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TODOGEOMETRÍA

In Sin categoría on 12 marzo, 2015 by alvarengomez

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En esta página podrás ampliar toda la información que buscas sobre Geometría. Libros, artículos, ensayos, ejercicios. Visítala y danos tu opinión para mejorarla.

Muchas Gracias, Álvaro Rendón 

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Un enigma llamado Julio Verne

In Especulación on 21 mayo, 2014 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 19.4.2014

 

El enigma brota al analizar la frase póstuma de Verne: “Me siento el más desconocido de los hombres”. Resulta paradójico que dijera eso uno de los escritores más leídos de la historia universal de la Literatura. Que alguien que defendió la naturaleza hueca de la Tierra, pionero de los ovnis y uno de los primeros ecologistas conocidos, creyera ser víctima de una lectura superficial de su obra.

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En Julio Verne, ese desconocido, Miguel Salabert la explica argumentando que en los relatos de Verne “el continente ha ocultado el contenido”. Tal vez, esta obsesión por ocultar se deba a una sobreprotección de su editor Pierre-Jules Hetzel, exhaustivo controlador de las ideas ocultas de Verne, que le permitiera seguir editando para supuestos lectores juveniles.

Al analizar su obra desde otra perspectiva, observaremos que Verne no escribe sólo aventuras para este público adolescente, sino que maliciosamente ha querido trasmitir “secretos” que, unas veces están relacionados con su dramática vida, y en otras revela conocimientos ocultados por sociedades iniciáticas de su época. 

¿Quién era Julio Verne? ¿Qué vida llevó este genial bretón, nacido en Nantes un 8 de febrero de 1828, y bautizado como Jules Gabriel Verne Allott? ¿Fue un “iluminado”, en el sentido esotérico del término, o un profeta que se adelantó a su tiempo con descubrimientos como el ascensor, las armas de destrucción masiva, el helicóptero, las naves espaciales, la red de comunicación terrestre (internet), los motores de explosión y eléctricos, los trasatlánticos y las plataformas marinas (portaviones), así como la navegación subpolar a bordo de un submarino?

¿Qué fatalidad le persiguió a raíz del rechazo de su prima Carolina Tronon que convirtió su juventud en un infierno, agravada a raíz del casamiento de esta con un “presumido de Nantes”?

¿Qué extraña novela escribía cuando en 1886, con 58 años e instalado en Nantes, Gaston, su sobrino –hijo de su hermano Paul-, le dispara dos tiros de revólver que lo deja cojo para el resto de su vida?

Tal vez se trataba de la novela titulada París en el siglo XX, donde un joven vive en una ciudad con rascacielos de cristal, trenes de alta velocidad, automóviles propulsados con gas, calculadoras, red mundial de comunicaciones, pero que le resulta imposible lograr la felicidad y acaba trágicamente.

Esta novela pesimista habría deprimido al sobrino, enloqueciéndolo y acabando internado en un manicomio. Su editor la juzgó como peligrosa y decidió esperar veinte años para publicarla, guardándola en una caja fuerte, y viendo finalmente la luz en 1994. 

Como cualquier autor, en Verne no todo fueron triunfos, glorias y parabienes. El manuscrito de su primera novela, Cinco semanas en globo, recorrió los despachos de quince editoriales –”quince necios”, como escribiría más tarde-, antes de convertirse en éxito.

La suerte fue seguir los consejos de su amigo Nadar que le recomendó al editor Julio Hetzel. Al acabar de leer el manuscrito, Hetzel le sugirió que convirtiera aquel libro polémico sobre la aerostática en una “auténtica novela”, porque “usted tiene talento”.

Desde su publicación en 1863, se convierte en un apabullante éxito de ventas. Ese mismo año, Hetzel le ofrece un contrato por veinte años, a razón de 20.000 francos por año, y con la obligación de escribir dos novelas anuales.

Y no todas sus novelas son creaciones propias y misteriosas anticipaciones. Aunque nunca dispuso de “negros” –de escritores anónimos que trabajaban para él-, en su novelaLa vuelta al mundo en ochenta días, toma los datos de un folleto turístico de la Agencia de Viajes Cook; el título, de un cuento de Edgar Allan Poe Tres domingos en una semana; y el itinerario, de un artículo de Le Magasin Pittoresque (1870).

El anuncio aseguraba que “gracias a la excavación del istmo de Suez, es posible ahora, partiendo de París, dar la vuelta al mundo en menos de tres meses. El servicio para este viaje circular no ha de tardar en ser organizado (…) en total, ochenta días”.

Julio Verne fue siempre un desgraciado. Sus padres pertenecían a familias burguesas, ascéticas, católicas a ultranza y maníacas del orden y la puntualidad, que le negaron seguir su auténtica vocación, la de marino.

Por esta razón, a los once años, se fuga de casa y embarca clandestinamente en La Coralle que se dirigía a la India. Descubierto en Paimboueuf, fue devuelto a Nantes, donde fue azotado sin piedad, rompiéndose de este cruento modo las frágiles relaciones paterno-filiales.

En París estudia para abogado, aunque escribe piezas teatrales, óperas cómicas y sainetes. Alejandro VI, escrita en 1848, le sirvió para conocer a los Dumas, padre e hijo, y entrar en los círculos literarios parisinos.

Enterado el padre, suspende el envío de la pensión de 100 francos semanales y Julio malvive como secretario del Teatro Lírico. En 1856 se traslada a Amiens donde conoce a Honorine, viuda con dos hijas pequeñas, con la que se casa al año siguiente.

Pronto descubrirá que su matrimonio es un fracaso porque Honorine vive más pendiente de los fastos sociales que de su hogar. La muerte de su madre y los problemas de rebeldía de su único hijo, Michel, recluido en un manicomio a petición de Julio, le produjo drásticos cambios en su personalidad, que la muerte de su editor Julio Hetzel, hombre trabajador y dedicado a supervisar la obra de Verne, vino a acentuar.

El hijo de Hetzel, que continuó la empresa de su padre, no era tan riguroso en las correcciones como lo había sido aquel. Esta circunstancia obligó a Verne a dedicarle muchas horas a la corrección, lo que le ocasionó una parálisis facial.

Sin embargo, sus biógrafos afirman que el deterioro de la salud de Verne se debió a los tremendos desarreglos intestinales que sufría desde que estudiaba Derecho en París, donde gastó todos sus ahorros en libros y los esporádicos trabajos apenas alcanzaban para comer, lo que le ocasionó desarreglos estomacales e incontinencia fecal, que acabarían por desfigurarle la cara.

En una carta a su madre revelará el infierno de su vida: “Una vida que limita al norte con el estreñimiento, al sur con la descomposición, al este con las lavativas exageradas, al oeste con las lavativas astringentes (…) Es probable que estés enterada, mi querida madre, de que existe un hiato que separa a ambas posaderas y no es sino el remate del intestino.

Ahora bien, en mi caso el recto, presa de una impaciencia muy natural, tiene tendencia a salirse y, por consiguiente, a no retener tan herméticamente como sería deseable su gratísimo contenido (…) acarrea graves inconvenientes para un joven cuya intención es alternar en sociedad y no en suciedad“.

