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Arquitectura sagrada

In Análisis de plantas,Análisis geométrico,Geometrías ocultas on 21 mayo, 2014 por alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 6.4.2014

 

Las construcciones sagradas, desde la más remota antigüedad, estaban destinadas a alojar al dios imperante. Respondían a una estructura también sagrada, derivada de formas geométricas consideradas secretas, basadas en el círculo, triángulo equilátero, cuadrado y rectángulos irracionales. 

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Durante muchos milenios, este conocimiento geométrico estuvo regido por las castas sacerdotales, reticentes a su divulgación, y tuvo su origen, según se cree, en los templos egipcios. De Egipto pasó a la civilización de Occidente por dos vías: el Génesis de Moisés, y por los escritos de los más grandes iniciados, que demostraron su habilidad para mantener el secreto una vez que tuvieron acceso a este conocimiento. Pitágoras, Herón de Alejandría, Platón, Apolonio de Perga, etc.

Los egipcios conocían las unidades físicas, como nuestro metro, pero jamás las aplicaron. Preferían medidas más casuales, como el codo. Comprendieron, como los pitagóricos después, que las medidas reales son sólo unidades abstractas.

A nosotros nos ha costado cientos de años llegar a comprender el mundo de las ideas de Platón, donde tienen existencia la abstracción geométrica de la realidad, como la línea recta real imposible en un Universo en continua expansión.

Sólo desde la abstracción es posible concebir la existencia de ejes de rotación, diámetros imaginarios de circunferencias, diagonales y mediatrices. Esta imposibilidad nos lleva a creer que realmente es imposible adoptar una base comparativa inmutable que sirva de aplicación para todo, puesto que el universo se mueve. Incluso, si la medida es el propio ser humano o cualquier otra referencia tomada como canon.

En estos casos, sería una solución paliativa, no definitiva. De ahí que los egipcios aplicaran a sus templos medidas casuales –posiblemente por imitación a los sumerios y acadios, que la aprendieron de las civilizaciones antediluvianas, muy anteriores a la egipcia-, conscientes de que los muros y cubiertas de un edificio son planos que, al reunirse, delimitan un espacio interior que debía ajustarse al ser humano para hacerse habitable.

La misión del geómetra arquitecto era fundamental. Nada menos que ajustar las medidas del Templo para ser habitado por la divinidad. En el origen de la humanidad, cuando las divinidades eran femeninas e identificadas con la Madre Tierra, el ser humano las localizaba en grutas y cuevas –de las que hemos citado algunas de las más espectaculares-.

Más tarde, cuando la humanidad prefirió adorar a dioses masculinos, levantó piedras puntiagudas de enormes proporciones, denominadas menhires –individuales, alineaciones de diferentes ordenaciones, círculos concéntricos, o como pilares de sustentación de otras piedras adinteladas-. Para volver a las navetas, talayots, taulas y construcciones más complejas, cada vez más parecidas a las pirámides mesopotámicas. 

Pero, si Dios se manifiesta en los cielos, en el aire, en el agua y habita en la tierra, es el dueño de la vida y de la muerte, ¿cómo acotar un espacio material, en mi pueblo, junto a la casa del párroco, y pretender que duerma allí el Creador del Mundo? Si esto fuera posible, ¿cómo construir un espacio así?

Resulta evidente que debió ser una tarea imposible y los grandes iniciados optaron por recurrir a los símbolos para representar en medidas humanas la infinitud de Dios. Un claro ejemplo de este simbolismo es la figura tetraédrica de la pirámide egipcia, síntesis abstracta de un montículo de arena del desierto, siempre cambiante y vencedor de las más terribles tormentas.

Al ser escalonada y acabada en forma puntiaguda, representa al sol –el vértice superior de la pirámide cuadrada de base cuadrangular regular-, siendo las aristas laterales, los rayos benéficos del mismo, que se hunden en la Tierra fecundándola. 

Este conocimiento sagrado pasó al pueblo de Israel a través del Libro del Génesis, escrito por Moisés que, como se recordará, fue educado por los egipcios para convertirse en sumo sacerdote. No hay otro pueblo sobre la faz de la Tierra que haya inventado tantos mitos como el hebreo, experto en asimilar las costumbres de las naciones que han ocupado o bajo las que ha vivido esclavizado.

De todos ellos ha sabido extraer, sintetizar y divulgar primitivas creencias, ancestrales ritos y saberes de iniciación con los que ha conformado una religión ecléctica y sincrética con la que, a lo largo de su larga y obligada trashumancia, ha inoculado también a muchas otras.

Durante mucho tiempo, la geometría sagrada se transmitió encubierta en una disciplina cabalística denominada Gematría que, indirectamente, formaba parte de las enseñanzas esotéricas que el maestro de obra iba mostrando al aprendiz.

En Gematría, al triángulo qquilátero se le asigna la letra Alef (a); al Cuadrado, Mem (m), y al Pentágono, Shin (c). Alef, Mem y Shin son letras-Madre porque originan las restantes letras. Efectivamente, si tomamos los polígonos regulares simples como punto de partida y tratamos de generar polígonos de número de lados múltiplo de los anteriores:

  • Triángulo Equilátero (3 lados) –> Hexágono regular (6 lados = 3 x 2) –> Dodecágono regular (12 lados = 6 x 2 = 3 x 4) –> Polígono de veinticuatro lados (24 lados = 12 x 2 = 6 x 4 = 8 x 3); es decir, todos ellos múltiplos de tres y obtenidos por el duplicado del anterior.
  • Cuadrado (4 lados) –> Octógono regular (8 lados = 4 x 2), consecuencia de duplicar el número de lados del Cuadrado.
  • Pentágono regular (5 lados) –> Decágono regular (10 lados = 5 x 2) –> Polígono regular de veinte lados (20 lados = 10 x 2 = 4 x 5) –> Polígono regular de cuarenta lados (40 lados = 20 x 2 = 10 x 4 = 8 x 5); es decir, todos ellos múltiplos de cinco y obtenidos por duplicado del anterior.

Durante la Edad Media, en la época de las catedrales, románicas y góticas, el maestro de obra, “qui messoribus prærat”, y el “magister muri” optaron por la majestuosidad, por espacios interiores grandiosos, por estructuras parecidas a una nave invertida –la nave de Pedro capaz de surcar el firmamento-, por el primitivo método de poner una piedra sobre otra. En realidad, un pilar sobre otro, que no es lo mismo. 

Lo más apasionante de estas construcciones sagradas que podemos disfrutar de ellas, porque en la arquitectura española hay un itinerario de edificios sagrados con marcados significados esotéricos, labrados por una geometría vital y trascendente, y cuya lectura queda reservada a unos pocos escogidos. Sólo les falta indicar con un cartel, a la entrada, la famosa frase de Platón: «No entre quien no sepa geometría».

