (2:4) –dos unidades de medidas en el lado menor y cuatro para el mayor–, o lo que es lo mismo, dos Cuadrados para la base por cuatro para la altura, y empleando diagonales a 45º, la composición se va entretejiendo hasta conformar una retícula compositiva donde sobreponer los distintos elementos gráficos.

Por eso, una vez decidida la estructura reticular, el maestro constructor ejecuta las trazas del edificio sobre una superficie de arena mojada, en el suelo. A veces estos trazos se concretan en cornisas, en cajas que delimitan volúmenes que irán tomando forma de figura, ornamento o paramento liso. Más adelante, cuando está seguro de la estructura, construye una maqueta a escala.

Fachada_Prioral(2)_líneas9

De Martín Calafate disponemos de algunas trazas, referidas a las monteas de pilares y techos. No existe documentación gráfica del planteamiento de la Fachada del Sol. Y debían existir para indicarles a maestros de la piedra y escultores el programa icónico que deseaba desarrollar. A la vista del resultado podríamos imaginarnos esta estructura reticular de partida, formada por horizontales y verticales, que contendrían las líneas marcadas por cornisas, hornacinas, ejes de simetría de columnas, puertas y superficies lisas.

Lugares geométricos utilizados. Ya hemos comprobado la utilidad de la diagonal del Cuadrado en el establecimiento de una retícula básica[22]. El Cuadrado es una de las tres figuras que Pitágoras definió como básicas –las otras dos son el Círculo y el Triángulo equilátero. Habría una cuarta figura que completaría la cuarteta conceptual: cuatro elementos, cuatro direcciones, cuatro estados de la materia, etc. Esta cuarta figura sería, naturalmente, el Pentágono regular–. El plano Básico es estático y germen de muchas figuras. La sencillez de su trazado no es comparable con la eficacia y armonía que se experimenta al utilizarlo. De ahí que se haya empleado en todas las épocas, porque las posibilidades de relación proporcional son prácticamente infinitas; aunque, sólo unas pocas son susceptibles de utilidad como recurso de relación, [ilustración 10].

Prioral(2)_PB10

Analizando despacio sus elementos formativos descubrimos que las diagonales lo dividen en triángulos rectángulos isósceles lo que posibilita multitud de relaciones. Por el concurso de las mediatrices, se obtienen cuatro porciones cuadradas y, también, dos rectángulos cuyas diagonales miden raíz cuadrada de cinco. Importante también son los puntos O y M. El primero es centro del espacio geométrico, con simetría axial y central; el segundo, de intersección de las diagonales posibles que relaciona armónicamente y de manera asimétrica los lados y las diagonales. A partir del cuadrado podemos deducir rectángulos estáticos de lados relacionados según números naturales (doble, triple…) o dinámicos, dependientes de razones, aritméticas o fraccionarias. Si la diagonal del Cuadrado es un recurso de relación muy importante, el arco de Circunferencia es igualmente tan eficaz, o más. Como lugar geométrico de los puntos del plano que equidistan de otro interior llamado centro, permite relacionar medidas en igualdad.

Rectángulos estáticos en la Portada del Sol. Existen dos procedimientos genéricos para obtener rectángulos estáticos a partir del Cuadrado Básico. El primero es el denominado de partes, o aritmético, basados en los trazados contenidos en los escritos dejados por el boloñés Sebastiano Serlio[23], que trabajó en el estudio de Palladio; y, con posterioridad, recogido en el Cesariano de Marco Vitruvio, del que hemos tenido acceso a la edición española de su célebre De Architetttura[24]. Consiste en dividir en partes iguales los lados del Plano Básico.

En el ejemplo, se han dividido en cuatro partes iguales. En el primero, se ha añadido por arriba una de esas partes, transformando el Cuadro en un rectángulo de ratio (5:4). En el segundo, se han añadido dos partes, transformándolo en el rectángulo ratio (6:4) que, al reducir la fracción, se transforma en (3:2). El conjunto de la fachada del Sol es un rectángulo (2:1); es decir, dos veces más alto que ancho que equivaldría a dos Cuadrados superpuestos, con resultados de gran majestuosidad y solidez, [ilustración 11]. Esta misma proporción poseía la planta del Tabernáculo judío que, como se recordará, fueron reveladas por Jehová a Moisés. Las medidas transmitidas fueron de 45,72 metros de largo por 22,86; es decir, un rectángulo (2:1), que poseen la propiedad de contener una Vesícula piscis (vejiga de pez) o Mandorla[25], un símbolo pitagórico que usaron los proto-cristianos. Resulta de la intersección de dos círculos equipolentes –de idénticos radios– que contienen a sus respectivos centros, extremos de un segmento de longitud el mismo radio. De modo que, el centro del primer arco queda contenido en un segundo cuyo centro se halla en el primero. Prioral(2)_Rect2-1_11 Para trazar la vesícula piscis del Rectángulo (2:1), se hace centro en los extremos de la mediatriz que divide en dos partes iguales a los lados mayores, y se trazan dos arcos con radios el lado menor del Rectángulo. Estos arcos poseen dos propiedades:

  • Que contienen a los extremos del rectángulo (2:1) que los delimita, y
  • Que se cortan en dos segmentos curvos, simétricos entre sí, que constituyen la vesícula propiamente.

Los pitagóricos consideraron a la mandorla como una figura sagrada porque descubrieron en ella relaciones armónicas entre sus elementos. Así, al dividir la longitud del segmento interior de la vesícula –cuyos extremos serán los puntos de intersección de los arcos trazados– por la altura –el lado menor del Rectángulo–, el resultado es 1,73205… una cifra aproximada a la raíz cuadrada de tres. John Michell[26] descubrió que ese número (1,7320614379085) es el resultado de dividir 265 por 153; y que dividendo y divisor no eran números caprichosos. En el evangelio de san Juan (21:11) se relata el milagro de la captura de los peces y especifica que fueron 153 peces, en clara referencia al número primo de Pitágoras: «Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.» Una de las innovaciones durante el Gótico fue la utilización de una sección de la vesícula piscis como arco de ojiva en naves, puertas y ventanas.