En 1888, Verne fue elegido concejal de Amiens formando parte de una lista de republicanos progresistas. Sus motivos para tal “locura” no fueron por vanagloria del poder, sino para servir a la sociedad, mejorar la ciudad, impulsar la instrucción y las Bellas Artes.

En los doce años que estuvo de concejal –en tres mandatos: 1892, 1896 y 1900- potenció el teatro, consiguió becas para la Escuela de Medicina, mejoró el trazado de Amiens y construyó un espléndido circo. 

El 26 de julio de 1905 escribe que tiene el “estómago deshecho, piernas enfermas, reumatismo por todas partes. Y a mi edad, uno no se recupera”. El 24 de marzo de 1905, viernes, a las ocho de la mañana, moría a causa de una diabetes. Antes de perder el conocimiento exclama “sed buenos”.

Fue enterrado en el cementerio de La Madeleine, al noroeste de Amiens. Le colocaron los brazos a lo largo del cuerpo y no sobre el plexo solar, pues decía que esta postura “obstaculizaba la salida del astral”.

La tumba es obra del escultor Albert Roze, íntimo amigo de Verne, que podría contener la clave de sus conocimientos, sus sueños y su obra. Siguiendo instrucciones de Verne, capaz de plantear en sus escritos más de cuarenta mil criptogramas, sobre el sepulcro, erigido en 1907, mandó esculpir una serie de objetos, como una rama de palmera, símbolo de la inmortalidad o del “ave phoenix” que resurge de sus cenizas; una palmera, Arbol de la vida, o “etz hajaim” de los cabalistas (etz, árbol; jaim, vida eterna).

Sobre la palmera, una estrella de seis puntas, la superposición de dos triángulos equiláteros antagónicos, el que simboliza a la tierra (vértice apuntando al suelo) y al aire (vértice apuntando al cielo).

También hay una cruz inscrita en un círculo, que simboliza las cuatro direcciones del templo, o la realización de la obra alquímica; y una rama de olivo, símbolo de “la paz del justo”. La losa tiene forma de pentágono pitagórico. De él irrumpe, como brotando del suelo, un Julio Verne con la mano derecha alzada y orientada hacia el oeste, donde se destaca la posición de los dedos (1-3-1).

Según los biógrafos, Verne elaboró un epitafio que debía presidir el muro del mausoleo:Vers l’immortalité et l’eternelle jeunesse (hacia la inmortalidad y la eterna juventud), pero no existe tal epitafio.

En su lugar, Roze lo cambió por un acróstico incluido en el nombre Jules Verne, en donde destaca las letras J, L, V, R y E; es decir la la primera, tercera, sexta, octava y última E resaltan sobre el conjunto con un dorado especial.

Para J.J. Benítez, en su libro Yo, Julio Verne, sugiere que el acróstico podría significar, con las pertinentes correcciones en el orden: «Albert decide été, jour magique note, sepulture vers west (ouest)». Que se traduciría como “Verano, nace sepultura hacia Oeste”; es decir que, supuestamente, el sol del solsticio de verano, 21 de junio, por el camino del oeste, en el ocaso, «ennegrece» u «oscurece» el sepulcro.

La sombra de la mano abierta de «Verne» oscurece las fechas 1828 y 1905, de nacimiento y fallecimiento. Tras muchas reducciones numéricas y conjeturas, los números señalarían a la novela El testamento de un excéntrico, como el lugar donde Verne “escondió” las claves de su enigmático conocimiento. 

De todo lo anterior, muchos estudiosos apuntan a que Verne pudo tener acceso a otras “fuentes” del conocimiento, mucho más depuradas y secretas, sugiriendo una lectura iniciática de la obra de Verne.

El Viaje al centro de la Tierra, El castillo de los Cárpatos, etc., pudieran contener una simbología alquímica, ocultas doctrinas de masones y rosacruces; o revelarnos su pertenencia a hermandades tan secretas y esotéricas como los “Iluminados de Baviera”, la “Sociedad angélica” o la peligrosísima “Golden Dawn” (“Hermanos del alba dorada”) que, según Samuel Lidelí Mathers, estaba organizada en torno a once grados iniciáticos, bajo la protección y dirección de los llamados “Superiores desconocidos”.

¿Quiénes eran esos “Superiores desconocidos”? ¿Tal vez, conciencias cósmicas, seres astrales o demonios? En Verne nada debería sorprendernos y, quizás ahora, la lectura de sus apasionantes relatos nos revele lo que ha permanecido oculto durante más de un siglo. 

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Arquitectura sagrada

In Análisis de plantas, Análisis geométrico, Geometrías ocultas on 21 mayo, 2014 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 6.4.2014

 

Las construcciones sagradas, desde la más remota antigüedad, estaban destinadas a alojar al dios imperante. Respondían a una estructura también sagrada, derivada de formas geométricas consideradas secretas, basadas en el círculo, triángulo equilátero, cuadrado y rectángulos irracionales. 

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Durante muchos milenios, este conocimiento geométrico estuvo regido por las castas sacerdotales, reticentes a su divulgación, y tuvo su origen, según se cree, en los templos egipcios. De Egipto pasó a la civilización de Occidente por dos vías: el Génesis de Moisés, y por los escritos de los más grandes iniciados, que demostraron su habilidad para mantener el secreto una vez que tuvieron acceso a este conocimiento. Pitágoras, Herón de Alejandría, Platón, Apolonio de Perga, etc.

Los egipcios conocían las unidades físicas, como nuestro metro, pero jamás las aplicaron. Preferían medidas más casuales, como el codo. Comprendieron, como los pitagóricos después, que las medidas reales son sólo unidades abstractas.

A nosotros nos ha costado cientos de años llegar a comprender el mundo de las ideas de Platón, donde tienen existencia la abstracción geométrica de la realidad, como la línea recta real imposible en un Universo en continua expansión.

Sólo desde la abstracción es posible concebir la existencia de ejes de rotación, diámetros imaginarios de circunferencias, diagonales y mediatrices. Esta imposibilidad nos lleva a creer que realmente es imposible adoptar una base comparativa inmutable que sirva de aplicación para todo, puesto que el universo se mueve. Incluso, si la medida es el propio ser humano o cualquier otra referencia tomada como canon.

En estos casos, sería una solución paliativa, no definitiva. De ahí que los egipcios aplicaran a sus templos medidas casuales –posiblemente por imitación a los sumerios y acadios, que la aprendieron de las civilizaciones antediluvianas, muy anteriores a la egipcia-, conscientes de que los muros y cubiertas de un edificio son planos que, al reunirse, delimitan un espacio interior que debía ajustarse al ser humano para hacerse habitable.

La misión del geómetra arquitecto era fundamental. Nada menos que ajustar las medidas del Templo para ser habitado por la divinidad. En el origen de la humanidad, cuando las divinidades eran femeninas e identificadas con la Madre Tierra, el ser humano las localizaba en grutas y cuevas –de las que hemos citado algunas de las más espectaculares-.