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Geometría oculta en Rosslyn

In Análisis de plantas,Análisis geométrico on 4 octubre, 2010 por alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez, mayo 2010

Algo importante ocultaron los Sinclair en la Capilla de Rosslyn, en contra de quienes afirman que todo está magnificado por la novela de Dan Brown. Ya se ha visto en los apartados anteriores algunos de los símbolos más difundidos; sobre todo, los relativos a sus bóvedas y esculturas, dispersas de modo inteligente por el recinto sagrado y respondiendo a un código temporal. Del análisis geométrico de su estructura formal tal vez se descubra algún secreto.
La Capilla está construida al tamaño del visitante, en contraposición con otras iglesias medievales que exaltan las proporciones sólo para impresionar y acongojar a los fieles. Signos externos de la grandiosidad y poder divinos que evita cada segundo que aquella gigantesca Montaña hueca, construida con miles de sillares magníficamente tallados a pie de obra por abnegados maestros entregados a la obra, no se les caiga en la cabeza. Ciertamente parece un milagro que las miles de toneladas de piedra hayan permanecido intactas desde hace quinientos o seiscientos años. Quien se sumerge en ese hueco contenido nunca olvida esa primera experiencia, la impresión sobrecogedora de sus elevados muros, la riqueza decorativa de sus ventanales, el reparto preciso de sus arcos y bóvedas, la descomunal bóveda que asemeja el firmamento… Al contrario de esas otras iglesias medievales, Rosslyn está erigida para acoger y recoger al visitante. La sensación de intimidad desborda su apabullante decoración, teniendo lo que tienen todas: Planta basilical con tres naves, central y laterales; dos cuerpos, el inferior elevado por pilares de nervaduras verticales y arcos apuntados, y el superior mediante muros aguantados por cómodos contrafuertes. Como en los templos egipcios, a medida que se avanza el interior pierde altura, terminando en un espacio de una sola altura, sostenido por seis columnas y el muro trasero, [ilustración 1].

Aún en el centro de la nave central, de cinco tramos, la precisión geométrica demuestra la armonía del trazado de su planta. En el tercer tramo de bóveda, como ya se ha visto anteriormente, se ha esculpido el escudo de los Sinclair en el centro, haciéndolo corresponder con el centro, también, de los cinco tramos; es justamente ahí donde el maestro constructor ha situado las puertas lateras, las orientadas a oriente y occidente, obligando a considerar ese espacio como Cuaternario. En él se dan las cuatro direcciones terrestres (norte-sur, por el sentido de los cinco tramos abovedados; y este-oeste, por la situación de las puertas laterales que marcan el tránsito del visitante).
En la siguiente [ilustración 2] se aprecia cómo estas tres entradas conforman un triángulo equilátero, espiritual y femenino, cuyos vértice G y E se ubican en el centro de sus respectivos umbrales, y el E, en el exterior; siendo el centro de este triángulo el punto N, centro del primer tramo de la nave central y donde presumiblemente iniciaba su recorrido simbólico el neófitos accedía a los grados superiores mediante la iniciación.

Una curiosidad geométrica destacable son los seis círculos que pueden inscribirse en todo el recinto; de los cuales, únicamente cuatro quedan dentro del rectángulos A-B-C-D, considerado como recinto reservado y, por ello, el auténtico santuario de la Capilla, como se verá más adelante. Estos círculos tienen sus centros, de oeste a este, en O1-O2-O3-O4. Los círculos de centros O5 y O6 son externos a este espacio sagrado, lo cual es ya significativo y apoya nuestra apreciación de considerar la Capilla de Rosslyn como un centro iniciático. De la cadena secuencial formada por los cuatro círculos centrales, los tres primeros (O4 y O3 y O2) delimitan los tres grados de la Masonería: Aprendiz, para el espacio delimitado por el círculo O4 que, a su vez, circunda los tramos de bóveda segundo y tercero; siendo el “velo” que lo delimita el primero, diámetro norte-sur del círculo y eje radical con el siguiente, con el que se integra en la cadena, como si fuera una escalera formada por escalones circulares que se relacionan entre ellos por tramos de bóvedas y velos (ejes radicales) y diámetros.
Pero, sin duda, el círculo que requerirá más nuestra atención es el de centro O4, que delimita el quinto, y último tramo de bóveda, y el espacio sacratísimo, A-B-G2-B2. Es rectangular, aunque conformando una proporción muy adecuada que le permite inscribir un hexágono regular estrellado cuyos vértices respectivos O6-G2-H3-O2-C2-B2, forman dos triángulos equiláteros opuestos: El material, activo y masculino O6-H3-C2, y el espiritual, inactivo o femenino G2-O2-B2; cuyo nódulo A3-G3-F3-D3-C3-B3, es otro hexágono regular estrellado integrado por los triángulos opuestos menores A3-F3-C3 y G3-D3-B3. Este nódulo hexagonal estrellado señala el lugar donde se situaba el triángulo de luz que bordeaba el libro de juramentos y las herramientas de la obra, frente a la tribuna donde el Venerable Maestro, flanqueado por el Tesorero y el Secretario, daba fe de cuanto ocurría a la luz de las velas y en presencia de los hermanos asistentes.
El Círculo O1 circunscribe al Octógono regular convexo A1-B1-C1-D1-F1-G1-H1-I1, que posee la propiedad de estar contenidos en líneas principales del trazado de planta del edificio, tanto ejes (A1 y F1, intersecciones de los ejes transversales respectivos E1 y E4, con el axial principal del edificio) como los que dividen en dos a las pilastras con contrafuertes que sostienen a los muros exteriores (B1-I1, sobre el eje que corta a las pilastras 6 y 6′; C1-H1, sobre el eje que corta a las pilastras 5 y 5′; y D1-G1, sobre el eje que corta a las pilastras 4 y 4′). Aún podemos descubrir algo más. El octógono regular es una figura que utilizaron los Templarios para concebir las plantas de muchas de sus capillas e iglesias, porque es susceptible de contener la cruz pateada, el emblema de la Hermandad de Caballeros. En el octógono regular convexo se puede hallar esta cruz sobre el recinto santísimo, destacando el lugar e indicando su verdadera utilidad iniciática.
Finalmente, las líneas de los arcos que conforman el recinto santísimo es una A mayúsculas, que descansan sobre los ocho pilares últimos, cuyos centros son A-B-C1-C2-C3-C4, se disponen según tres “T”, mayúsculas: La formada por C2-C1-B y C1-O1; la C3-C4-A y C4-O1; y, finalmente, la B-O6-A y O6-O1.
La disposición de la Capilla escocesa recuerda a la del Templo de Salomón, [ilustración 3]. En la primera, el acceso parte desde el oeste, atraviesa una pequeña habitación adosada al amplio muro de la cabecera -que no se ha dibujado en la ilustración– y se entra a un espacio de planta rectangular que, a su vez, contiene otro rectángulo menor, concéntrico, aunque de características muy diferentes. En templo de Salomón, la puerta estaba retrasada, orientada al sur y flanqueada por dos columnas de gran tamaño, la de Jaquín y Boaz.