Por otro lado, la vesícula piscis contiene dos triángulos unidos por sus bases: Uno es material, el otro espiritual; lo que demuestra que fuera considerada una figura sagrada que, superpuestas, determinan las Estrella de David, un hexágono regular estrellado.

Rectángulo 5:3, [ilustración 12]. Obsérvese las relaciones interiores proporcionales que pueden obtenerse en este Rectángulo: √5, la diagonal de dos cuadrados sumados; √13, la diagonal del Rectángulo (1,5:1); √2, la diagonal del Plano Básico o Cuadrado, cualquiera que se tome; √10, la diagonal de tres Cuadrados sumados; 2√5, la diagonal del Rectángulo (2:3); y, finalmente, √26, la diagonal de un Rectángulo suma de cinco Cuadrados alineados. Prioral(2)_Rect5-3_12 Estas relaciones proporcionales son idénticas a las medidas que simbólicamente contenía el Ojo de Horus que contiene una falsa vesícula piscis cuyos extremos delimitan las unidades proporcionales enunciadas anteriormente.

Rectángulo 1:4. Corresponde al Rectángulo que delimita la zona de plintos, o basas, que sostienen toda la fachada. En la ilustración se ha dispuesto en posición vertical (4:1) [ilustración 13], y sumados para conformar un Rectángulo (2:1), ya analizado. Prioral(2)_Rect1-4–13 Obsérvese cómo se ha generado, mediante diagonales del Cuadrado, fase 1, que generaría un Rectángulo √2; la diagonal del Rectángulo resultante, fase 2, que generaría un Rectángulo 3; y, finalmente, en la fase 3, con la diagonal del Rectángulo obtenido.

Rectángulo 2:3, [ilustración 14]. También conocido como Rectángulo vesicular o egipcio. Son susceptibles de descomponerse en seis planos Básicos (1:1); tres rectángulos 2:1; dos rectángulos de ratio (1:3); o dos rectángulos (1‘5:2). Esto permite muchas relaciones armónicas. Su obtención a partir del Cuadrado, o Plano Básico, es mediante la diagonal del semi-Cuadrado, √5/2 (raíz cuadrada de cinco partido por dos), que determina en la prolongación de la mediatriz horizontal el punto medio por donde pasa el lado superior del Rectángulo (2:3).

La propiedad del Rectángulo egipcio es que su diagonal es 2√5. El Rectángulo (2:3) es el de la planta del templo de Jerusalén que, como se recordará fueron dabas por Yaveh, y coinciden proporcionalmente con las del Rectángulo egipcio, que se hallan en muchas construcciones. En la [ilustración 14], el habitáculo rectangular sobre la barca del faraón poseía las medidas de un rectángulo (2:3). Las cámaras mortuorias de las pirámides (o cualquiera que fuera la utilidad de estas cámaras) también se construían con planta de proporciones (5:3) Prioral(2)_Rect2-3_14 Creemos que su utilización se debía a su peculiar disposición que permite muchas relaciones. Nosotros hemos encontrado algunas más. Obsérvese en la [ilustración siguiente] que el segmento que une los vértices del rectángulo con el centro del círculo tangente interior más alejado corta al lado menor en puntos que equidistan del vértice opuesto y del punto medio del lado correspondiente; de tal modo, que divide al lado en cuatro partes iguales. Este rectángulo vesicular estático tiene la propiedad de contener en su interior una Vesícula Piscis: La intersección de dos Círculos de radios idénticos a ⅓ la longitud del lado superior, igual a la mitad del lado menor., y cuyo eje radical es una recta que divide al rectángulo en dos partes iguales.

Rectángulo áureo, [ilustración 15]. El número de oro, media y extrema razón, divina proporción, proporción áurea, etc. es una división proporcional cuyo resultado es un número irracional. Se le atribuyen propiedades místicas que no se han podido probar; aunque ha sido utilizada en la construcción de muchos edificios, en esculturas y pinturas, por su valor estético. Su expresión matemática adopta diferentes formas:

(a+b)/a = a/b; (a-b)/b = b/a.

El resultado de esta proporción, cuando (b=1), (a + 1) = a2 ; que, al igualar a cero, se obtiene:

(1 + √5) / 2 = 1,61803398874989…

El número de oro se encuentra en muchos Polígonos regulares: Pentágono regular convexo como relación del lado con la diagonal; Pentágono regular estrellado o Pentáculo, como relación entre el lado completo y una parte del mismo; Decágono regular convexo; y Cuadrado. Algunos Poliedros regulares también poseen relación áurea entre sus partes, como el Dodecaedro y el Icosaedro. Prioral(2)_Rect_áureo_15 El lado del Cuadrado es media y extrema razón con el mismo lado y la suma de la diagonal del semi-cuadrado más la mitad del lado del mismo; lo que nos permite trazar el rectángulo áureo. Así, se divide el Cuadrado de partida en dos partes iguales mediante el concurso de una de sus mediatrices. Centro el pie de esta mediatriz y radio la diagonal del sexi-cuadrado, se traza el arco que cortará a la prolongación del lado de la base en una medida (1/2 + √5/2). De modo que el número áureo será:

(½  + √5/2) / 1 ; ó (1 + √5) /2

Parte 3: Análisis simbólico de la Portada del Sol

El universo del maestro mayor Antón Martín Calafate. Con el análisis gráfico-simbólico intuimos la existencia de un universo particular de Calafate en los significantes pétreos para que el cristiano despierto supiera leerlos entre líneas. Ahora bien, ¿hubo intencionalidad de expresar algo con ella? Los elementos anteriores parecen indicarnos que sí, que enuncian claramente un texto gráfico que ha perdurado durante siglos. Desgraciadamente, la falta de planos con las trazas del maestro Calafate nos impiden juzgar si fue deliberado o se limitó a copiar la estructura y motivos del estilo de la época. El análisis iconológico realizado por el profesor Aguayo Cobo, se puede esquematizar en el dibujo-mapa que se expone en la [ilustración 16] y que podemos citar no según su significado que viene perfectamente explicado en su trabajo[27]; sino por la ubicación que posee en el paramento de la Portada. Fachada_Prioral(3)_Aguayo_16 Lo primero que se observa es la simetría de esta distribución. Los ornamentos decorativos  (estatuas, relieves, ménsulas, capiteles, bolas, columnas, arcos, molduras, cornisas…) de la izquierda tienen su imagen similar en la derecha. Es como si el Cabildo de la Prioral quisiera mostrar dos facetas de una misma verdad histórica, que se explican mediante los motivos situados en el eje de simetría. Además, también notamos que unos y otros están relacionados entre sí, conformando un discurso subliminal. De este modo, consideramos como representaciones con contenidos pasivos los situados a la izquierda del espectador situado frente a la Portada; contenidos activos, los situados a la derecha; y, finalmente, neutros, los dispuestos sobre el eje de simetría axial. Enunciemos a continuación, de manera resumida, estas representaciones y expliquemos el porqué se le dan esos atributos de pasividad o actividad.

Izquierda-Pasivos           Centro-Neutros           Derecha-Activos

–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

Esperanza           Fe           Caridad

Dios-Creador

Nueva Ley                       Antigua Ley

Clave del arco triunfal

Ornamentos neutros

Verdadera Religión                       Duque de Medinacelli

Santa María del Puerto

San Pedro            Castillo-Cerrojo           San Pablo

Monstruo                       Monstruo

Grullas (vigilancia)                       Grullas (vigilancia)

Edades hombre: Juventud-madurez-senectud

Máscara                       Máscara

Adán Eva

San Lucas – San Mateo                       San Marcos – San Juan

Clave

Rostro con corona

Ángel que mira a la divinidad                       Ángel que mira a la divinidad

San Jerónimo – San Agustín                            San Ambrosio – San Alberto Magno

Escudos, corazas, etc.                                  Joven con velo – Carneros

Intradós izquierdo:                                  Intradós derecho:

(Rostro angelical,                                  (Angel caído-Lucifer

Frutas,                                             Candilleri

Unicornio,                                            Reptiles

Tenante)                                                 Querubín)

Al contemplar la iconología en su totalidad nos convencemos al momento de la existencia de una doble lectura: La evidente y aceptada (posiblemente la propuesta al o por el Cabildo), y la que subyace en la disposición adoptada por Calafate (llena de contenidos inquietantes). La primera lectura deriva de los contenidos que las formas sugieren y que forman parte de la liturgia y ortodoxia de la Iglesia; es decir, leídas bajo el prisma de Cristianismo, las figuras de los santos son eso, biografías ejemplares. Bajo otros criterios, es muy probable que signifiquen algo insospechado para el Cabildo de la época. Calafate, además, emplea otro recurso lingüístico: la ubicación, imprescindible para comprender esta segunda lectura. Al hacerlo, lo primero que nos llama la atención es la yuxtaposición de los significados situados a la izquierda con los de la derecha; equilibrados por los situados sobre el eje imaginario, [ilustración 17]. Fachada_Prioral(3)_mitades_17 Entre san Pedro (activo) y san Pablo (pasivo) la oposición se enmarca en sus diferentes experiencias. El primero vivió los hechos y el segundo deduce una liturgia religiosa de los testimonios narrados por terceras personas; es, en este sentido, receptor y adaptador. La máscara de la izquierda del friso superior a la entrada de acceso al templo es negativa. Su actitud es pasiva porque ríe, se toma la vida como un devenir inconsecuente. La máscara opuesta, permanece seria y meditabunda ante las edades del ser humano: la senectud a la izquierda, la madurez en el centro, y la juventud a la derecha, como elemento activo, una vez ha pasado la prueba del agua con el bautismo. Su actitud reflexiva no es síntoma de pasividad sino todo lo contrario, de búsqueda interior, de meditación trascendente de los acontecimientos diarios.

Al padre de la Humanidad, Adán, lo sitúa en el lado de los pasivos; a pesar de ser masculino y de aportar una de sus costillas para que Dios creara a Eva, condenara a la Humanidad sólo cuando comió la fruta que había mordisqueado Eva, y que fuera él quien conversara y discutiera con el Creador del Paraíso. Pero, no hizo nada para oponerse a los deseos de Eva que es en todo el relato del Génesis, el símbolo de la transgresión, la búsqueda de lo oculto, su desmedido afán de superación y que no duda en probar lo nuevo. Es ella quien convence a Adán para que coma la fruta prohibida, después de haber comido ella. De los cuatro Evangelistas, san Mateo y san Lucas se consideran conservadores, pasivos; sus escritos confrontan la doctrina aceptada. El primero, insiste en la ley y los profetas, y en asentar la cátedra de Moisés. Es el reportero de Jesús. El segundo, en cambio, explica a los no-judíos que, a pesar de ser en verdad el Mesías prometido en las escrituras, Jesús es rechazado; y rastrea la ascendencia de Jesús hasta Adán. San Marcos y san Juan, en cambio, son los más polémicos y encendidos, en el lado activo. El primero, aunque no fue testigo, escribe lo que hizo Jesús y no lo que dijo. Le interesa la vida activa del Salvador, las evidencias de su poder divino a través de los milagros. El segundo sigue una secuencia cronológica en la narración de los hechos, tratando de demostrar que Cristo es Hijo de Dios, enviado por el Padre, para que tengamos vida eterna en comunión con Él. Un análisis similar podríamos aplicar a los Santos Padres de la Iglesia para concluir en su acertada disposición en la Portada del Sol. A pesar de que en la hornacina de San Agustín (pasivo), actualmente no tiene estatua, se cree que es él porque en la base se encuentra la cabeza alada de un ángel, atributo de los seres puros que habitan el cielo, en alusión a la “ciudad de Dios”, de la que habló en sus escritos. En ellos, defiende la virginidad perpetua de la Virgen, su santidad e inmunidad al pecado, y las relaciones con la Iglesia como modelo de virtud y gracia. Defiende la bondad de las cosas, y la universalidad de la redención por Cristo.