Más tarde, cuando la humanidad prefirió adorar a dioses masculinos, levantó piedras puntiagudas de enormes proporciones, denominadas menhires –individuales, alineaciones de diferentes ordenaciones, círculos concéntricos, o como pilares de sustentación de otras piedras adinteladas-. Para volver a las navetas, talayots, taulas y construcciones más complejas, cada vez más parecidas a las pirámides mesopotámicas. 

Pero, si Dios se manifiesta en los cielos, en el aire, en el agua y habita en la tierra, es el dueño de la vida y de la muerte, ¿cómo acotar un espacio material, en mi pueblo, junto a la casa del párroco, y pretender que duerma allí el Creador del Mundo? Si esto fuera posible, ¿cómo construir un espacio así?

Resulta evidente que debió ser una tarea imposible y los grandes iniciados optaron por recurrir a los símbolos para representar en medidas humanas la infinitud de Dios. Un claro ejemplo de este simbolismo es la figura tetraédrica de la pirámide egipcia, síntesis abstracta de un montículo de arena del desierto, siempre cambiante y vencedor de las más terribles tormentas.

Al ser escalonada y acabada en forma puntiaguda, representa al sol –el vértice superior de la pirámide cuadrada de base cuadrangular regular-, siendo las aristas laterales, los rayos benéficos del mismo, que se hunden en la Tierra fecundándola. 

Este conocimiento sagrado pasó al pueblo de Israel a través del Libro del Génesis, escrito por Moisés que, como se recordará, fue educado por los egipcios para convertirse en sumo sacerdote. No hay otro pueblo sobre la faz de la Tierra que haya inventado tantos mitos como el hebreo, experto en asimilar las costumbres de las naciones que han ocupado o bajo las que ha vivido esclavizado.

De todos ellos ha sabido extraer, sintetizar y divulgar primitivas creencias, ancestrales ritos y saberes de iniciación con los que ha conformado una religión ecléctica y sincrética con la que, a lo largo de su larga y obligada trashumancia, ha inoculado también a muchas otras.

Durante mucho tiempo, la geometría sagrada se transmitió encubierta en una disciplina cabalística denominada Gematría que, indirectamente, formaba parte de las enseñanzas esotéricas que el maestro de obra iba mostrando al aprendiz.

En Gematría, al triángulo qquilátero se le asigna la letra Alef (a); al Cuadrado, Mem (m), y al Pentágono, Shin (c). Alef, Mem y Shin son letras-Madre porque originan las restantes letras. Efectivamente, si tomamos los polígonos regulares simples como punto de partida y tratamos de generar polígonos de número de lados múltiplo de los anteriores:

  • Triángulo Equilátero (3 lados) –> Hexágono regular (6 lados = 3 x 2) –> Dodecágono regular (12 lados = 6 x 2 = 3 x 4) –> Polígono de veinticuatro lados (24 lados = 12 x 2 = 6 x 4 = 8 x 3); es decir, todos ellos múltiplos de tres y obtenidos por el duplicado del anterior.
  • Cuadrado (4 lados) –> Octógono regular (8 lados = 4 x 2), consecuencia de duplicar el número de lados del Cuadrado.
  • Pentágono regular (5 lados) –> Decágono regular (10 lados = 5 x 2) –> Polígono regular de veinte lados (20 lados = 10 x 2 = 4 x 5) –> Polígono regular de cuarenta lados (40 lados = 20 x 2 = 10 x 4 = 8 x 5); es decir, todos ellos múltiplos de cinco y obtenidos por duplicado del anterior.

Durante la Edad Media, en la época de las catedrales, románicas y góticas, el maestro de obra, “qui messoribus prærat”, y el “magister muri” optaron por la majestuosidad, por espacios interiores grandiosos, por estructuras parecidas a una nave invertida –la nave de Pedro capaz de surcar el firmamento-, por el primitivo método de poner una piedra sobre otra. En realidad, un pilar sobre otro, que no es lo mismo. 

Lo más apasionante de estas construcciones sagradas que podemos disfrutar de ellas, porque en la arquitectura española hay un itinerario de edificios sagrados con marcados significados esotéricos, labrados por una geometría vital y trascendente, y cuya lectura queda reservada a unos pocos escogidos. Sólo les falta indicar con un cartel, a la entrada, la famosa frase de Platón: «No entre quien no sepa geometría».