Ambas poseen un ámbito destinado al vestíbulo, introductorio al lugar santo propiamente; utilizado por los fieles como lugar de recogimiento, donde se colocaba la pila con agua bendita alusiva a las aguas primigenias.
En ambos edificios, el lugar santo o templo propiamente, eran rectangulares, de ratio 1:3, que se distribuían según tres zonas perfectamente delimitadas. En Rosslyn estos tres espacios son regulares, tres Cuadrados que se suceden a lo largo de la línea de eje oeste-este. El Cuadrado situado más al oeste correspondería al Ulam salomónico y estaría destinado al ritual masónico de Aprendiz, como veremos a continuación. Contiene al umbral de acceso al espacio iniciático a través del umbral al primer tramo de bóveda, entre las dos primeras columnas exentas que simbolizarían a las célebres columnas salomónicas; así como al primer velo entre las columnas de acceso al segundo tramo de bóveda. En la situada más al norte era el ámbito de influencia del primer vigilante.
Este primer velo, en el templo de Salomón, consistía en una puerta abatible de grandes proporciones, por las que se accedía al Ulam, situado a un nivel inferior y exclusivo de la casta sacerdotal. De algún modo, el que el neófito accediera a ese espacio reservado con los ojos tapados y fuera sometido a movimientos que lo desorientaban, hacía alusión a una presencia ilusoria (porque no es él quien penetra en el recinto santo, sino sus miedos y deseos de luz) y no faltaría a la doble ley del “secreto y silencio” que preside la obra. Como primitivamente los sacerdotes, el neófito únicamente verá dónde se encuentra cuando sea aceptado en la fraternidad; es decir, pertenezca al grupo de elegidos encargados de realizar la Obra.
Inmediatamente después de este primer Cuadrado-Ulam, se accede al segundo que, a diferencia con el anterior, contempla dos velos (el segundo y tercero) y contiene plenamente al tercer tramo de bóveda, la que reproduce la cruz de los Sinclair, la encrucijada de las cuatro direcciones del espacio, origen del largo periplo personal que realizará el Compañero para ser merecedor de la Maestría. Este segundo Cuadrado representa al Hekal del templo hebreo, donde se contienen los objetos sagrados. Durante los rituales del segundo y tercer grado, el aspirante recibe instrucciones precisas sobre el doble empleo de todas las herramientas utilizadas por el masón durante la construcción del Templo.
Finalmente, el tercer Cuadrado, de acceso a la maestría, lo llevará a gozar del último tramo de bóveda hasta acceder al lugar sacratísimo, al Debir, la parte más ricamente decorada de la Capilla; donde hallará las dos columnas alusivas a toda su instrucción. Contemplará la columna del Aprendiz, una espiral evolutiva y ascendente, llena de innumerables de pasos, adornada por las ilusiones del mundo que lo han tentado a abandonar la senda del sacrificio, de la humildad y de la ascética, representada por la columna del Maestro, limpia de adornos y únicamente compuesta por estrías verticales que representan su condición y su deseo de seguir ascendiendo hasta alcanzar las máximas cotas.
Se ha aludido antes al espacio interior sagrado como lugar de iniciación masónica o templaria. De la iniciación primera conocemos algo de su desarrollo y podemos revelar gran parte de su contenido simbólico. De la segunda, no ha trascendido nada. Tal vez en las órdenes de caballería que pervivieron y que la asimilaron podamos encontrar parte de este pasado simbólico que, hoy día, se nos escapa. Por ello, hagamos un símil entre los espacios en Rosslyn que creemos significativos y su posible empleo durante alguna de las tres iniciaciones básicas de todo hermano masón.
La especial disposición de la nave central permite dividir el ámbito que cubre por estratos que coinciden con los diferentes símbolos espaciales desarrollado en el Capítulo 2 de este mismo volumen. Ya hemos de velos que destacan con extraordinaria claridad y precisión sobre la planta expuesta en la [ilustración 4]; así como, la colocación de los vigilantes, primero y segundo, sobre las columnas del norte, o el sur, indistintamente, aunque de manera diagonaliza; es decir, si el primer vigilante se situada en la columna norte del segundo tramo, el segundo vigilante lo hacía en la columna sur del tercer tramo. El primero vigilaba el segundo velo; el segundo se encargaba de controlar que el aspirante conociera las palabras de pase y los signos del grado.

También es de destacar la colocación de la mesa presidencial, donde se ubicaban el Venerable Maestro, flanqueado por el Hermano Secretario y el Hermano Tesorero; generalmente, sobre una tarima que lo elevaban ligeramente del suelo para controlar el desarrollo de la ceremonia y, al mismo tiempo, ser observado por el resto de hermanos asistentes. Se subía a ella por peldaños en número impar. Tradicionalmente eran tres gradas, una por cada grado; que después pasaron a cinco, las tres iniciales más los dos grados de responsabilidad. Frente a las gradas la mesa del juramento sobre el libro de reglas, la escuadra y la regla de 24 pulgadas; y, opcionalmente, otros signos, como la espada, el mallete y dos bloques de piedras, el tallado y el bruto. La mesa se iluminaba por tres velones que delimitaban un recinto de luz triangular de vértice superior próximo a la mesa del Venerable Maestro.
Tanto la grada como la mesa de juramento eran móviles y se ubicaban según el tipo de ceremonia a ejecutar. Durante la primera iniciación, se situaba debajo de la cruz de los Sinclair, en el tercer tramo de bóveda, detrás del tercer velo. En el ritual de iniciación del Compañero, entre el tercer y cuarto tramo de bóveda, tras el cuarto velo, ya dentro del espacio reservado que presiden las tres “Taus” del Débir. Finalmente, durante la ceremonia de acceso a la maestría, ambos elementos se situaban en el último tramo del rectángulo sagrado, en el lugar sacratísimo.
La entrada a la Logia del Maestro Venerable y los demás cargos de responsabilidad se efectuaría por la puerta del sureste, al fondo de la Capilla. Bajando una suave escalera se accedería a la Cripta, que posee cuerpos enterrados y que fue utilizada como cámara donde se guardó el tesoro de la colegiata, lo que daría lugar a las leyendas que confundirían estos tesoros con el Grial. Lo que sí contuvo fueron reliquias muy preciadas y sirvió para los leprosos escucharan las misas. Previa a cualquier tenida masónica o iniciación solemne, los cargos de responsabilidad se reunirían en ella y, esperarían las llegada de la hora de comiendo de la ceremonia.. . . . . . . . .

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Iglesia Parroquial de Porcuna (Jaén)

In Análisis de fachadas,Análisis de plantas,Análisis geométrico on 4 octubre, 2010 por alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez, mayo 2010

El suntuoso templo parroquial fue diseñado por el arquitecto Justino Flórez Llamas (1848-1927), enamorado de la ciudad, que quiso honrarla erigiendo un templo con formas neo-góticas y bizantinas que dominaba.
Sorprende la solidez en la resolución, los amplios espacios interiores y la claridad de los volúmenes, que se articulan de manera armoniosa e integradora. La fachada principal, como veremos a continuación, es un sobrio prodigio, muy bien pensada y ejecutada con magnífica factura. Levantada con muros de mampostería, aunque los esquinales, impostas y coronamientos se ejecutaron de sillería (piedras talladas por canteros que dejaron claves y signos de su oficio, y que aún pueden observarse). Los pilares, en cambio, que debían soportar los arcos de piedra y la impresionante cúpula, se ejecutaron de losas,
La fachada, ilustración 1, presenta tres alturas: La del Atrio, ligeramente adelantada y formando cuerpo con la fachada principal; las naves y el crucero; y, finalmente, la torre octogonal irregular rematada por bóveda de ojivas que soporta una cruz de hierro en el ápice.

