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Principios latentes en la piedra

In Geometrías ocultas on 28 marzo, 2014 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez

Platón fue remiso a transmitir algunos de los conocimientos que obtuvo en Crotona, junto a Pitágoras y los pitagóricos, y que el buen observador podrá deducir de un análisis detallado y paciente de las estructuras de los templos de iniciación.

«Si se encuentra alguien para escribir un libro en que pretenda exponer mi doctrina sobre los puntos que más afectan a mi corazón y que crea haberlos aprendido de mí o de algún otro, o haber llegado a ellos por mí mismo, sabed que tal hombre no comprende nada del asunto. Porque no existe ningún escrito mío que trate de estos puntos y no existirá jamás. Porque este conocimiento no es susceptible de transmitirse como una serie de teoremas. Sólo después de largas meditaciones y de una íntima familiaridad con su objeto, es cuando brota la llama, como el incendio que produce el relámpago…, y su luz continúa sin que ya necesite de alimento exterior»

Muchos hechos están gobernados por pocas leyes. Este pequeño grupo de leyes estaría regido, a su vez, por siete principios o causas primeras de los hechos cotidianos. El mecanismo del universo, por tanto, funciona como una tríada formada por principios, leyes y hechos; cuyo símbolo es un triángulo equilátero femenino, cuyo vértice superior son los principios y, los vértices del lado de la base, las leyes y los hechos. Platón advertía de la simpleza de esta Verdad.

«El que ha captado una vez esta enseñanza, no corre peligro de olvidarla. Por lo demás, se trata de algunas fórmulas muy breves… Sólo unos pocos hombres las conocen»

Principio de mentalismo

Conservado en una máxima que actúa como regla mnemotécnica. Es muy conocida, aunque muy pocos escogidos conocen el modo como aplicarla a sus quehaceres cotidianos y, sobre todo, al trabajo interior. 

Todo es mente, el universo es mental

El mundo es una fantasía creada por nuestra mente. Sólo las ideas son reales. Los seres y objetos que nos rodean son meras entelequias, fantasmas que nuestra mente crea y mueve, meras apariencias… La Física, consciente de este hecho, ha desarrollado una teoría para conocer el estado de un sistema en su estado instantáneo, o cuántico; es decir, en el instante en que permanece quieto. De este modo, se podrá codificar la distribución de probabilidad de todas las propiedades medibles, u observables de la misma. Sin embargo, David Joseph Bohm, profesor de física teórica en la Birbeck College de Londres, creía que existen variables ocultas que no nos son accesibles. 

«Existen planos de realidad a los que únicamente podemos acceder mediante estados místicos, de éxtasis o estados modificados de conciencia»

El Templo no se habita, se vive; no se percibe, se siente en lo más profundo de nuestro ser. Como lugar de meditación, de recogimiento y trascendencia emocional, es el único medio de que dispone el ser humano inquieto para constatar con esta realidad interior, llegar a su verdadera esencia y avanzar en su reconocimiento. Muchos de los ritos y ceremonias que se desarrollan dentro del recinto van encaminadas a este despertar de las fuerzas y sentidos interiores. Nosotros lo llamamos iniciación pero es mucho más que ese drama psicológico, más que un mero cambio de nuestros puntos de vista.

Principio de vibración, de movimiento

El movimiento explicaría las diferencias entre lo que denominamos materia (como soporte inanimado), energía (fuerza o voluntad que impulsa el movimiento) o espíritu (resultado de la aplicación de la fuerza sobre la materia, el rastro del suceso, acción, fenómeno). De ahí que el principio rece así:

Nada está quieto, todo se mueve, todo vibra

Si todo es mental (por el principio anterior) y, además, son el producto de movimientos a niveles moleculares, el mundo es ahora más fantasía que nunca, al ser fenomenológico. 