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Esoterismo del Ajedrez

In Especulación on 21 mayo, 2014 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 23.3.2014
¿Alguna vez nos hemos parado a pensar sobre el origen y finalidad de muchos de los juegos que entretuvieron nuestra niñez? Aventuras tan extrañas como el Juego de la Oca, que nos obligaba a saltar de una casilla a otra porque aplicábamos la regla del pareado “de oca a oca y tiro porque me toca”; los castigos que sobrevenían al caer a un pozo; pasar varias manos inactivos por estar en la cárcel; o dejarse llevar por la corriente al caer en el casillero de un puente.
® AD ENTERTAINMENTS ||| PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓNMuchos creemos que este juego es esotérico, con mensajes que escapan de nuestra habitual comprensión; siendo el preferido de los maestros canteros, constructores de catedrales, que se veían obligados a viajar de una obra a otra bien porque el cabildo de la catedral se hubiera quedado sin recursos o porque sobrevenía el invierno. Algún día, hablaremos del Juego de la Oca, así como del Tres en raya, la Gallinita ciega, el Dominó, las Damas, o la Rayuela, cuyos orígenes se pierden, como decía el poeta, en la nebulosa del tiempo.
Hoy nos ocuparemos de saber un poco más sobre el Ajedrez, ese maravilloso juego de estrategia creado, según conocemos por la narración de Al-Sefadi referida al rey de Persia que estuvo tan encantado por el juego que prometió regalar al inventor lo que deseara y él se limitó a señalar que “sólo” deseaba un grano de arroz en el primer casillero; dos, en es segundo; cuatro (22), en el tercero; dieciséis (42), en la cuarta; y doblando en las siguientes. De manera que llegado al casillero séptimo, la cifra iba por 4.294.967.296 granos.
No hubo arroz ni en toda Persia, ni en todo Asia para pagar al inventor del ajedrez. ¿Sabéis cuál fue la cifra final: 18.446.744.073.709.551.615 granos de arroz. Es decir, el equivalente a la producción mundial de toda la superficie de la Tierra durante ocho años. Todo en el Ajedrez es prodigioso y misterioso. Algunos maestros orientales empleaban el juego de ajedrez para desvelar la Sabiduría secreta encerrada en sus reglas y en su estructura. En los Puranas, todos los juegos de azar estaban absolutamente prohibidos por Manu. Sólo el ajedrez era enseñado por los brahmanes. Porque, para los kshatriyas, la guerra es una actividad sagrada, una manera de combatir los errores y afirmar las virtudes del Ser. Es también un ritual que permite dominar la realización en el plano presente de manifestación. Lo que se sabe a ciencia cierta es que el Ajedrez es una variante de otro juego de estrategia muchísimo más antiguo, el chaturanga (que significa, “cuatro miembros”), que sirvió para desarrollar el xiangqi, el shōgi o el markuk, y originario de la India septentrional como juego para cuatro jugadores que situaban sus fichas alineadas con las cuatro esquinas del tablero. Tras la conquista del imperio sasánida por el Islam, entre los años 632 y 651, el juego se introdujo en otros continentes.
El que conocemos en nuestros días, se desarrolla sobre un tablero cuadrado, o damero, dividido en 64 cuadrados (8 x 8) del tipo mercurial (Mercurio-Hermes es el iniciador en los misterios) que se relaciona con Hod, la sefirah número ocho del Árbol de la Vida, en la Cabalá judía. Su número mágico es 1, por reducción esotérica [8 x 8 = 64; 64 = 6 + 4 = 10; 10 = 1 + 0 = 1], que se asocia con la vuelta al origen, y en el Tarot con el arcano de La Rueda de la Fortuna, la Rueda de Sâmsara para los budistas, anunciador de un nuevo ciclo, representado por dos animales girando sobre la rueda, uno asciende y otro desciende. El uno es símbolo de la unidad. Para Lao Tsé, “el Tao origina lo Uno, lo Uno original, del que deriva el Yin y el Yang, del que parten todas las cosas”. El I Ching va más lejos añadiendo que ambas energías (positiva y negativa) engendraron las cuatro figuras (szu-hsiang) y estas engendraron los ocho signos. En La Doctrina Secreta de H. P. Blavatsky el ocho es la ogloada, el movimiento eterno y su espiral de los ciclos, simbolizado por el caduceo (que corresponde a Mercurio).
Las piezas se dividen en dos bandos, o ejércitos: los de la luz o devas, las piezas blancas, y los de las tinieblas, o asuras. Para René Guénon, lo blanco es símbolo de lo manifestado o fuente original de toda la gama cromática y corresponde a la tierra; lo negro, es lo no-manifestado, o ausencia de luz, y corresponde al cielo.
Ambos contendientes parten con el mismo armamento: infantería, o peones; caballería, o caballos; carros de combate o torres; alfiles o elefantes); y los mandos o autoridades, el rey y la reina. Hablar de los peones, la infantería de vanguardia, es hablar de piezas susceptibles de sacrificarse (de sacrificio, o sacro oficio), y sus movimientos son limitados. Dentro de la mística del juego, la finalidad del peón es liberarse de la rueda de encarnaciones, o sámsara, y alcanzar el terreno enemigo, al otro lado del tablero, adoptando allí una nueva forma o categoría para regresar a la contienda purificado. El sacrificio del peón es ritual, es como el bodhisattva, o acto de renunciar al nirvana hasta que todos sus semejantes sean liberados.
Los árabes tradujeron por alfil la pieza que representaba al elefante que, en Europa, pasó a llamarse flor, o bufón (Francia); slom, o elefante (Rusia); bishop, u obispo (Inglaterra). Alfonso X El Sabio, en su Libro del Ajedrez, representaba a estas figuras como elefantes que sostenían sobre sus lomos una torre con arquero.
El elefante es el dios Ganesha de la sabiduría, o Krishna en China, y, como hemos visto antes, Hermes o Mercurio en Grecia. Entre los amonios (antiguo pueblo que habitaban en la zona del oasis de Siwa, en el oeste de Egipto) denominaban a un oráculo Alpha, o Alphi, palabra de dios, referido al buey Apis, que pasaron a ser los toros sagrados de Memphis y Heliópolis. Plutarco deriva la palabra buey, por la letra alpha de los fenicios, o el aleph del alefato judio, o la primera letra del abecedario islámico; el elaph, raíz de nuestro actual alfil. El movimiento en L del caballo (dos casilleros en cualquiera de las cuatro direcciones del tablero, y uno a la derecha o izquierda) representa la unidad entre la dualidad de los opuestos, el principio hermético del ritmo. Musicalmente hablando, es un compás de métrica binaria, o de dos tiempos, donde se alternan pulsos fuertes o acentuados y pulsos débiles o átonos, en la cual uno de cada dos pulsos es fuerte. Se relaciona con el dios Poseidón, dios de los caballos, y simboliza el paso de las aguas, el paso de un estado a otro. En los rituales griegos, derivados de los hindúes, el sacrificio de un caballo era habitual, y los iniciados se recubrían con piel de caballo.
La función de la torre es delimitar diversos espacios del tablero puesto que su movimiento ocupa los cuatro vértices del casillero (90º x 4 = 360º). Desde el inicial, ocupando los cuatro vértices del tablero, afianzándolo como cuatro sólidos pilares, como los cuatro límites del mundo. Es el castillo interior del ser, fortaleza mágica capaz de proteger al Rey mediante enroques, o estados de ánimos que lo salvaguarden de los embates externos. Visto de cada lado del tablero, las torres son las dos columnas del templo masónico, representación de las dos columnas del Templo de Salomón, o las dos columnas de Hércules. Simbolizan las dos columnas del Árbol de la Vida Sefirótico, el Rigor y la Gracia, constitutivos de la Creación. Son las puertas de paso en el camino del conocimiento, auténticos pilares de Sabiduría, las construidas por Henoch que sobrevivió al diluvio. Las torres recuerdan al guerrero de la vida la obligación de cultivar las virtudes de la perseverancia, altruismo, moderación, meditación, concentración y compasión, para vencer en su lucha contra el mal.
Primitivamente, la función de la reina era la del consejero, o firzan, por la gran capacidad de movimiento que el asesor poseía. En el siglo XV, se cambia por el único elemento femenino del tablero, como Rey desdoblado en mujer. Si el Rey es la energía de la creación, la fuente de agua pura, desbordante e imperecedera, como Júpiter, progenitor de todos los dioses, amante de la vida y misericordioso Señor del mundo, la reina es la única con capacidad para expandir y transformar ese torrente de fuerza.
El rey es la figura principal, el alma del jugador, que trata de aprender a eludir los peligros de la vida, a enfrentarse a ellos con lealtad, coraje y hasta las últimas consecuencias. Sus cualidades más notables son la paciencia, la experiencia, la soledad y la sabiduría, que le permitirá huir del laberinto de los sentidos que acaba con el jaque-mate a la ilusión; es decir, con el acorralamiento y captura del rey. La corona que ostenta sobre su cabeza es la de Adam Kadmon, el hombre primordial, y tiene forma circular, como el cielo. Simboliza la posesión de la realeza interior que le permite gobernar con orden la voluntad Divina. La raíz simbólica de corona (k-r-n), es la misma que Kronos, cráneo, cuerno o Karn, palabra griega que significa “cima” o “cúspide”. Corresponde a Kether, la Unidad, la sefirah más elevada del Arbol Sefirótico.

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Principios latentes en la piedra

In Geometrías ocultas on 28 marzo, 2014 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez

Platón fue remiso a transmitir algunos de los conocimientos que obtuvo en Crotona, junto a Pitágoras y los pitagóricos, y que el buen observador podrá deducir de un análisis detallado y paciente de las estructuras de los templos de iniciación.