El acceso al templo se realiza por la fachada principal, presidida por un arco de medio punto y un paramento adelantado también semicircular que franquean dos columnas empotradas. La escalera es de piedra, recia y equilibrada. Las fachadas laterales se abren hacia la mitad del templo. Dos capillas laterales, adosadas al crucero, se desligan del cuerpo principal. Es decir, son añadidas y superpuestas a la estructura total, aunque sin romper la armonía que preside el conjunto.
En su estructura geométrica se encuentran los tres elementos simples de la Geometría: Triángulo equilátero, cuadrado y circulo. Así, el rosetón central, sobre la puerta principal de acceso, es el centro de todo el conjunto de la fachada. El centro del rosetón es el circuncentro O de un triángulo equilátero ABC que inscribe a toda la fachada. De este modo, el vértice B contiene al punto más álgido de la torre, ilustración 2, y los vértices A y C son los extremos del lado básico del mencionado triángulo. El cuerpo principal (naves y cúpula) es un cuadrado (1-2-3-4), cuyos lados laterales pasan por los puntos medios, M2 y M3, de los lados del triángulo equilátero de partida. Por estos puntos, obviamente, pasarán las medianas del triángulo que, como no podía ser de otro modo, contienen al centro O, de equilibrio, de toda la fachada.

Con independencia a estos tres elementos, se pueden destacar cuatro triángulos más. Tres obtusos y uno rectangular. De los tres primeros obtusos, los dos inferiores (A2-B2-C2 y A3-B3-C3) son iguales y sus lados laterales son paralelos a las techumbres de primer cuerpo de la propia fachada y la de los salientes que presentan las dos capillas laterales, a la altura del crucero. El siguiente (A1-B1-C1) es rectángulo y contiene al remate dentado de los contrafuertes principales. El cuarto triángulo (M2-B4-M3) es el que forman las dos aguas de la techumbre de la nave central del templo, más elevada que las laterales. Constátese el arranque en A2 y C2, puntos del triángulo equilátero que representa a la Santísima Trinidad (Padre-Hijo-Espíritu Santo), con el alineamiento de los pares de vértices A2-A3 y C2-C3, y los muros más separados del templo que corresponden a las capillas laterales. No coinciden exactamente debido al saliente de la techumbre de tejas. Feliz alineamiento que se vuelve a observar en el círculo del rosetón respecto del triángulo rectángulo A1-B1-C1.
Se puede especular acerca del proceso creativo que debió seguir Justino Flórez Llamas en el reparto de masas en la fachada. Todo parece indicar que primero trazó un círculo de radio indeterminado, considerado primordial, siguiendo la tradición de los arquitectos de catedrales medievales. Cualquier círculo orientado este-oeste, (que valoraba clavando una estaca de madera en el suelo y copiando las direcciones del sol cuando despunta y en orto), según una dirección solar, simboliza el templo universal, el recinto sagrado de los druidas celtas, augures romanos y sacerdotes griegos. Trazados los ejes perpendiculares que delimitaban un espacio tetradireccional: Un cuadrado, sinónimo de templo.  Dentro del Círculo primordial inscribió un triángulo equilátero (A-O1-O2) símbolo de la Santísima Trinidad, derivada de la Tetraktys pitagórica, el número 10 con el que se designaba al Creador del Universo. Una vez concretadas las medianas del triángulo (O1-M3; A-M1 y O2-M2) hizo centro en los vértices O1 y O2 con los que trazó los arcos de radios respectivos (O1-M3) y (O2-M2) que cortaron al lado de la base en los puntos N1 y N2 que relacionan con razón f los segmentos que divide al lado de la base. Es decir, con ese gesto de compás ha obtenido una medida áurea con la que delimitar el ancho total del templo, haciéndolas corresponder con los muros exteriores de las capillas laterales ubicadas en el crucero.

Las perpendiculares al lado de la base del triángulo fundamental, desde los puntos medios  M1 y M2 concretan los lados de un Cuadrado básico (1-2-3-4) que delimita el cuerpo principal del templo; es decir, las tres naves, principal y laterales, en la que divide el recinto sagrado interior.
Aún se pudo trazar desde los vértices O1 y O2 dos nuevos arcos que contuvieran al centro O del triángulo, y que cortaran al lado básico del triángulo equilátero en los puntos K1 y K2, delimitando así el ancho de la torre octogonal.
Si se divide sucesivamente el cuadrado (1-2-3-4), recurriendo al método de Platón, se obtienen polígonos homotéticos de superficies reducidas a la mitad cada vez. Al llegar a la segunda reducción derecha (hasta concretar el cuadrado auxiliar 14-24-34-44) se obtienen límites que pudieron haber sido utilizados para calcular el diámetro del círculo-rosetón principal. No parece probable que Justino Flórez empleara únicamente el método del cuadrado por ser demasiado “materialista”. También aplicaría un segundo método, que fuera más acorde con la finalidad del edificio: Servir de habitáculo a Dios. El método del pentáculo es más armonioso y espiritual, ilustración 4, y sus divisiones se obtienen inscribiendo en el Círculo primordial un pentágono regular, convexo o estrellado; en este caso, se ha optado por el convexo (C-D-E-F-G). Simétrico respecto de una línea de eje horizontal, se ha trazado otro pentágono regular convexo, que dividen el recinto templario en diez partes iguales. En realidad, el efecto es el mismo que si se hubiera trazado directamente un Decágono regular estrellado de segundo orden.
Obsérvese que el punto J1 es el punto medio del segundo escalón de la entrada, que se alinea con el punto T1, que delimita el arranque de la línea limatesa de la techumbre de una de las capillas adosadas al crucero, y el vértice G del pentágono regular convexo, en posición derecha. Igual sucedió con el alineamiento de los puntos J1 con T2 y con el vértice D, de la otra capilla adosada.

El lado del cuadrado 1-2-3-4, según este método, se obtendría trazando las apotemas del polígono regular, todas de igual longitud; de modo que el segmento que delimitan los puntos medios de dos lados consecutivos (es decir, las bases de dos apotemas consecutivas) equivaldría al lado buscado. En la ilustración, el segmento (L1-L2).
Tan hermosa y equilibrada como la fachada principal del magnífico templo, la planta narra con más rigor geométrico las razones esgrimidas por Flórez Llamas para diseñar un edificio con las características que presenta la Parroquia de Porcuna, orgullo de la ciudad. En la ilustración 5 exponemos la planta completa con las dependencias anexas, situada en la cabecera y ligeramente girada un ángulo de -2° de la horizontal del eje axial que divide el templo, que ya estaban edificadas.