La Creación se produjo mediante el Verbo, según el Génesis, pero, ¿cómo? La voz, la palabra, es la materialización inmediata y explosiva de un pensamiento-idea. Es inmediata porque los mecanismos mentales están acostumbrados a esta “traducción simultánea”, y es explosiva porque irrumpe en el aire como un choque y hace vibrar las partículas del mismo, en un simple cambio oscilatorio, que produce un torbellino que, después, el tímpano es capaz de recoger. Cuando la Voz divina irrumpió sobre la masa galáctica, plasma ionizado pre-gaseoso según los físicos, la nada informe del universo según los exégetas, produjo un cambio de presión, o densidad, tan increíble que hizo brotar de ella los planetas. Dios sólo tuvo que poner orden en el caos posterior, establecer el principio del orden mediante geometría. 

Todo conocimiento tiene un lado esotérico, oculto, que se rescata cuando los fieles reunidos rezan en alto, entonan cantos de una sonoridad increíble capaces de vibrar los cimientos del edificio, cuando el órgano entona los primeros compases y resuenan en la oquedad de un espacio destinado a potenciarlos, cuando el coro de voces angelicales entona el “Mea culpa” o alaba al altísimo con esos agudos tan altos que llegan hasta la superficie cóncava de la cúpula iluminada por el resplandor divino y vuelven numinosos a violentar nuestras almas. Transmitido por la voz, la energía vibratoria inunda todo el espacio del Templo y le llega a los fieles como un campo de fuerza que interpreta como el Verbo divino que recrea nuestro interior.

La sonoridad, el eco de sus muros, el sonido envolvente que se funde en la penumbra creadora de un espacio que no dominamos…; no necesitamos más pruebas que demuestren este principio.

Y, puesto que todo está en permanente cambio, en un devenir, el Templo es el recinto donde los cambios pueden y deben ser para mejorar el interior del ser humano. 

«Los verdaderamente sabios, conociendo la naturaleza del universo, usan la ley contra las leyes; lo superior contra lo inferior; y por el arte de la alquimia transmutan lo que es indeseable en lo que es apreciable, y así triunfan. La maestría no consiste en sueños anormales, visiones, e imaginaciones o vivencias fantásticas, sino en usar las fuerzas superiores contra las inferiores, escapando a los sufrimientos de los planos inferiores vibrando en los superiores. La transmutación, no la negación presuntuosa, es el arma del maestro.» El Kybalion

Principio de correspondencia

Es el más conocido y, quizás, el peor comprendido. Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba, todo está en todo

Que implicaría una correspondencia entre los diferentes planos de manifestación: Físico, mental y espiritual. Tres grados ascendentes que, partiendo del microcosmos, representado por el ser humano, acaba en el macrocosmos, el universo cósmico de los fenómenos elevados al que tiende.

En el Templo, estos tres planos están perfectamente delimitados: En el Nártex o vestíbulo, se realiza la preparación física y psicológica del neófito; y desde él, se baja a la cripta, donde se representará el drama de la muerte física. Los diferentes tramos de las naves del templo medieval, el Hekhal hebreo o la sala Hipóstila egipcia, lugar para el adiestramiento mental del iniciado. Los diferentes grados en la maestría se representaría obligando al candidato a permanecer en determinadas zonas, iniciales o finales, de este tránsito. Finalmente, el plano espiritual se localiza en el crucero o en el sagrario, como sanctasantórum. La muerte espiritual para resucitar en estado de gracia, se representará en la linterna, a la que hay que subir para acceder a la misma. Por tanto, el Templo está perfectamente equipado para que en él se den hasta tres tipos de iniciaciones: Trascendencia del plano físico, que se realiza superando las limitaciones de los sentidos externos y asumiendo el principio de mentalidad. La iniciación mental, permite desarrollar los sentidos internos; de ahí que en muchas disciplinas iniciáticas, el iniciado permanezca todo el tiempo con los ojos tapados o en recintos a oscuras, a fin de apagar los sentidos externos y potenciar los internos. La última iniciación, o Iniciación Mayor, es la espiritual, o Piedra Filosofal, a la que se llega a través de muertes sugeridas, y trances emocionales.