«Si se encuentra alguien para escribir un libro en que pretenda exponer mi doctrina sobre los puntos que más afectan a mi corazón y que crea haberlos aprendido de mí o de algún otro, o haber llegado a ellos por mí mismo, sabed que tal hombre no comprende nada del asunto. Porque no existe ningún escrito mío que trate de estos puntos y no existirá jamás. Porque este conocimiento no es susceptible de transmitirse como una serie de teoremas. Sólo después de largas meditaciones y de una íntima familiaridad con su objeto, es cuando brota la llama, como el incendio que produce el relámpago…, y su luz continúa sin que ya necesite de alimento exterior»

Muchos hechos están gobernados por pocas leyes. Este pequeño grupo de leyes estaría regido, a su vez, por siete principios o causas primeras de los hechos cotidianos. El mecanismo del universo, por tanto, funciona como una tríada formada por principios, leyes y hechos; cuyo símbolo es un triángulo equilátero femenino, cuyo vértice superior son los principios y, los vértices del lado de la base, las leyes y los hechos. Platón advertía de la simpleza de esta Verdad.

«El que ha captado una vez esta enseñanza, no corre peligro de olvidarla. Por lo demás, se trata de algunas fórmulas muy breves… Sólo unos pocos hombres las conocen»

Principio de mentalismo

Conservado en una máxima que actúa como regla mnemotécnica. Es muy conocida, aunque muy pocos escogidos conocen el modo como aplicarla a sus quehaceres cotidianos y, sobre todo, al trabajo interior. 

Todo es mente, el universo es mental

El mundo es una fantasía creada por nuestra mente. Sólo las ideas son reales. Los seres y objetos que nos rodean son meras entelequias, fantasmas que nuestra mente crea y mueve, meras apariencias… La Física, consciente de este hecho, ha desarrollado una teoría para conocer el estado de un sistema en su estado instantáneo, o cuántico; es decir, en el instante en que permanece quieto. De este modo, se podrá codificar la distribución de probabilidad de todas las propiedades medibles, u observables de la misma. Sin embargo, David Joseph Bohm, profesor de física teórica en la Birbeck College de Londres, creía que existen variables ocultas que no nos son accesibles. 

«Existen planos de realidad a los que únicamente podemos acceder mediante estados místicos, de éxtasis o estados modificados de conciencia»

El Templo no se habita, se vive; no se percibe, se siente en lo más profundo de nuestro ser. Como lugar de meditación, de recogimiento y trascendencia emocional, es el único medio de que dispone el ser humano inquieto para constatar con esta realidad interior, llegar a su verdadera esencia y avanzar en su reconocimiento. Muchos de los ritos y ceremonias que se desarrollan dentro del recinto van encaminadas a este despertar de las fuerzas y sentidos interiores. Nosotros lo llamamos iniciación pero es mucho más que ese drama psicológico, más que un mero cambio de nuestros puntos de vista.

Principio de vibración, de movimiento

El movimiento explicaría las diferencias entre lo que denominamos materia (como soporte inanimado), energía (fuerza o voluntad que impulsa el movimiento) o espíritu (resultado de la aplicación de la fuerza sobre la materia, el rastro del suceso, acción, fenómeno). De ahí que el principio rece así:

Nada está quieto, todo se mueve, todo vibra

Si todo es mental (por el principio anterior) y, además, son el producto de movimientos a niveles moleculares, el mundo es ahora más fantasía que nunca, al ser fenomenológico. 

La Creación se produjo mediante el Verbo, según el Génesis, pero, ¿cómo? La voz, la palabra, es la materialización inmediata y explosiva de un pensamiento-idea. Es inmediata porque los mecanismos mentales están acostumbrados a esta “traducción simultánea”, y es explosiva porque irrumpe en el aire como un choque y hace vibrar las partículas del mismo, en un simple cambio oscilatorio, que produce un torbellino que, después, el tímpano es capaz de recoger. Cuando la Voz divina irrumpió sobre la masa galáctica, plasma ionizado pre-gaseoso según los físicos, la nada informe del universo según los exégetas, produjo un cambio de presión, o densidad, tan increíble que hizo brotar de ella los planetas. Dios sólo tuvo que poner orden en el caos posterior, establecer el principio del orden mediante geometría. 

Todo conocimiento tiene un lado esotérico, oculto, que se rescata cuando los fieles reunidos rezan en alto, entonan cantos de una sonoridad increíble capaces de vibrar los cimientos del edificio, cuando el órgano entona los primeros compases y resuenan en la oquedad de un espacio destinado a potenciarlos, cuando el coro de voces angelicales entona el “Mea culpa” o alaba al altísimo con esos agudos tan altos que llegan hasta la superficie cóncava de la cúpula iluminada por el resplandor divino y vuelven numinosos a violentar nuestras almas. Transmitido por la voz, la energía vibratoria inunda todo el espacio del Templo y le llega a los fieles como un campo de fuerza que interpreta como el Verbo divino que recrea nuestro interior.

La sonoridad, el eco de sus muros, el sonido envolvente que se funde en la penumbra creadora de un espacio que no dominamos…; no necesitamos más pruebas que demuestren este principio.

Y, puesto que todo está en permanente cambio, en un devenir, el Templo es el recinto donde los cambios pueden y deben ser para mejorar el interior del ser humano. 

«Los verdaderamente sabios, conociendo la naturaleza del universo, usan la ley contra las leyes; lo superior contra lo inferior; y por el arte de la alquimia transmutan lo que es indeseable en lo que es apreciable, y así triunfan. La maestría no consiste en sueños anormales, visiones, e imaginaciones o vivencias fantásticas, sino en usar las fuerzas superiores contra las inferiores, escapando a los sufrimientos de los planos inferiores vibrando en los superiores. La transmutación, no la negación presuntuosa, es el arma del maestro.» El Kybalion

Principio de correspondencia

Es el más conocido y, quizás, el peor comprendido. Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba, todo está en todo

Que implicaría una correspondencia entre los diferentes planos de manifestación: Físico, mental y espiritual. Tres grados ascendentes que, partiendo del microcosmos, representado por el ser humano, acaba en el macrocosmos, el universo cósmico de los fenómenos elevados al que tiende.

En el Templo, estos tres planos están perfectamente delimitados: En el Nártex o vestíbulo, se realiza la preparación física y psicológica del neófito; y desde él, se baja a la cripta, donde se representará el drama de la muerte física. Los diferentes tramos de las naves del templo medieval, el Hekhal hebreo o la sala Hipóstila egipcia, lugar para el adiestramiento mental del iniciado. Los diferentes grados en la maestría se representaría obligando al candidato a permanecer en determinadas zonas, iniciales o finales, de este tránsito. Finalmente, el plano espiritual se localiza en el crucero o en el sagrario, como sanctasantórum. La muerte espiritual para resucitar en estado de gracia, se representará en la linterna, a la que hay que subir para acceder a la misma. Por tanto, el Templo está perfectamente equipado para que en él se den hasta tres tipos de iniciaciones: Trascendencia del plano físico, que se realiza superando las limitaciones de los sentidos externos y asumiendo el principio de mentalidad. La iniciación mental, permite desarrollar los sentidos internos; de ahí que en muchas disciplinas iniciáticas, el iniciado permanezca todo el tiempo con los ojos tapados o en recintos a oscuras, a fin de apagar los sentidos externos y potenciar los internos. La última iniciación, o Iniciación Mayor, es la espiritual, o Piedra Filosofal, a la que se llega a través de muertes sugeridas, y trances emocionales.