La iglesia parroquial es de planta basilical de tres naves (central, algo más amplia, y dos laterales) inicia su recorrido en un breve vestíbulo de tránsito, que hace las veces de atrio cubierto y concebido como distribuidor y lugar “donde puedan detenerse a la entrada y salida del templo para arreglarse los vestidos, abrir y cerrar los paraguas cuando llueva, cubrirse y descubrirse bajo techado y demás operaciones que diariamente vemos practicar”, en palabras del propio Justino. Una vez que se accede desde el portón, el cristiano se encuentra con tres puertas de gran austeridad de formas. La de la siniestra se abre a la capilla del baptisterio, alejada del culto ordinario tal como se concebía en la cristiandad antes del siglo VII d.C.

El portón derecho, de menor envergadura, comunica con la escalera helicoidal de acceso a la torre, y la capilla de Ánimas, donde se halla el impresionante Cristo de la Buena Muerte, de profunda veneración popular. La frontal es impresionante y permite pasar directamente a un primer tramo de nave, cubierto por un amplio balcón donde se ubica el coro y el órgano.
El cuerpo central lo componen cuatro tramos de naves en donde llama la atención la ausencia de capillas laterales y confesionarios que pudieran distraer la atención del cristiano durante la celebración eucarística. A esta limpieza de líneas constructivas se le une la austera ornamentación de los paramentos verticales, concentrada en las capillas absidiales y el presbiterio.

La musicalidad de sus volúmenes se refleja en cada uno de los detalles arquitectónicos concebidos por los Flórez, padre e hijo; que se fundamentan en una concepción geométrica simple que como se vio en la Fachada, parte de un punto-origen, la Mónada, el Dios-Creador, de cuyo poderoso verbo manan las criaturas del universo. Ese punto es el centro de la cúpula que simboliza al Paraíso. A partir de aquí los cuerpos y masas constructivas se van sucediendo como esos objetos singulares y variados surgen de la chistera del mago. En la ilustración 6 este origen es el centro del círculo que representa la base de la cúpula central del templo y por el que pasan las bases de dos triángulos equiláteros. El primero señala el centro de otro circulo al pie del recinto sagrado; y el segundo, el final de la cabecera. Es también el centro del Círculo primordial en el que se inscribe el decágono regular estrellado de dos partes (dos pentágonos regulares convexos y simétricos, de los que se deducen las líneas maestras de todo el conjunto), como se muestra en la ilustración 7. El centro-origen O1 es el centro del círculo que contiene a los puntos Q1, Q2, Q3 y Q4, centros de los pilares que sustentan a la cúpula, y en donde se sitúan las pinturas de los cuatro evangelistas, que representan los pilares de la Iglesia, uno por cada pechina que sirve de ajuste al círculo basal del que arranca la cúpula semiesférica.

Justino Flórez previó la decoración mural de esta cúpula, que Manuel Bueno Carpio la describe como la “Divinidad, representada por un círculo amarillo y un aro azul sobre fondo blanco. De ese círculo dorado emanan, en forma radial, los rayos de luz que iluminan el Mundo. Es una versión moderna de Ego sum lux mundi (Yo soy la Luz del Mundo) del Pantocrator que preside las bóvedas de los presbiterios en las iglesias románicas de la Edad Media.”
Estos puntos son los de mediana de los lados del cuadrado A2-B2-C2-D2, cuyo vértice C2 señala la posición del altar mayor, y su diagonal B2-D2 es la longitud del lado del triángulo equilátero B2-6-D2, cuya altura equivale al radio del Círculo primordial que contiene al vértice superior, 6, y concreta el límite del templo por la cabecera.
Como se ha dicho antes, O1 es también el centro del Círculo primordial donde se ha trazado el Decágono regular estrellado de dos partes; en realidad, dos Pentágonos regulares convexos, 1-2-3-4-5 y 6-7-8-9-10, que acotan la línea central del ancho total del recinto, al unir los puntos 3-9 y 4-8, respectivamente; y contienen, a su vez, al cuadrado A1-B1-C1-D1 en posición normal, cuyos lados equivalen al espacio interior útil del templo. Este cuadrado A1-B1-C1-D1 articula el lugar santo del templo, el sanctasanctórum del edificio, pues incluye al altar, la cúpula y las capillas absidiales que hacen de brazos de una cruz simbólica, ilustración 8; utilizada como elemento conceptual para enlazar místicamente el rectángulo del vestíbulo, A5-B5-C5-D5, con el rito incruento del altar a través de la pasión y muerte del Redentor. De este modo, la disposición de los volúmenes constructivos sugieren un doble significado, pues la cúpula y el centro-origen del edificio, desplazado, no es sólo el Paraíso prometido, sino que simbólicamente es Cristo Crucificado, objeto de nuestra Fe, representado en el cruce de la nave central, que comienza en dos objetos a ambos lados de la puerta de acceso al templo (indicada en el plano e inexistentes en la realidad) y acaba en la bóveda de horno del presbiterio, con el tramo trasversal que une las capillas absidiales, la de la Santa Cena, al norte, y la de la Sagrada Familia, al sur.

Un segundo cuadrado, A3-B3-C3-D3, es también el que concreta el cuerpo central del templo y el que completa la longitud total del mismo; pues el rectángulo N1-N2-C3-D3, es √2 –raíz cuadrada de dos–, por tener como lado mayor [N1-D3 = N2-C3], la diagonal del cuadrado de partida.
El vértice O2 del triángulo equilátero 7-O2-10 es el centro de un círculo de radio idéntico al de centro O1, contiene a los centros de los pilares donde acaba el coro y comienza el cuerpo central y al cuadrado M2-M1-C5-D5, que también aclara la longitud del rectángulo A5-B5-C5-D5. La importancia del vértice-centro O2 la corrobora el rellano de borde curvo en la embocadura, trazado desde el mismo punto y con radio (O2-B5 = O2-A5).
De este modo, la secuencia de trazado que articularía geométricamente la planta de la iglesia parroquial seguiría los pasos indicados en la ilustración 9. A partir del círculo de centro O1 se trazarían dos ejes ortogonales, el axial con dirección este-oeste y el de dirección norte-sur. Se trazaría el cuadrado en posición rómbica A1-B1-C1-D1 cuya diagonal se obtendría por el arco de centro en V [ilustración 9.1] y radio V-Z. Este punto V es consecuencia del arco de centro Z, extremo del cuadrado Q1-Q2-Q3-Q4 y radio (Z-u). La diagonal del cuadrado así obtenido es el lado basal del triángulo equilátero  C2-6-B2.