En el mismo apartado de los pasivos, San Jerónimo, reconocible por los atributos, la mitra y un libro abierto; sobre el icono de la calavera alada, alusiva a la penitencia. Al otro lado, San Ambrosio (activo) y San Alberto Magno (activo). El primero pisa una colmena con el pie izquierdo, alusivo a su nombre, ambrosía, sobre el icono de la “obediencia” una mujer desnuda que porta un yugo. Nombrado gobernador de las provincias de Liguria y Emilia (hoy Italia), fija su residencia en Milán donde resuelve una contienda entre católicos y arrianos. Nombrado obispo de Milán distribuye su fortuna entre los pobres y se consagra al estudio de la teología.  Dirige concilios, aconseja a emperadores y frena a los tiranos. El segundo, también ausente, aunque reconocible por la mujer joven que cubre su cabeza con un velo (castidad) y porta una flor (virginidad) en su mano izquierda. San Alberto Magno es el patrono de los estudiantes de ciencias, y fue teólogo, filósofo y hombre de ciencia, sentando las bases para el trabajo de su discípulo Santo Tomás de Aquino.

En otro orden de cosas, puede considerarse el tratamiento interpretativo dado por Calafate a la Nueva Ley, el Nuevo Testamento y la ortodoxia dictada por los Concilios, como un valor pasivo; y la Antigua Ley, el Antiguo Testamento, los libros sagrados judíos y los testimonios anteriores a la encarnación de Jesús, como conceptos activos, de fundamento. El Nuevo Testamento asevera y demuestra lo anunciado proféticamente en el Antiguo Testamento. Y en este mismo contexto, sitúa la Religión Nueva (pasiva) en contraste con la Religión Antigua (activa). Y si no estuviera claro el mensaje, coloca en igualdad de condiciones a la Verdadera Religión (pasiva), enfrentada al duque de Medinacelli (activo) representante del estamento político y religioso. Baste recordar su biografía[28] para percatarse de que fue un defensor de la religión oficial que conjugaba con un pensamiento humanístico acorde con el Renacimiento. Será por ello que apoya la concepción plateresca del proyecto de Portada del maestro Calafate. Es como si Calafate y, por aprobación o por ignorancia del Cabildo de la época, diera más importancia a las creencias arcaicas, primigenias y ancestrales, que las impuestas por la Iglesia de Roma; pero es sólo un espejismo, pues el mensaje que desea transmitir es más subliminal, más acorde con lo establecido.

Y como conceptos neutros, sobre el eje de simetría, el maestro mayor sitúa, de arriba a abajo, a Dios-Creador, la clave del arco triunfal, unos ornamentos neutros, Santa María del Puerto, un Castillo con cerrojo y llave, las edades del hombre situando en el centro la “madurez” y la clave del arco que cierra la puerta de acceso al templo donde es posible descubrir un rostro con corona.

Programa litúrgico en la Portada del Sol. De abajo hacia arriba, el programa propuesto por Calafate sigue tres fases perfectamente secuenciadas: Iniciación cristiana a través de los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía, representada por la puerta de acceso al templo, o puerta de acceso a la función salvífica de Cristo, [ilustración 18). Toda la mitad de la Portada contiene el programa de símbolos cristianos que conducen hacia la curación, a través de los sacramentos de la Penitencia y la Unción. La última fase, la superior, simboliza la perfección: Comunicación con Dios a través de lo Creado. Los sacramentos que conducirían a esta etapa del cristiano sería el matrimonio y el orden sacerdotal; sacramentos que implican darse a los demás.  Las dos mitades marcan valores positivos y negativos

Fachada_Prioral(3)_Cristiano_18

La lectura litúrgica que se pretende mostrar, [ilustración 19], se fundamenta en tres pilares fundamentales, representados por las esculturas de la Esperanza (con valor pasivo), la Fe (valor neutro) y la Caridad (activo).

Fachada_Prioral(3)_Cristiano_19

Son, al mismo tiempo, tres vías disponibles por el cristiano para acceder a los niveles superiores de santidad. El primer nivel, el inferior, se desenvuelve en el mundo de la carne y comienza con una primera búsqueda espiritual; mediante tres claves: La clave de la luz espiritual que mana de la vida de los santos y recogida en los escritos de los Santos Padres de la Iglesia latina; la luz de la Creación, la que mana de los seres y objetos creados por Dios a través del rayo divino materializado: Lucifer. El segundo nivel, intermedio, corresponde a la iluminación pasiva, simbolizada por la figura de la Virgen. Esta iluminación será como un renacer a la vida espiritual, al estado de gracia primordial, antes del pecado original, salvados por la pasión y muerte del Salvador. Y da tres claves progresivas que se producirán durante la Infancia -mediante el Bautismo del agua que nos confirma de dónde venimos y cuál es nuestra misión en este mundo material–, madurez –mediante sucesivos actos de reflexión sobre qué somos y hacia dónde vamos–, y, finalmente, senectud –mediante la memoria trascendente ante la proximidad de la muerte–. Y esta búsqueda no es exclusiva del Hombre o de la Mujer; es una obligación de todo el género humano. El tercer nivel, superior, accesible a través de una vida intermedia (neutra) representada por la torre-escalera de la clave principal, enuncia el reino de Dios encarnado, el cumplimiento de las Promesas de Salvación y el disfrute de la Vida Eterna.

Parte 4: Interpretación cabalística de la Portada del Sol

La Francmasonería. Hasta el siglo XVII, la Masonería fue gremio, sindicato, escuela y cofradía de obreros y oficiales de la construcción. Con la terminación de las últimas catedrales, la Francmasonería estuvo a punto de desaparecer; a no ser por la entrada en dicha agrupación de miembros honorarios, cuya ocupación principal no era la construcción. Esto ocurría en Inglaterra donde este grupo de personas interesadas por la base moral, el simbolismo, la generosidad y la fraternidad de la Institución, pasaron a llamarse masones aceptados. No disponemos de documentos que atestigüen la pertenencia de Martín Calafate a una de estas Cofradías de obreros, pero el hecho de ser maestro mayor de obra, o maestro constructor, ya presupone algún tipo de conocimiento sobre algunos de los símbolos constructivos más importantes que la Fraternidad conservaba en secreto. No es explicable el alcanzar el más alto grado del conocimiento secreto del oficio (transmitido oralmente), sin haber superado tres iniciaciones mínimas, como aprendiz, como compañero y como maestro.