Principio de Polaridad

Expresado del siguiente modo: 

Todo es dual, tiene dos polos Todo tiene su opuesto. Los extremos se tocan. Todas las verdades son semi-verdades. Todas las paradojas pueden reconsiderarse, puesto que son grados de una misma verdad

El calor y el frío son relativos, se reducen a una cuestión de grados. El arriba o el abajo, o la izquierda y la derecha, dependen del punto de vista. 

En el Templo, este principio de polaridad se agudiza con la simetría axial acusada que manifiestan. Todos los objetos son dobles, tienen su simétrico, el eje, el medio, es el plano donde el principio se anula y la “realidad” se evidencia. Pasar de la luz a la sombra, del izquierdo al derecho, del odio al amor, no es un acto de transmutación, un cambio en la esencia; bastará variar el grado, la posición o el punto de vista.

Por otro lado, la dualidad polar de los templos explicaría la existencia de dos corrientes de pensamiento: El lado izquierdo, la del conocimiento racional, representados por los cainitas; el lado derecho, para los abelitas, los del rezo y la misericordia divina. Ambos, unidos por el pacto de Salomón, representante de los abelitas, con Hiram Abitt, descendiente cainita, para construir la morada de Dios.

Los masones reclaman como parte de su historia legendaria, algunos sucesos míticos que sucedieron, según se cree, durante la construcción del templo de Salomón. El Templo de Salomón, en este sentido, se alzaría como una alianza de estas dos corrientes, el pacto firmado de una cooperación iniciada entonces tendente a la búsqueda de la Verdad y su transmisión a la Humanidad. Los templos medievales confirmaron esta intención de alianza y potenciaron esta cooperación con la corriente espiritual de entonces: El cristianismo; aunque conservando las vías esotéricas de conocimiento, en vista de la persecución que inició la Iglesia, reacia a cualquier pacto.

• Principio de compensación, o de ritmo

Todo fluye afuera y adentro; todo tiene sus mareas; todas las cosas se elevan y caen; la oscilación del péndulo se manifiesta en todo; la medida de la oscilación hacia la derecha es la medida de la oscilación hacia la izquierda; el ritmo compensa

Fluir y refluir, avanzar y retroceder, ascender y descender; a cada acción le sigue una reacción, a la vida le sucede la muerte, y viceversa. Sin embargo, los sabios descubrieron que el principio de compensación cumplía su mismo principio. Comprobaron la existencia de dos planos mentales: Uno, inferior, inconsciente, donde imperaba la ley de compensación; otro, superior o consciente, regido por la ley de neutralización. El péndulo rítmico no afectaba a la conciencia. 

El iniciado, ubicado en el lugar idóneo del Templo, es capaz de escapar de las oscilaciones del péndulo rítmico, al elevar su conciencia hasta los planos emocionales y espirituales. En ese estado de gracia y felicidad infinita, el espacio y el tiempo se condensan en la bruma angelical donde son posibles los fenómenos trascendentes y el Macrocosmos se manifiesta como una inundación interior que lo desborda.

Principio de Concepción

Si el Templo representa, como hemos dicho, una alianza entre dos corrientes de pensamiento, cainita y abelita, no deja de ser representativo la manera como se manifiesta el género en estos recintos sagrados.

El género está en todo; es el principio activo (masculino) y pasivo (femenino)

Los gnósticos, una corriente de pensamiento más próxima a los cainitas, pensaban que ciertos atributos, como Sabiduría, Silencio, Verdad, Pensamiento, Fe, Gracia, eran femeninos y Dios los posee desde antes de la Creación. El primer Adán era andrógino porque fue creado a imagen y semejanza del Creador. La costilla de la que derivó Eva simboliza el atributo femenino extraído de Adán. 

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