En el paso siguiente se trazaría el Círculo primordial, con centro en O1 y radio la altura del triángulo equilátero obtenido anteriormente, cuyo diámetro es el lado basal de otro triángulo equilátero U-O2-V que concreta un segundo centro O2, relegando la atención al pie del edificio templario. Es decir, el primer centro, O1, el de máxima atención es primordial durante el rito eucarístico por hallarse en la intersección de las dos naves principales, y se cortan transversalmente enunciando el símbolo de la fe cristiana; O2, en cambio, corresponde a los fieles y que servirá para el trazado del atrio-vestíbulo y el primer tramo de nave. Esta importancia, aunque relegada no es menos importante, y Justino siempre quiso premiar el esfuerzo popular por erigir un templo de las características del que enunciamos. Este equilibrio de fuerzas lo representa mediante el empleo de un círculo de radio idéntico al de partida y que vimos dependía del concéntrico al de la base de la cúpula. Es muy probable que existan causas ocultas para esta feliz coincidencia, y que se trate de motivos ocultos, de una idea oculta de equilibrio que se podría investigar.
El paso siguiente contemplaría el trazado del cuadrado M1-D5-C5-M2, inscrito en el Círculo de los fieles, y el Decágono regular estrellado de segundo orden que, como se sabe, son dos Pentágonos regulares convexos, 1-2-3-4-5 y 6-7-8-9-10. En el primer Pentágono regular se inscribe el cuadrado primordial A1-B1-C1-D1, que tienen como vértice los puntos de apotema del mencionado polígono regular y que, como se observa, inscriben, a su vez, al cuadrado en posición rómbica, A2-B2-C2-D2, trazado al comienzo. Es un cuadrado que podríamos llamar simbólico por encierra todos los símbolos místicos que sustentan la fe cristiana, los espacios de contenido esotérico; mientras, el segundo cuadrado, el de los fieles, lo hará de aquellos espacios del ritual que adoptan características exotéricas.
Un tercer cuadrado, A3-B3-C3-D3, idéntico al primordial, contendrá el espacio central del recinto sagrado, el lugar de estancia de los fieles durante la celebración eucarística. Obsérvese que el cuadrado que hemos llamado de los fieles queda trasformado en un rectángulo, A5-B5-C5D5, mediante los arcos de centros D5 y C5 y radios idénticos respectivos D5-M2 y C5-M1.
El último paso, ilustración 9.5, muestra el rectángulo dinámico de razón √2 en el que se transforma el cuadrado del espacio central del templo, por concurso de los arcos de radios las diagonales del mismo [centros D3 y C3, y radios D3-B3 y C3-A3, respectivamente].

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AGRADECIMIENTOS: A Luis Emilio Vallejo Delgado, por los planos del edificio sagrado; a Manuel Bueno Carpio por su bloq [centenarioparroquia.blogspot.com]; y a las buenas mujeres que lo adecentaban por permitirnos el acceso.

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Santuario de los Mártires. Arjona (Jaén)

In Análisis de plantas,Análisis geométrico on 4 octubre, 2010 por alvarengomez

Santuario de los Mártires en Arjona (Jaén)
© Álvaro Rendón Gómez, junio 2010

Tras la disolución de la orden del Temple, Arjona fue durante la Edad Media un enclave calatravo, con Martos como plaza fuerte. Esta orden monacal heredó muchos de los símbolos templarios, como la elección de santos duales como protectores de las plazas, a imagen de su escudo, una pareja que cabalga sobre un mismo caballo. En Arjona, estos santos son los centuriones romanos Bonoso y Maximiano, anverso y reverso de una misma moneda. Los mártires gemelos, Dióscuros cristianos, demuestran la utilización esotérica del santuario que recoge sus reliquias, un recinto situado entre las torres de los Santos y la del Rastrillo.
Antes de la invasión musulmana, ya existió un santuario prehistórico en la cima del pueblo. Al llegar el cristianismo, el lugar sagrado primitivo pasó a la advocación de san Nicolás, el tradicional guardián de los tesoros en el esoterismo cristiano. Este santuario sirvió de refugió al obispo Rufinus, uno de los encargados de custodiar el secreto de la Mesa de Salomón, al producirse la invasión musulmana en el año 711.
El Santuario de los Mártires es de una sola nave, crucero y ábside poligonal. Debido al desnivel existente entre la plaza de santa María y el cementerio de los Santos, el edificio se construyó como dos recintos sagrados: El superior, un espacio amplio que acoge las sagradas reliquias de los santos Patronos; y, la inferior, la clausurada parroquia de santa María por la ley Mendizábal. A pesar de los dos niveles de altura, cada recinto tiene su propia entrada a pie de calle. Por la Plaza de santa María, uno, y al paseo construido para dar mayor firmeza y contención a los cimientos, el otro. Durante las excavaciones se halló gran cantidad de huesos y cenizas de santos, hornos y muchos instrumentos de martirio.
Pero este no es el único misterio que guarda el recinto sagrado, pues el edificio pasó por muchas etapas.
Para no ser expropiado, durante la desamortización, se trasladaron las esculturas de los Santos y las reliquias a la parte superior, quedando la inferior en manos del Gobierno. En ella se instaló una escuela unitaria para niños, dirigida por don Enrique Lanagrán Gómez. Más tarde fue sede de Acción Católica, y recientemente, hasta 1989, almacén de materiales de construcción del Ayuntamiento y de la Iglesia.
Desde 1995 alberga las antiguas andas de los santos, sustituidas caprichosamente en el año 1983, cuando era hermano mayor de la Cofradía, don Manuel Presa Pérez y su hermano Benito, capitán.

Tras la restauración del Santuario, en 1998, se pensó utilizar la sala inferior como ampliación del museo, comunicándolo con el piso superior por una escalera de acceso a la casa del santero, adosada al mismo; o bien, como museo arqueológico donde tendrían cabida muchos de los objetos encontrados en la región, de gran riqueza arqueológica. En la actualidad, el salón se utiliza como sala de conciertos y actos culturales, Figura 1.

Los trabajos de su construcción comenzaron en 1639, por orden del Cardenal Moscoso y Sandoval, sobre los fosos del Alcázar, al pie de la torre de los Santos, demolida para instalar la fachada del templo superior. Se bendice e inaugura en 1659. El maestro mayor de las obras fue don Juan de Aranda Salazar (1600-1640)
que ya trabajó en el retablo mayor de la catedral de Córdoba, en la catedral de Granada y en la de Jaén. Como maestro, actuó don Alonso Pérez y, como contratista, don Bartolomé de Moya.
La traza original de Aranda no incluía la zona del camarín, construido en 1778, de peor calidad de fábrica y acabados más vastos. Los templos son de una sola nave, con presbiterio de mármol rojo, cercado por una reja de hierro, colocada en 1777. El camarín es muy espacioso, con cinco alacenas donde se guardan los huesos de otros mártires, compañeros de los santos Patronos.
A los pies de la nave, el coro de madera, de escaso valor artístico, con baranda ornada con apliques de plomo fundido. Dos puertas laterales, la que comunica con la sacristía y la que baja hasta la casa del santero. El retablo de estilo renacentista es obra del maestro Juan de Adán. Dos de sus cuatro columnas se restauraron recientemente. A ambos lados de la nave, dos altares de estilo churrigueresco con representaciones sagradas. En el lado del Evangelio, la Asunción de la Virgen; en el de la Epístola, los santos, Isacio, Crotas y Apolo, obra del maestro Juan de Escobar, datados de 1698, Figura 2.