A raíz de que la judería hispalense fuera arrasada a finales del siglo XIV, muchos judeo-conversos optaron por persistir como marranos o cristianos nuevos, y así continuar ejerciendo sus antiguos oficios de mercader, prestamista, cambiador, banquero, médico, boticario, etc. , mantuvieran en secreto sus antiguas creencias, o hicieron lo imposible por arrancarse cualquier vestigio que delatara su condición o la de sus antepasados.

En Jerez de la Frontera, cuna del maestro Calafate, es muy probable que transformaran las primitivas fraternidades en Cofradías de penitencia, más del gusto de la Iglesia Católica reinante. Recordemos que en 1140 los almohades prohibieron la práctica del judaísmo. El ambiente antijudío, desde entonces, alentaba que muchos optaran por transformar las sinagogas en lugares legales donde reunirse, anticipándose así al decreto de expulsión de 1492. Muchos judíos, por su afán de mimetizarse, crearon o pidieron entrada como hermanos en procesiones santas. La más antigua de Jerez fue la procesión del Santo Entierro, anterior a 1350. Muñoz y Gómez[29], archivero municipal, señala el lugar donde se ubicaba la cofradía:«Al final de esta calle (Asilo) está la Ermita del Calvario y Santo Entierro, a cuya procesión hizo la ciudad voto perpetuo de asistir en el año de 1646. La dicha procesión es antigua en Jerez; pues a ella asistió Alfonso XI en su estada en este pueblo, el año de 1340». Y aunque existía en esa época, no era conocida como la del Santo Entierro: «No conocemos Estatutos aprobados en los que figure el título de la Cofradía del Cristo del Calvario o del Santo Entierro. Por ello, en la lista del Provisor Haro de 1604, no se menciona en ningún momento a una corporación con tal título, aunque sabemos que en esa época la Hermandad existía». Ignoramos documentalmente que la Hermandad del Cristo del Calvario o del Santo Entierro se tratara de una versión española de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén u Orden del Blanco Sepulcro de Jerusalén, de tendencia cristiana, pero abierta a cualquier creencia, inscrita en el ámbito de la perfección del conocimiento y a la que pertenecieron judeo-conversos de muchos oficios operativos como plateros, carpinteros, yeseros, picapedreros, talladores, y albañiles. Vega Geán[30] afirma que era «ésta una Hermandad nacida en época medieval en el seno del convento mercedario. Muy difícil es precisar cuándo sus cofrades habían construido un humilladero o una capilla, donde habían colocado al Cristo (…) Lo más florido de la sociedad jerezana se vincula a la Hermandad desde fecha temprana, y esa pertenencia se mantiene en varias generaciones.»

Por otro lado, como maestro mayor, Calafate conocía el oficio y los rituales de iniciación a los distintos estadios por los que pasó. A pesar de no constar documentación de su posible pertenencia a alguna Cofradía de canteros, encargada de certificar de manera oficial el oficio, el hecho de que sea reconocido por los promotores de la obra (Duque de Medinacelli y Cabildo) y que el Mayordomo de fábrica realice los libramientos según los trabajos encargados y certificados por él, nos hace pensar que los diferentes grados se alcanzaban a pie de obra, después de trabajar duramente junto a algún oficial o maestro; al estar perfectamente jerarquizado el trabajo: «el maestro mayor, a veces también el aparejador en quien éste delegaba, supervisaba la actividad diaria de los canteros, con independencia de que su actividad también se viera reflejada en ella, mientras que el veedor de la obra controlaba la actividad de los peones[31].» Por todo ello, Calafate había alcanzado ciertos conocimientos reservados que únicamente se transmitía oralmente y durante ciertas reuniones consideradas secretas o exclusivas. Estos conocimientos tenían mucho que ver con la masonería operativa que establece una simbología propia a conceptos morales universales, bajo la túnica protectora del Cristianismo. Así, utilizando el medio vehicular de la simbología cristiana, el francmasón transmite nuevos significados para que el lector iniciado pueda realizar una segunda lectura de los símbolos manifiestos.

La doble lectura de los símbolos de la Portada. Así, bajo el disfraz de unas representaciones aceptadas por la Religión oficial, se expone, a nuestro criterio, el desarrollo de la Cábala hermética y el establecimiento de puertas esotéricas que el iniciado debía cruzar para alcanzar la perfección. Esquematicemos los iconos distribuidos sobre la Portada del Sol y reduzcámoslos a once conceptos básicos:

Dios-Creador

Nueva Ley                               Antigua Ley

Clave del arco triunfal

Virgen

San Pedro                               San Pablo

Castillo-llave

Unicornio                               Serpiente

Puerta de acceso

Dios-Creador, en el extremo más elevado es el bien supremo, el fin último de lo creado,  lo máximo del desarrollo espiritual al que debe aspirar el ser humano. Contrapuesto a la puerta, terrenal, de acceso al mensaje redentor de Cristo que se halla en el interior del templo. La clave del arco triunfal es una pieza fundamental para contrarrestar las tensiones superiores del arco. En el ser humano, esta clave es el Conocimiento, fusión de Sabiduría (Antiguo Testamento) y Entendimiento (Nuevo Testamento), de fe y de razón. La Sabiduría es una inspiración divina. Es genio logrado sin esfuerzo. Es espiritual y lo concede Dios como gracia. Es activo. El Entendimiento, en cambio, exige razonamiento, realizar un acto intelectual y físico. Es pasivo porque el individuo recibe la iluminación y debe contrastarla con la Tradición, en un acto reflexivo para comprenderlo en su totalidad y acceder al Conocimiento, neutro. La Misericordia se manifiesta mediante el amor, la tolerancia y la generosidad; pero necesita el contraste de su antagónico, la fuerza o Justicia, que aplica rigor, disciplina y discernimiento para que las acciones de la Misericordia no se diluyan y se manifiesten sin fuerza.