Principio de Polaridad

Expresado del siguiente modo: 

Todo es dual, tiene dos polos Todo tiene su opuesto. Los extremos se tocan. Todas las verdades son semi-verdades. Todas las paradojas pueden reconsiderarse, puesto que son grados de una misma verdad

El calor y el frío son relativos, se reducen a una cuestión de grados. El arriba o el abajo, o la izquierda y la derecha, dependen del punto de vista. 

En el Templo, este principio de polaridad se agudiza con la simetría axial acusada que manifiestan. Todos los objetos son dobles, tienen su simétrico, el eje, el medio, es el plano donde el principio se anula y la “realidad” se evidencia. Pasar de la luz a la sombra, del izquierdo al derecho, del odio al amor, no es un acto de transmutación, un cambio en la esencia; bastará variar el grado, la posición o el punto de vista.

Por otro lado, la dualidad polar de los templos explicaría la existencia de dos corrientes de pensamiento: El lado izquierdo, la del conocimiento racional, representados por los cainitas; el lado derecho, para los abelitas, los del rezo y la misericordia divina. Ambos, unidos por el pacto de Salomón, representante de los abelitas, con Hiram Abitt, descendiente cainita, para construir la morada de Dios.

Los masones reclaman como parte de su historia legendaria, algunos sucesos míticos que sucedieron, según se cree, durante la construcción del templo de Salomón. El Templo de Salomón, en este sentido, se alzaría como una alianza de estas dos corrientes, el pacto firmado de una cooperación iniciada entonces tendente a la búsqueda de la Verdad y su transmisión a la Humanidad. Los templos medievales confirmaron esta intención de alianza y potenciaron esta cooperación con la corriente espiritual de entonces: El cristianismo; aunque conservando las vías esotéricas de conocimiento, en vista de la persecución que inició la Iglesia, reacia a cualquier pacto.

• Principio de compensación, o de ritmo

Todo fluye afuera y adentro; todo tiene sus mareas; todas las cosas se elevan y caen; la oscilación del péndulo se manifiesta en todo; la medida de la oscilación hacia la derecha es la medida de la oscilación hacia la izquierda; el ritmo compensa

Fluir y refluir, avanzar y retroceder, ascender y descender; a cada acción le sigue una reacción, a la vida le sucede la muerte, y viceversa. Sin embargo, los sabios descubrieron que el principio de compensación cumplía su mismo principio. Comprobaron la existencia de dos planos mentales: Uno, inferior, inconsciente, donde imperaba la ley de compensación; otro, superior o consciente, regido por la ley de neutralización. El péndulo rítmico no afectaba a la conciencia. 

El iniciado, ubicado en el lugar idóneo del Templo, es capaz de escapar de las oscilaciones del péndulo rítmico, al elevar su conciencia hasta los planos emocionales y espirituales. En ese estado de gracia y felicidad infinita, el espacio y el tiempo se condensan en la bruma angelical donde son posibles los fenómenos trascendentes y el Macrocosmos se manifiesta como una inundación interior que lo desborda.

Principio de Concepción

Si el Templo representa, como hemos dicho, una alianza entre dos corrientes de pensamiento, cainita y abelita, no deja de ser representativo la manera como se manifiesta el género en estos recintos sagrados.

El género está en todo; es el principio activo (masculino) y pasivo (femenino)

Los gnósticos, una corriente de pensamiento más próxima a los cainitas, pensaban que ciertos atributos, como Sabiduría, Silencio, Verdad, Pensamiento, Fe, Gracia, eran femeninos y Dios los posee desde antes de la Creación. El primer Adán era andrógino porque fue creado a imagen y semejanza del Creador. La costilla de la que derivó Eva simboliza el atributo femenino extraído de Adán. 

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Geometría de algunos números

In Especulación on 21 marzo, 2014 by alvarengomez

© álvaro Rendón Gómez

Porcuna Digital 2.11.2013

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La Geometría, como los números, posee la capacidad de expresar toda la complejidad de los símbolos, de transcribir gráficamente su quintaesencia y valores abstractos. Sería difícil exteriorizarlos de otro modo.

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Su poder de abstracción de lo cotidiano, de despertar fuerzas ocultas e inexplicables, de evocar conocimientos esotéricos que ignoramos conocer por hallarse olvidados en el subconsciente de nuestro primer despertar, y, lo mejor, de decirlo bajo claves que lo convierten en algo inútil al profano, la hacen ser el vehículo idóneo de transmisión de ideas sempiternas.

«¿Acaso no sabéis que los geómetras utilizan las formas visibles y hablan de ellas, aunque no se trata de ellas sino de esas cosas de las que son un reflejo y estudian el cuadrado en sí y la diagonal en sí, y no la imagen de ellos que dibujan? Y así sucesivamente en todos los casos. Lo que realmente buscan es poder vislumbrar esas realidades que sólo pueden ser contempladas por la mente».

Platón, La República, VII

El número, como explicación cuantitativa del concepto abstracto de medida y longitud que transmite la Geometría, permite ahondar en conceptos que, por su amplitud y profundidad, nos despistaría. Así el triángulo equilátero, como figura regular de menor número de lados, es indeformable; cuando se une a otros muchos triángulos teje una red triangular que llamamos “isométrica”; además de estructuras sólidas y estables.

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También puede crecer numéricamente; al igual que las demás figuras geométricas, originando números poligonales [ilustración XX]. El menor de todos los presentes es el número triangular, que adopta la forma:

1, 3, 6, 10, 15… [n · (n – 1)/2]

Si se suman los cuatro primeros números de la serie natural, la suma será 10, que es el número de Dios, pues lo integran el uno (1) y el cero (0). Dios es la Unidad primordial, la mónada primera, origen de todo el orden cósmico. Simbólicamente, es el punto de partida de todos los números, implícito como substrato a lo largo de toda la serie numérica, latente tras la aparente multiplicidad de los seres y las cosas:

1 + 1 = 2; 2 + 1 = 3; 3 + 1 = 4; … [(n + 1) = N]

Es decir, cada número natural resulta de sumarle la unidad al anterior; de tal modo, que todos son susceptibles de quedar reducidos a dicha unidad. El cero (0), en cambio, es la nada. En la suma de la Tetraktis pitagórica menor [1 + 2 + 3 + 4 = 10], el 10 es la decena y simboliza el número de la clausura, fin de ciclo: A partir de él, la posición de la nada, el cero (0), multiplica por diez el valor del número situado a su izquierda. La diferencia entre 01 y 10, está en la posición del cero.

El cero a la izquierda no da valor a la unidad; explica la procedencia de lo creado, representado por la unidad, por la mónada. Situado a la derecha, en cambio, el cero indica todos los números anteriores derivados de la misma unidad [(1), (1+1), (1+1+1), (1+1+1+1)…]; es decir, todo lo comprendido en la unidad (1). El cero (0) a la izquierda es el vacío del todo y, situado a la derecha, la Década o la suma de todo el ciclo, el Cosmos.