En la fachada norte del Santuario dos lápidas de piedra enmarcadas por elegante moldura, contienen inscripciones latinas, que traducidas al castellano dicen así:
«A los Santos Bonoso y Maximiano, por Publio Daciano, Prefecto de las Españas, martirizados, y cuyos cuerpos fueron revestidos, una noche, en este lugar, con celestial resplandor y sepultados con sigilo, y por último en el presente siglo, iluminados con milagrosos, frecuentes y brillantes fulgores que mostraban en el aire signos triunfales de cruces, y por divina inspiración encontrados en el mismo lugar y sitio donde descansaron ignorados durante mil trescientos veinte años. Por estos y otros dones augustísimos y divinísimos, ante los cuales quedó sorprendida la mente humana, el Eminentísimo y Reverendísimo don Baltasar de Moscoso y Sandoval, Presbítero Cardenal de la Santa iglesia Romana del título de la Santa Cruz de Jerusalén, en el año 25 de su Episcopado de Jaén, por voto de sus hijos a aquellos a quienes se deben mayores y más augustos dones, para alabanza, honor, justa veneración y para memoria de ellos, con gran piedad, erigió templo y Altares, con dedicación del obsequio en el año de Cristo de 1644 y 24 del Reinado de Felipe (IV) Rey de las Españas. El Senado y el Pueblo del Municipio Albense urgavonense Arjonense a sus fortísimos e indulgentísimos Patronos, Felices y siempre Invictos, por voto dedicó esta piedra con inscripción.»
En la portada, de estilo renacentista, se halla el escudo del Cardenal Moscoso y en la clave del arco de la puerta una versión renacentista del Bafomet. El de Arjona tiene aspecto de un Santo Rostro sonriente; aunque, con doble interpretación, Figura 3.

La Logia de los Doce Apóstoles a principios del siglo pasado, construyó dos enormes contrafuertes en la fachada lateral, representativas de las columnas de Jakhim y Boaz, y que flanquearían la puerta de acceso directo al Sanctasantórum que el edificio oculta. Llama la atención, desde la planta, el espacio en forma de H y el gran espacio vacío desaprovechado junto al mismo, absurdamente macizo. Los planos, al menos, no lo registran. Además, esa H se corresponde con el camarín de los santos en el que se venera la calavera santa, con una cúpula resuelta exteriormente por un octógono, y, finalmente, con una claraboya también octogonal, a modo de linterna de los muertos de los edificios iniciáticos. En la Lápida Templaria descifrada, se adelantaron algunas de las conjeturas que veremos más adelante, destacando los rasgos comunes del templo construido por el Obispo Moscoso a imitación del templo de Salomón:
«El obispo Moscoso Sandoval reprodujo el templo de Salomón en el santuario de los Santos de Arjona. El edificio tiene dos niveles. Hay un templo de arriba, lo que hoy es el santuario de los santos dobles calatravos Bonoso y Maximiano, y hay un santuario de abajo, subterráneo; el actual museo arqueológico. En la clave de su puerta campea la versión renacentista del Bafomet templario: un Santo Rostro que enigmáticamente sonríe. El santuario de los Santos de Arjona reproducía el templo de Salomón adaptado a la metrología del codo sagrado. La disposición era la misma tanto en el templo de arriba como en el de abajo, excepto por un pequeño detalle: en el templo de abajo el acceso al sancta sanctorum estaba interrumpido por un altar de yeso.
En el caso de Arjona, el sancta sanctorum existe, en su plataforma elevada, como en el templo de Jerusalén, pero le han abierto un acceso desde la calle en la fachada lateral.
La logia de “Los Doce Apóstoles” agregó a este templo, ya en 1906, dos enormes contrafuertes que representaban a las columnas Jakhim y Boaz para enmarcar la humilde puerta de aquel habitáculo señalando la verdadera entrada al sancta sanctorum que el edificio iniciático oculta.»

El análisis geométrico del Santuario se ha aplicado a la planta baja del edificio, de techos más bajos y la que, en su concepción, se proyectó velada al público. Consta de tres tramos de bóvedas; la primera, considerada como Vestíbulo, y las otras dos como Lugar Santo. El Sanctasantórum atípico, porque no deja separación entre las partes, se encuentra en la parte de la cabecera, metida en el último tramo de bóveda, en el lugar que ocupaba primitivamente un pequeño altar adosado al muro de la cabecera, a2-b2-c2-d2. Tiene forma de rectángulo egipcio, de ratio [3 : 2]; en el que se ha dibujado una vesícula piscis, de centros C1 y C2,

Figura 4.

Las formas interiores del altar y pequeña tarima se obtienen por concurso de diferentes líneas interiores que se cortan entre sí. Así, las verticales por C1 y C2 cortan a las diagonales del rectángulo en los puntos T1 y T2, que delimitan el ancho del altar. Por otro lado, las diagonales menores de los cuadratines se cortan en H1 y H2, y en K1 y K2 delimitando, por su parte los anchos de los demás elementos del altar. El altar sacratísimo ocupa casi un tramo de bóveda (tiene el lado de la base en la linea de corte de las diagonales menores del rectángulo seleccionado como recinto de los fieles, A1-B1-C2-D2; y el lado superior en la parte retrasada de ese mismo tramo, sobre la línea C1-D1. Si nos quedamos con ese rectángulo A1-B1-C2-D2, comprobamos que también es egipcio o vesicular; y, por ello, capaz ce contener los círculos de centros respectivos O1 y O2. Las diagonales de este rectángulo lo dividen en cuatro cuadratines, cuyas diagonales lo volverán a dividir en dieciséis triángulos iguales, cuatro por lado, que se repite en Ucero. Es la imagen del mundo (imago mundi). Los ocho centrales conforman un rombo positivo; los ocho periféricos, un rombo negativo. Símbolo de la dualidad, de la oposición de contrarios. Este mismo antagonismo de contrarios, lo hallamos en el doble triángulo deducibles de la vesícula piscis, de centros O1 y O2. En general, el dualismo es un sistema binario, representativo de ciertas formas cosmicas que se manifiestan en dos fases. Según Bertrand:
«El dualismo es religión (o en filosofía mística o cósmica) es teorético y aparente; en realidad, hay algo siempre, un tercer término que se opone a la anulación de los dos términos antagónicos y que obliga a estas dos fuerzas –principios a plegarse, a actuar alternativa y no simultáneamente.»
Por otro lado, los centros S1 y S2 y radios los diámetros de los círculos vesiculares, concretan los extremos n1 y n2, vértices de dos triángulos equiláteros, S1-n1-S2 y S1-m2-S2. De esos dos triángulos únicamente el superior coincide el vértice n1 con el lado superior del lugar santo y del altar analizado anteriormente, posiblemente delimitándolo. Es decir, que el maestro Aranda iniciaría el trazado de la estructura geométrica del edificio a partir del rectángulo egipcio A1-B1-C2-D2, del que deduciría la estructura general de toda la planta.
No es normal hallar tantos rectángulos egipcios en una misma construcción. Los lugares importantes del edificio son rectángulos egipcios, lo que demuestra la intencionalidad del proyecto.
El rectángulo que resta por analizar es el correspondiente al vestíbulo, compuesto por dos rectángulos distintos. El primero, mayor, el que delimitan los laterales de los pilares, que tiene una ratio aproximada de [3’6 : 2]; más concretamente, de [√13 : 2]. El rectángulo interior, en cambio, es casi vesicular. Las medidas que disponemos no permiten una especulación más ajustada que relacionaría los pares de líneas verticales que pasan por los puntos t1-t2 y t3-t4, con los puntos de intersección de los lados laterales de los triángulos A1-B1-h1 y el M1-M2-m1.