De este modo, los actos positivos, contrastados suficientemente con los negativos cobran la dimensión y el valor necesarios para merecer. La Belleza preside, coordina y controla a la Misericordia y la Justicia, por un lado, y a la Fuerza y Actividad, por otro, capacidades que hacen ascender en el conocimiento y en el disfrute del Creador a través de su obra, mediante Conocimiento y Belleza. El Fundamento significa buen entendimiento, alianza, redención y descanso. La Tierra o reino terrenal, es el comienzo del ascenso en la perfección. Antagónico del Cielo, al que tiende inexorablemente.

Cielo

(Dios-Creador)

Entendimiento                               Sabiduría

(Nueva Ley)                               (Antigua Ley)

Conocimiento

(Clave del arco triunfal)

Belleza

(Virgen)

Justicia                               Misericordia

(San Pedro)                               (San Pablo)

Fundamento

(Castillo-llave)

Fuerza                               Actividad

(Unicornio)                               (Serpiente)

Tierra

(Puerta de acceso)

Lectura cabalística. Cuanto vemos en el Universo corresponde a su modelo ideado por Dios. Para Rabí Isaac Yitsjak Kanuri[32] «no existe ni el menor objeto en este bajo mundo que carezca de equivalente en el mundo de Arriba por el que es regido» y comprender la obra de Dios implica el conocimiento del mundo y de sus mecanismos. Porque a cada objeto o ser de la creación corresponde un nombre que contiene su esencia y abarca su existencia y sus propiedades. El nombre secreto evoca la cosa designada, contiene la cosa misma. Borges lo ha enunciado poéticamente:

En las letras de rosa está la rosa

y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Conocer es poder. El problema es que entre la teoría y la práctica media un abismo. ¿De qué medios disponían los cabalistas para salvar ese abismo? ¿Consiguió alguno de ellos salvarlo o todo fue una mera ilusión? Lo ignoramos, pero sabemos que lo intentaron muchos místicos; desde Adán, el primer cabalista con el poder de Dios sobre las criaturas, antes de la caída, en los días felices del paraíso, depende precisamente de la capacidad de Adán de nombrar a los animales, es decir, de conocer el nombre secreto de cada uno de ellos, lo que equivale a entenderse con ellos y dominarlos. En esto consistía la sabiduría de Salomón, en el poder de hablar a plantas y animales y “hacerse obedecer por sus espíritus”. El hombre moderno tampoco se sustrae a la función mágica y evocadora de la palabra. Todavía persisten palabras-tabú que designan lo que no se debe nombrar: la culebra, por ejemplo, a la que se llama bicha o señorita…. O el verbo “morir” reemplazado por diñarla, pasar a mejor vida y otros eufemismos, que nos evita nombrarla crudamente.

En este mismo sentido, podemos hacer un símil entre estos conceptos expuestos en la Portada del Sol con los sephirat cabalísticos; de modo que Malkuth [reinado, representado por el número de Adonai] es la puerta de acceso al recinto del templo cristiano; opuesto a Keter [Corona], corresponde al alto-relieve del Dios-Creador en el frontón ovalado superior; los intradós verticales de la puerta de entrada son Hod [Fuerza, Esplendor; representado por el número de Elohim Sabaoth] y Netzach [Actividad, Victoria; representado por el número de Tetragrammaton], simbolizados por la figura del unicornio y Lucifer, respectivamente. Yesod [Fundamento; representado por el número de Shadai] es el Castillo sobre el que apareció la Virgen, que es Tiferet [Belleza; representado por el número de Eloha]; y las hornacinas de san Pedro y san Pablo, son Gevurah [Justicia y Severidad; representado por el número de Elohim] y Chesed [Benevolencia y Misericordia; representado por el número de El]; los trasdós mixtilíneos del arco triunfal son Binah, simbolizada por la Nueva Ley, y Hokhmah, Antigua Ley. Daat [Conocimiento; representado por el número Iah] es la clave del arco triunfal y corresponde al Saber. El Cielo (Dios-Creador) se traduce cabalísticamente por Keter [Corona; representado por el número de Ehieh la Yod, o yi, principio y final de todas las cosas].

KETER

Cielo

BINAH                               HOKHMAH

Entendimiento                                Sabiduría

DAAT

Conocimiento

TIFERET

Belleza

GEVURAH                               CHESED

Fuerza                               Misericordia

YESOD

Fundamento

HOD                               NETZACH

Gloria                               Victoria

MALKUTH

Tierra

De las diez Sefirat, tres se hallan giradas hacia la izquierda (Binah, Gevurah, Hod), tres lo hacen hacia la derecha (Hokhmah, Chesed, Netzah) y cuatro permanecen en posición normal, en el centro (Keter, Tiferet, Yesod y Malkhut). Daat se considera una no-Sefirot. No es un atributo, sino el conocimiento-espíritu que recorre todos los pilares, la puerta por la que el Absoluto introduce su voluntad para intervenir en la existencia; el conocimiento que emana directamente de Dios, un devenir que no se limita a la meditación, a la revelación, o al razonamiento, [ilustración 20]. Todas ellas componen una escalera con peldaños en el centro por el que se asciende o se desciende, sostenidos por los soportes laterales. De manera que el ascenso se produce siempre por los atributos de la línea central.

Fachada_Prioral(4)_Cábala20

Cuatro puertas en la Fachada del Sol. La fachada lateral de la Iglesia Mayor Prioral, conocida como Puerta del este, o Puerta del Sol, por las razones que daremos a continuación debería denominarse Fachada de las Puertas porque destacamos en ella tres puertas: Puerta de Malkut, o puerta principal de acceso al templo; Puerta de Yesod, adintelada, correspondiente al par de columnas que jalonan la puerta principal aunque ligeramente destacada para señalar una separación con el umbral principal; la Puerta de Keter, finalmente, queda marcada por el remate renacentista que domina Dios-Creador.