La suma de los siete primeros números es 28 [1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7 = 28], que corresponde al plano de la Creación y oculta al Creador en el que se siente reflejado; de ahí que se pueda acceder al conocimiento de la grandiosidad del Creador estudiando los seres y objetos de la creación. Desde un punto de vista cabalístico el 10 y el 28 significan lo mismo; puesto que,

[28 => 2 + 8 = 10]

Si 28 es la suma de los siete primeros números, el número 7 simboliza el reencuentro, en el plano de la Creación, de la Unidad inmutable que es origen y síntesis de aquella. Es, de igual modo, el número de la formación, invitándonos a distinguir entre la forma aparente de la creación y lo que representa, entre la apariencia formal y el significado que velan.

La suma de los ocho primeros números es la Tetraktis pitagórica mayor:

1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7 + 8 = 36

Sumados entre sí : 9

3 + 6 = 9

Reducidos esotéricamente (es decir, utilizando base 9; es decir, que a las sucesivas sumas se les va restando 9 hasta que ya no sea posible)

9 => 0

De este modo tan sencillo, podemos ir sumando los nueve primeros, e igualmente los diez. La primera suma daría 45, que sumados sus dígitos, curiosamente, sumará 9. Por la reducción esotérica (de base 9) el resultado finalmente sería 0 (cero). La segunda suma, 55, sumarán sus dígitos entre si, 10; que reducidos esotéricamente, el resultado es 1 (uno), la Mónada.

El lector podrá combinar todos los conceptos vertidos y curiosear por los números. Será una curiosa experiencia.

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Masonería y número

In Especulación on 21 marzo, 2014 by alvarengomez

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 7-12-2013

 

La Masonería es una institución iniciática. Lo fue en su primera etapa operativa y lo sigue siendo en su actual momento especulativo. Durante el trabajo de la Obra, en cada iniciación el masón recibe los conocimientos y herramientas necesarios para superar los retos y avatares de su naturaleza cambiante; ilustrando los diferentes cambios en su estado y viviendo lo oculto que se esconde en el interior de cada individuo.

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Este proceso de búsqueda evolutiva no culmina al alcanzar el grado de Maestro. En la atalaya que ese estado de gracia le permite, observa desde otra óptica el sendero que ha de seguir. Como ser imperfecto ha alcanzado un punto sin retorno, sabe utilizar con propiedad las herramientas del libre albedrío, conoce dónde está el bien y cuando se convierte en mal, y puede elegir entre la virtud y el vicio, entre avanzar o retroceder, entre mostrarse tal cual es o seguir con la máscara que disfraza su verdadero yo interno.

Cada masón pule su piedra bruta, su personalidad, mediante el estudio de los símbolos masónicos; en una disciplina hermética donde misterio y ritual son claves para acercarse a la verdad. Una verdad, por otro lado, vivencial y revelada a cada individuo durante la soledad introspectiva, al alcanzar el momento dramático y trascendente donde la cera que ciega los ojos de su interior, se funde y cae.

Durante la iniciación el neófito ve la luz al final del túnel, comprende la arista que ha de tallar, la forma final que adoptará la piedra; consciente de que la Perfección está en el oriente, de que la luz cegadora únicamente la posee el Gran Arquitecto del Universo (G.A.D.U.).

Números y conocimiento

El significado profundo del uno se reserva a estadios superiores del aprendizaje esotérico. Entraña tal trascedencia que su transmisión oral se reserva a los iniciados superiores, a los que han logrado desarrollar ciertas habilidades introspectivas. Para muchos masones, el uno es la letra “G”, y su amplia gama de significados.

En griego, gé significa engendradora, madre. Es la primera letra de Geometría, Generación, Genio, Gnosis, Gravitación o Gracia. Palabras, todas ellas, que recogen los símbolos más secretos de la Masonería, omnipresentes en el G.A.D.U.

Será a través del estudio de la Geometría, de las medidas de la naturaleza y de sus principios, como se manifiesta la creación. La Geometría actuaría, así, como el orden en que la Mater Genitrix, la Diva-Mater, equivalentes a Demeter (de-mater), genera y conserva la vida.

La dualidad

El dos es la suma de lo uno consigo mismo y encierra el germen de la Creación. Todo procede del Uno a través del Dos. No es su antítesis, su contrario dual. El dos tiene entidad propia, es uno y uno, en idénticos valores. Es Géminis, los Gemelos, las identidades que no se suman pero interactúan: Dios y el Verbo, durante la Creación del Universo. El Verbo es Dios, y la creación es la Tríada, creada mediante un acto de interacción introspectiva.

«Él formó del Tohu (vacío) algo e hizo de lo que no existía algo que sí existe. Talló grandes columnas del éter inaprehensible. Él reflexionó, y la Palabra (Memra) produjo todo objeto y todas las cosas por su Nombre uno». (Sepher Yetsiráh, IV, 5)

Tres ventanas

En el grado de Compañero, el aprendiz dispone de tres ventanas abiertas a oriente, occidente y mediodía; y su aprendizaje dependerá de sí mismo. La luz de la ventana de oriente representa el conocimiento metafísico, necesario para comprender y asimilar los principios y leyes que lo gobiernan, cuyo fundamento geométrico debe dominar.

La luz de la ventana de oriente simbolizaría a la ciencia adquirida por la experiencia y el conocimiento de lo externo de los seres y objetos de la Naturaleza. Finalmente, la luz de la ventana de mediodía, simbolizaría la luz que emana del interior imprescindible para diferenciar los conocimientos que entran por cualquiera de las dos ventanas anteriores.

Cuatro velos

Durante la primera iniciación, el neófito atraviesa cuatro velos disponiendo de tan sólo tres modos de conciencia: Conocer; Sentir; Obrar. El color del primer velo es azul, que exotéricamente es el color de la amistad. Esotéricamente es el color espiritual. Es el color de la verdad eterna, el símbolo de inmortalidad. En hebreo es “teklet” derivado de la raíz que significa “perfección”. El emblema es el águila, el que se desarrolló del escorpión del Egipto, uno de los signos fijos del zodíaco, un signo acuoso. La tribu de Israel que corresponde al primer velo es Dan, de la que Jacob dijo:

«Dan juzgará a su pueblo, como una de las tribus de Israel. Dan será una serpiente en el camino, una culebra en el sendero, que muerde el talón del caballo, de tal manera que su jinete se caerá de él». (Génesis 49: 16)

El color del segundo velo es púrpura, combinación de azul y rojo, y color de la realeza. En la antigüedad, la púrpura se reservaba para las vestiduras de los reyes. Durante el ritual del Arco Real se denomina el color de la unión1. El emblema es Acuarius y la tribu de Israel, Rubén, de quién Jacob dijo: «Tú eres mi hijo primogénito, mi autoridad y el inicio de mi fuerza, la excelencia de la dignidad y 1a excelencia del poder: “Inestable como el agua”, tú no te distinguirás». (Génesis 49: 3)

El color del tercer velo es escarlata, emblemático para las emociones. Hace referencia al cuerpo emocional o del deseo, el tercero en la escala ascendente de los cuatro cuerpos del hombre. La simbología se refiere tanto a lo mental como a lo emocional del ser humano. El emblema es el Toro2, y el signo astrológico Taurus. La tribu de Israel que le corresponde es la de Efraim, de la que Jacob dijo: «Mira, yo haré que seas fecundo y que te multipliques; haré de ti una asamblea de pueblos, y daré esta tierra a tu posteridad en propiedad eterna». (Génesis 48: 4)

El color del cuarto velo es blanco, símbolo de pureza e inocencia. El emblema es el león, uno de los signos fijos del zodíaco. Leo es un signo del sol; de modo que, en muchas representaciones, el sol se asemeja a un león con las melenas extendidas a alrededor de la circunferencia, como si fueran irradiadas.