Obsérvese en la misma figura anterior el espacio macizo que queda a los pies del edificio. Junto a la cripta, de acceso practicable desde la cuesta, hay un espacio simétrico, aunque sin una función clara. No se justifica como cimientos de una torre que el edificio no posee, ni de contrarresto de bóvedas interiores; las que hay, se aguantan mediante gruesos muros. Si no cumple una función constructiva clara, ¿qué hace ahí?, ¿por qué se dejó vacía, o maciza? Probablemente, al principio, alojara alguna estancia reservada, cuyo acceso se haría por la cripta aneja. Debía ser un lugar especial que completaría la zona conocida de la cripta. Ante la inexistencia de documentos que expliquen las remodelaciones sufridas en el edificio del Santuario a partir de 1778, salvo las del añadido de los dos contrafuertes innecesarios en la fachada sur, sufragada por el barón de Velasco, hemos especulado sobre su posible distribución. No olvidemos que el barón era miembro de la Sacra Logia Pontificia de los Doce Apóstoles, constituida por representantes de la corona española, la Iglesia Católica y la organización Lámpara tapada y corría el año 1912. La sacra logia está a punto de deshacerse por motivos aún no aclarados. Se han reunido por última vez en el palacio campestre propiedad de uno de ellos. Tras unos acuerdos, se reparten doce lápidas de mármol de Carrara que, según se ha podido constatar mucho después, contiene el nombre secreto de Dios, el Shem Shemaforash. La lápida del barón de Velasco quedó depositada en la Cripta que construye por esas fechas a sus padres en la Iglesia de san Juan Bautista, en Arjona (Jaén). Después de este reparto, se corrió un tupido velo sobre todas las actividades y las lápidas se perdieron. ¡Todas, no! La genuina, la del barón está a buen recaudo, olvidada sobre el frente del altar, en la Cripta de san Juan Bautista.
El barón hacía y deshacía en Arjona a voluntad; por eso no es de extrañar que hubiera facilitado un lugar de reunión o de iniciación especial a los miembros de la sacra logia de los Doce Apóstoles. No valía cualquier edificio de su propiedad donde, probablemente, nadie sospecharía. Precisaban un lugar sagrado, próximo a la iglesia proyectada a imitación del templo de Salomón. Ese lugar es la cripta, sin lugar a dudas. En ella podían reunirse de modo solapado y en secreto. Nadie se extrañaría por ver entrar a unos caballeros en una iglesia. Bastaría con decir que velaban la Eucaristía o realizaban unos ejercicios espirituales especiales. Y no mentirían. La cripta era el lugar perfecto. Desconocido para la mayoría de los habitantes, por carecer de acceso directo desde la calle.

Intuyo que junto a la cripta del Santuario, en la parte maciza inexplicable, hay dos salas, Figura 5, que añadidas a las que son visibles, completarían tres espacios, los mismos que los templos iniciados. Es la distribución que daría el maestro Aranda a esta cripta sin explorar, “auténtico templo” de Salomón. Tres pequeñas salas: La de la izquierda, a poniente, una habitación alargada, de apenas tres metros y medio de largo por ochenta centímetros de ancho, y algo más de dos metros de alto. Sería tan agobiante que permanecer en ella llevaría a sufrir claustrofobia, de sentirse muerto en vida. Estas sensaciones ayudarían a la meditación trascendente que se esperaba del neófito. Por tanto, este habitáculo haría las veces de vestíbulo. El rectángulo de la sala de meditación B1-B2-B3-B4, sumado al espacio que lo separa del cuadrado inicial, un estrecho pasillo, sin puertas, de apenas 0’70 x 0’80 cm, conforma un nuevo rectángulo de superficie doble. De manera que, el centro O4 coincide con el umbral de la sala y con el centro del pasillo, en el mismo eje transversal de la cripta. El rectángulo C1m2m1C2 pudo haber sido un cubo central de 3‘5 m de lado donde estaría la actual puerta de acceso. Este cubo se proyecta en planta como el cuadrado C1-A4-A3-C2, cuya mediatriz contiene al eje longitudinal del edificio, cortando a los lados norte y sur en los puntos C5 y C6, centros de los arcos de radios las distancia C5-A3 y C6-A4. Estos arcos se cortan en los puntos n1 y n2, marcando los límites este-oeste de la cripta. Se han formado, como puede comprobarse, dos triángulos equiláteros simétricos, en la confluencia de una vesícula piscis cuyos centros serían los referidos C5 y C6. Cumpliría las funciones de lugar de rezo, y de sala de ofrendas al estilo egipcio; con capacidad para una o dos personas a lo sumo, estaba orientada hacia el este, hacia donde se encontraría el Sanctasantórum, de casi un metro cuadrado de superficie, con dos pequeños huecos. El centro O2 del cuadrado A1-A2-C3-C4, coincide con la intersección de los arcos de cetros C1 y C2 y radios la diagonal del cuadrado inicial. Obsérvese que los arcos de centros C3 y C4, y radios las diagonales del cuadrado de la sala sacra, coinciden con el lado este del cuadrado inicial.
Y todas estas molestias, ¡para qué!… ¿Qué extraños rituales se practicarían en él? ¿Qué tipo de iniciación se realizaría? ¿Qué sentido tendrían estas tres habitaciones?

El interior de las construcciones en piedra poseen la misma propiedad que las grutas. Al estar aisladas de las energías exteriores, registran niveles muy bajos de efectos perturbadores medioambientales. De este modo, el presbítero dirige la energía espiritual que mana de los fieles, y la concentra en la sagrada forma que eleva con sus manos durante la consagración. En contraposición a estos templos, concebidos como escenarios de grandes concentraciones de fieles, que se mueven como masa mugiente alrededor de las deseadas reliquias del santo, se dan otros templos reducidos a su quintaesencia. Están pensados para concentrar energías telúricas que manan del suelo. Son espacios muy reservados, grutas sagradas artificiales que imitan las naturales; donde el anacoreta, en la soledad de la penumbra silenciosa, persigue captar estas energías incomprensibles.

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