Aún podríamos señalar dos nuevas puertas. La Puerta de Tiferet, Belleza, correspondiente al gran arco con los símbolos de la ciudad: La Virgen y el Castillo; y la Puerta de Binah-Hokhmah, adintelada, sustentada en las dos columnas destacadas del frente, cuyo eje central corresponde a la clave del arco anterior. En el templo judío de Salomón, a imitación del Tabernáculo, las habitaciones se reservaban mediante velos. Entre ambos extremos hallamos otros muchos estados de conciencia y de acercamiento a la verdad, encerrada en el sancta y en Keter. Los portales del templo son idénticos a los niveles de la Cabalá. De este modo, el mar de bronce, el objeto sagrado utilizado para las abluciones, es el Malkuth donde el alma se purifica para inmolarse en Yesod, simbolizado por el Ara de los Sacrificios. Las columnas que presiden el portal son Jachim y Boaz, el Sol y la Luna, el rigor y la misericordia divinos, Gevurah y Hesed[33].

Después de atravesar con éxito el primer velo, el alma se encuentra en el vestíbulo del templo, en Tiferet. Para cruzar el segundo velo y acceder al lugar santo debe equilibrar el conocimiento y la intuición, la reflexión y el impulso; debe aprender a controlar su actividad decidiendo sobre los deseos y las necesidades, entre Binah y Hokhmah. Superada la prueba, el alma se encuentra en condiciones de acceder al lugar santo, Keter. El misterio de Keter es que no es un fin en sí mismo, sino sólo un punto que marca el fin de un ciclo: Obtenido el nivel Keter, el alma comenzaría una nueva peregrinación por los Sephirat, como si se tratara de un Malkuth de nivel superior. A partir de aquí, todo depende del Creador; por eso, el alma debe pedir para merecer el acceso a Keter y disfrutar por un instante de la corona de zafiros que iluminará su vida eligiendo entre dos poderosos dilemas, dos zafiros refulgentes: Binah y Hokhmann. El primero le obligará a confiar en la razón y el entendimiento; el segundo, en cambio, en la inspiración y la revelación. Cuando se alcanza Hokhmann, Binah toma el control y le hace huir; y vuelta a empezar. En cambio, si reprime el deseo intelectual de entrar, y adopta una actitud paciente, esperando la ayuda que aparece apenas entreabre el portal, podrá ver el interior del Sanctasantórum y contemplar la luz que emana.

Tres niveles del Templo, por tanto, que son una expresión de los tres niveles del mundo (físico, mental y espiritual), y corresponden a los tres primeros grados de la Masonería operativa: Aprendiz, Compañero y Maestro. Por el análisis anterior se puede deducir que el autor de la fachada sabía qué quería expresar cuando dispuso los elementos arquitectónicos y decorativos. Si atendemos a una lectura progresiva de mayor a menor y dependiendo del tamaño, lo lógico es que la primera puerta corresponda a la Puerta de Binah-Hokhmah. Fachada_Prioral(4)_Puerta21 Las habitaciones del templo se reservan mediante velos, [ilustración 21]. A Malkuth se opone Keter, como al recinto exterior del templo, el de los sacerdotes, se opone el Sanctasantórum, el lugar más reticente del recinto cubierto. Entre ambos extremos hallamos otros muchos estados de conciencia y de acercamiento a la verdad, encerrada en el sancta y en Keter. Los portales del templo son idénticos a los niveles de la Cabalá. El tercer nivel es el más complicado. De nada valen las habilidades de los niveles anteriores que despertaron valores controlables por la voluntad humana. Estos tres niveles del Templo son una expresión de los tres niveles del mundo (físico, mental y espiritual), y corresponden, como hemos dicho, a los tres primeros grados de la Masonería especulativa: Aprendiz, Compañero y Maestro.

_____________________________________

1 Borissavlievitch, M.: “Perspectiva” (París, 1956); “Le nombre d’or et l’esthétique scientifique de l’architecture” (París, 1962)

2 Para que esto fuera enteramente cierto el espectador debe mirar la Fachada con un sólo ojo y el plano de representación debe ser esférico; es decir, una esfera de centro el mismo punto de vista y radio la distancia principal (medida desde el ojo al pie de la perpendicular trazada desde dicho punto de vista, que coincidiría con la línea de horizonte). Evidentemente, en las ilustraciones explicativas no se ha hecho así.

3 http://www.arqhys.com

4 DE LOS RÍOS MARTÍNEZ, Esperanza: Antón Martín Calafate, iniciador de la reactivación del Gótico en la provincia de Cádiz, a través de la reedificación de la Iglesia Prioral de El Puerto de Santa María, artículo publicado por la Universidad de Cádiz, 2003

5 Falcón Márquez, Teodoro: “Un edificio gótico fuera de época la Prioral del Puerto de Santa María”, (Sevilla, 1992)

6 ALVAREZ MARQUEZ, Mª Carmen: La biblioteca de Don Antonio Juan Luis de la Cerda VII Duque de Medinacelli, en su Palacio del Puerto de Santa María (1673), en Historia, Instituciones, Documentos, 15 (Sevilla, 1989), pp. 251-390.

7 DE LOS RÍOS MARTÍNEZ, Esperanza: Antón Martín Calafate… , (ob.cit.)

8 SANCHO MAYI, Hipólito: Historia del Puerto de Santa María desde su incorporación a los dominios cristianos en 1259 hasta el año mil ochocientos. Cádiz, 1943; “Un maestro constructor portuense del seiscientos”, sin fecha; este artículo inédito estudia la figura de Francisco de Guindos y su trabajo en la Prioral. En él habla, con gran perspicacia, del sentimiento arqueológico de esta maestro mayor, discípulo de Antón Martín Calafate, quien también terminó la sala Capitular del portuense Monasterio de la Victoria, igualmente respetando su estilo gótico original. (citado en “Antón Martín Calafate…” de los Ríos Martínez, Esperanza; (ob.cit.).