La tribu de Israel que le corresponde es la de Judah, de quién Jacob dijo: «A ti, Judah, te alabarán tus hermanos, pondrás tu mano en la cerviz de tus enemigos, se inclinarán ante ti los hijos de tu padre. Como cachorro de león, Judah, te has levantado, hijo mío, de la presa. Se ha agachado, se ha agazapado como un león y como una leona, ¿quién lo hará levantar? No se retirará de Judah el cetro, ni la bengala de entre sus pies, hasta que venga Aquél cuyo es el mando y a quién deben obediencia los pueblos. A la vid ata su jumentillo y a la cepa el pollino de su asna; lava en vino su vestido y en sangre de uvas su manto».(Génesis 49: 18)

Cinco viajes

Antiguamente, cuando el aspirante a ingresar en la Hermandad era aceptado, se le asignaba un Maestro Instructor que le enseñaba las reglas del oficio, y los deberes y derechos que adquiría al convertirse en compañero de la Camaradería. A cambio, se comprometía a servirle por cierto número de años. Después, cuando se convertía en compañero y adquiría las habilidades del oficio, viajaba por diversas obras a fin de perfeccionar el arte. Cuando creía hallarse preparado para adquirir el grado de maestro, se sometía a un examen teórico-práctico que, generalmente, acababa en una iniciación.

Actualmente, la instrucción se realiza en la Cámara del Aprendiz para que todos los hermanos se percaten de sus progresos. Una vez superada la prueba de grado se le someterá a cinco viajes simbólicos; consistentes en un paseo que se inicia en el norte y continúa en el oeste, para acabar en el este.

Como ocurría en la antigüedad para probar al mysto, recién convertido en epopto o vidente, que está capacitado para seguir el resto de la instrucción por sus propios esfuerzos y bajo la guía de su propia luz Interior, en cada uno de esos puntos se le hará entrega de un instrumento. Así, el primer viaje, iniciado en occidente y acabado en el norte, el aprendiz lleva el mallete y el cincel, con los que ollar y pulir la piedra irregular.

En el segundo viaje, con la finalidad de que actúe en armonía y equilibrio, se le entrega la escuadra y el compás; imprescindibles para medir y trazar círculos. Durante el tercer viaje, se le muestran la regla de 24 pulgadas y la palanca. Utilizará la primera para medir y ordenar las actividades. La segunda le servirá para desarrollar fuerza con un mínimo de esfuerzo; para ello, deberá emplearla con ambas manos a la vez, coordinando y equilibrando lo activo y lo pasivo que hay en él, añadiendo voluntad y pensamiento.

Es decir, armonizando las capacidades de potencia, resistencia y punto de apoyo. El viaje comienza en el este y acaba en las proximidades del Segundo vigilante. En el cuarto viaje, provisto de regla de 24 pulgadas y escuadra, que simboliza la Tau egipcia, la empleará para verificar la rectitud de los ángulos triédricos de la piedra y así adaptarla al trabajo del edifico en conjunto.

Inicia su viaje en el norte, próximo al Segundo vigilante, y acaba en el sur, próximo al Primer vigilante que le pedirá el signo y la palabra de pase. Si supera la prueba, iniciará el quinto y último viaje, denominado de retrogradación, consistente en una revisión, o reflexión en voz alta, de todas las actividades realizadas en los viajes anteriores, para que los examinadores tasen los esfuerzos y currículos del candidato.

Este repaso se realiza en este quinto viaje porque el cinco simboliza la caída del hombre, la involución del espíritu, la caída del yo en los lazos de la espiritualidad. Se inicia en la columna del norte y acaba en la del sur; es decir, siguiendo la altura de la escuadra que configuran los recorridos de los anteriores viajes.

Seis caras del Cubo

Es la auténtica piedra filosofal del masón, la representación de la Gran Obra masónica es el hexaedro regular o cubo, una figura geométrica compuesta por seis caras regulares, cuadrados, y ocho ángulos triédricos. En contraste con la tosca piedra vulgar, amorfa y sin tallar, el pilar cúbico representa al Maestro masón y, como él, está preparado para cumplir la función que el edificio social le demande.

Ideal de la perfección humana, el cubo representa las tres dimensiones físicas del espacio: Longitud, Anchura y Profundidad; que el masón interpreta como deberes que ordenan y rigen sus quehaceres, tanto mundanos como espirituales; que mide y organiza empleando la regla de 24 pulgadas, dedicando ocho horas para cada una de estas dimensiones espirituales, que cumplirá con rigor y justicia equitativa.

Llenará de trabajo y obligaciones las ocho horas de la longitud; de descanso y elevación individual e intima la dimensión de anchura; y, por último, empleará las ocho horas de la dimensión de profundidad para alimentar el cuerpo y el espíritu.

No es una casualidad que el desarrollo plano del hexaedro regular resulte una cruz latina compuesta por seis cuadrados que señalan dos direcciones planas (dirección vertical, con los sentidos norte-sur; y dirección horizontal con los sentidos este-oeste); las verticales vienen indicadas por cuatro cuadrados, y las dos horizontales, por tres.

De modo que, el cuadrado que sirve de unión a la verticalidad y a la horizontalidad, es común y superpuesto a ambas direcciones bipolares, correspondiendo al plexo solar, los pulmones y el corazón, cuando simboliza al microcosmos humano.

Siete dimensiones del espacio constructivo

El Santo Palacio o el Palacio Interior, en el Sepher Yetsirah, es el Centro del Mundo y está en el centro de las seis direcciones espaciales; es decir, las que establecen los cuatro puntos cardinales más los dos sentidos de la verticalidad, el arriba y el abajo.

Estas siete dimensiones componen el Septenario, insertado en el nombre divino, Jehová, representado por las cuatro letras iod [iey], hé [h], vau [a], hé [h], hyha; de las cuales, tres son distintas y una se repite, la hé [h]. Esta letra repetida sería el séptimo elemento, el centro alrededor del que giran las otras seis; y simbolizaría la inmanencia de Dios en el Mundo, la manifestación del Verbo Creador, el punto primordial del cual las extensiones indefinidas no son más que la expansión o el desarrollo.

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