9 GARCÍA PEÑA, Carlos: «Pocas son, hasta ahora, las noticias que poseemos sobre tal artífice, vecino de Jerez de la Frontera. Se sabe que en 1628 se ocupaba con su pariente, el cantero Domingo Hernández Calafate, en la construcción de la sacristía de la parroquia jerezana de 5. Dionisio, proyecto que había realizado compitiendo con otro presentado por el maestro Pedro Rodríguez del Raño. En uno de los dibujos que realiza para la reconstrucción de la Prioral portuense, afirma haber construido la iglesia de Conil, por lo que podríamos situar esta obra entre 1628 y 1647 en que comienza a trabajar en El Puerto. Parece que se le deben también las trazas del convento dominico de Nuestra Señora del Rosario dc Cádiz, obra que dirigió con Bartolomé Ruiz, quien le sucedió hasta 1661, tras la muerte de Calafate, acaecida en l659. Sus intervenciones en la sacristía de la parroquia jerezana de Santiago y en el convento de la X’ictoria de Sanlúcar de Barrameda denotan que era apreciada su maestría más allá del ámbito local.» Algunas intervenciones del siglo XVII en la Iglesia Prioral de El Puerto de Santa María. Anales de Historia del Arte, nº5. Servicio de Publicaciones. Universidad Complutense. Madrid, 1995

10  En el artículo inédito sin fecha “Un maestro constructor portuense del seiscientos”, Hipólito estudia la figura de Francisco de Guindos y su trabajo en la Prioral. En él habla con gran perspicacia del sentimiento arqueológico de esta maestro mayor, discípulo de Antón Martín Calafate, quien también terminó la sala Capitular del portuense Monasterio de la Victoria, igualmente respetando su estilo gótico original.

11 Toribio García, Manuel: “Guindos, arquitecto portuense del siglo XVII” (Puerto de Santa María, 1988)

12 Ortega Ortega, Enrique y Perdiguero Prado, Mª Carmen: “Reedificación de la Iglesia Mayor Prioral durante el siglo XVII” (Puerto de Santa María, 1991)

13 Ortega Ortega, Enrique y Perdiguero Prado, Mª Carmen: “La capilla de la Pontificia e Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento en la Iglesia Mayor Prioral (Puerto de Santa María, 1998)

14 GARCÍA PEÑA, Carlos: «Parece que tal portada se labraba todavía en el XVII, y de ello habla claramente su remate, Aunque estructuralmente su esquema de arco dentro de arco no resulta infrecuente, es difícil encontrar tales anacronismos estilísticos en nuestro primer barroco. Todos los elementos son platerescos, pero la combinación es de tal insistencia que visualmente responde a un espíritu más propio del barroco pleno que del arte del XVI. De ello solo encontramos ejemplos parangonables en realizaciones americanas tales como la portada principal de la iglesia de Lampa olas de la iglesia de Santiago en Pomata, todas en Perú. En la portuense hay una mayor complejidad en cl diseño general, más dentro de la tradición clásica, aunque apenas reconocible a causa del aparato ornamental.» Algunas intervenciones del siglo XVII (ob.cit.) Madrid, 1995

15 (I Reyes 6:2-3)

16 (2 Crónicas 3:1-9) y (Ezequiel 40:5)

17 (I Reyes 7, 15-17)

18 AGUAYO COBO, Antonio: Lectura iconológico de l Puerta del Sol de la Iglesia Mayor Prioral de El Puerto de Santa María. Revista de Historia de El Puerto, nº 34, 2005 (1º semestre)

19 Ramírez, Juan Antonio: “Dios arquitecto – J.B. Villalpando y el templo de Salomón” (Madrid, 1999)

20 Viollet-le-Duc: Dictionnaire de l’architecture française du XIe au XVIe siècle (París, 1854)

21 No olvidemos que las Iglesias y Catedrales eran edificaciones que se ejecutaban a lo largo de muchos años y durante ese tiempo podían suceder distintos acontecimientos que obligaran a cambios (n. de a.)

22 Montañosa, J.: “La arquitectura como lugar” (Barcelona, 1974)

23 Serlio, Sebastiano: Libro I sette libri dell’architettura, (Venecia, 1584)

24 Vitruvio Polión, Marco: Arquitectura: Libros I-IV. (Madrid, 2008)

25 “Almendra”, en italiano (n. de a.)

26 John Michell: The Dimensions of Paradise: The Proportions and Symbolic Numbers of Ancient Cosmology. (Kempton-Illinois, 2001)

27 AGUAYO COBO, Antonio: Lectura iconológico de l Puerta del Sol de la Iglesia Mayor Prioral de El Puerto de Santa María. ob.cit.

28 SÁNCHEZ GONZÁLEZ, Antonio: “Luis de la Cerda había recibido una educación doméstica, al calor de las tradiciones familiares, por un lado, sostenida en los valores de una rígida y piadosa moral cristiana y, por otro, en una concepción profundamente humanista. (…) Profundamente cristiano, sólo así se entiende -como reconoce el Padre Las Casas- la manera de encajar por su parte la orden de la reina Isabel la Católica, cuando le pide que desista de sus intenciones descubridoras apoyando a Cristóbal Colón.” Don Luis de la Cerda, 500 años después (El Puerto de Santa María, 2001)

29 MUÑOZ Y GÓMEZ, Antonio: Noticia Histórica de las calles y plazas de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1903), pp. 216

30 VEGA GEÁN, Eugenio J.: Origen de las cofradías de la Piedad y el Santo Entierro de Jerez, Centro de Estudios Históricos Jerezanos, pp.5

31 ROMERO MEDINA, Raúl: Los canteros de la obra tardogótica del Monasterio de la Victoria de El Puerto de Santa María (1522-1544) (El Puerto de Santa María, 2010)

32 Wagner, Matthew: Judaísmo: La magia del difunto rabino Yitzhak Kanuri (The Jerusalem Post.2008)

33 Villalpando, J. B.: “In Ezechielem Explanationes et Apparatus Urbis ac Templi Hierosolymitani. Commentariis et Imaginabas” (Roma, 1596); W. Dietterlin: “Arquitectura de la distribución, simetría y proporción de las cinco columnas” (Nürnberg, 1598)

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